La sexualidad una y otra vez ha sido usada como un modo de control social, de normalización, de represión.
Es también una fuerza vital y creativa que intenta escapar a toda estructura fija, que se rebela y transgrede y se reinventa
La sexualidad es una realidad compleja y viva en la que convive lo biológico, lo sociocultural, lo psicológico, lo reproductivo, lo erótico, lo afectivo, lo relacional. Y al estar viva es dinámica, es decir, se mueve, cambia, se transforma.
Lo que nos parecía más estable no lo es.
Creímos que podíamos sostenernos en lo biológico como algo que sería nos equivocamos. Hoy sabemos que aun eso está impregnado de ideología y política, que nuestro cuerpo es también algo cocreado, modelado, fabricado, impuesto por el poder.
Limitar la sexualidad a términos biológicos nos impide apreciar la complejidad y posibilidades que engloba a nivel intra e interpersonal... pues los individuos no existen solos, cada uno es un ser-en-el-mundo. La sexualidad es, también, un reflejo de nuestra sociedad y nuestro modo de vincularnos.
"La sexualidad es una realidad compleja y viva en la que convive lo biológico, lo sociocultural, lo psicológico, lo reproductivo, lo erótico, lo afectivo, lo relacional. Y al estar viva es dinámica, es decir, se mueve, cambia, se transforma. [...] Es también una fuerza vital y creativa que intenta escapar a toda estructura fija, que se rebela y transgrede y se reinventa".
La interpretación "tradicional" es cuestionada por las nuevas generaciones, quienes reclaman su derecho a vivir su sexualidad de un modo distinto. Alzan la voz y dan visibilidad a alternativas que contrastan con la antigua visión. El autor propone mirar con curiosidad y no sólo con crítica, tratando de conocer y comprender los cambios que surgen, independientemente de si el lector desea o no explorar estas nuevas formas de relación e identidades sexuales.
Nos invita, asimismo, a elegir "qué de este mundo es suficientemente valioso y digno y bello para llevarlo con nosotros a ese mundo nuevo que empieza a vislumbrarse". Lo anterior es clave para una educación sexual ética que fomente la consciencia de que nuestros actos cocrean la realidad que vivimos: lo que hacemos o dejamos de hacer afecta y toca al otro, como nos afecta y nos toca lo que el otro hace o deja de hacer. Quienes participamos en la sexualidad somos seres humanos y merecemos ser tratados como tales: "Cuando ante mí hay un otro, una otra, y soy capaz de verlo, no puedo usarlo como un objeto, no puedo exhibirlo como un trofeo, no puedo acumularlo como un objeto de colección, no puedo consumirlo como golosina, no puedo desecharlo como basura".
Independientemente de la forma en que elijamos ejercer nuestra sexualidad, ésta puede ser ética. Frente a nosotros hay un otro, diferente y semejante. Ir a su encuentro mirándolo, validándolo, respetando su integridad.