En esta antología hay catorce historias, diversas, que preguntan lo que es perderse realmente, cuentan cuándo los libros pueden matarte, hablan de lo que está tras una vieja del saco, de las masculinidades del fútbol, las muertes y la dependencia, un primo que visita al paso, una animita que sirve para sobrevivir, un labio y una traición, el fútbol otra vez como hermandad, la provincia en gris, la médica hija de hippies, los que se preparan para matar a un poeta, tantas historias y tantas maneras de contarlas. Catorce maneras de escribir, catorce imaginarios en juego, que solo pueden mostrarnos lo que está tras aquello que creemos ver: no hay exitismos baratos en estos textos, sino el doblez de un país donde todos insisten en no mirar el reverso. Pero es ese reverso lo que articula y construye el tejido de lo que verdaderamente somos.
Haciendo caso omiso del cuento de mi autoría que fue seleccionado para esta antología (porque no podría juzgarlo sin caer en un sesgo inevitable, para bien o para mal), el grupo de narraciones aquí reunidas —como un todo manifiesto— me ha resultado de un deleite que me tomó por sorpresa absoluta, lo confieso. Hacía mucho que no leía historias que no fuesen de corte cienciaficcionario, así que me asomé casi como lector forastero, quizá dudoso cuando no temeroso. Tal vez ha sido circunstancial: leer cuando acaba el año y han pasado ya los vientos (convenciones y mundiales de por medio), sospecho, sensibiliza ciertos paisajes mentales. Con Relatos de la calle me dejé llevar por una prosa que fluía como riachuelo armónico y agradable. Me sentí cobijado y conmovido, sentado al fin frente a una geografía que por momentos se me difumina, se me pierde. Fue gratificante leer estas historias, esos "reversos" que menciona su contratapa, una localidad que a veces pareciera uno buscar sin saberlo. En suma, fue una de esas lecturas que gratifican el espíritu. Si fue el momento específico en que lo leí, no lo sé, pero en la duda subyace la certeza.
La apertura del libro con el relato "Mariposas blancas" de Aileen Pinto me pareció precisa: à la Guillermo-del-Toro en la pobreza que genera milagros ambiguos; y la continuación mediante "La criatura que emergió del río", que desgarra y enternece al mismo tiempo, cementa lo que se propone este compendio. Vivencias del margen. "La pichanga del marica", de Cristián Pino, me puso los pelos de punta y me aguó los ojos —a quién engaño si digo que no—, del mismo modo en que "Pedazos de un cuerpo reventado" me hizo sufrir y rasguñar la frustración de aquellos individuos que viven atrapados en infiernos donde no hay fantasma que ahuyente o asuste, porque lo mundano basta... y excede. Salto a destacar el relato "Un minuto en la vida", que me secuestró en tiempos de discusiones sobre la identidad chileno-argentina, sobre los matices de lo que implican las hermandades intangibles: el cuento me dio, por lo menos, una de las respuestas posibles, y vaya que lo hizo de manera humana y potente. De este cuento sí que me voy a acordar, no tengo dudas. Y, a modo de cierre, el dueto "Bótox" y "Matar a Parra" me devolvieron al frenesí cercano, a esa locura tan propia —quizás— de nuestra tierra enjuta. Como comencé diciendo, disfruté al punto de la sorpresa esta lectura antológica. ¿Será diciembre el responsable? Vaya uno a saber. Tal vez los relatos de la calle palpitan al último mes, desde sus propios márgenes y periferias.
Una antología que recomiendo plenamente. (Y solo diré que mi cuento no es el único de ciencia ficción, en el amplio sentido —vamos— de la palabra). Gran libro.
Estaba algo reticente de escribir sobre este libro, pues contiene uno de mis cuentos, y le tengo cierto pudor a la auto referencia. Pero después de leer el libro completo, pues, me parece que amerita un comentario, aunque omitiré referencias a mi propio texto.
Las temáticas principales de este volumen incluyen: marginalidad, pobreza, infancia y nostalgia (Mariposas Blancas; Los yuyos de María) pero también situaciones bizarras y otras que llevan el lenguaje directamente hacia lo feo (Incontenible; Pedazos de un cuerpo reventado); lo asqueroso, incluso (El Teebo), además de cuentos limítrofes que desarticulan el cronotopo de la población en la dictadura o la postdictadura y lo insertan en un ambiente cienciaficcional, lo que resulta en un sincretismo muy rendidor y no demasiado explorado en nuestras letras (Un Barrio Flotante; Los Colores en la Pipa de Magritte; La Criatura que emergió del rio).
Más allá de la cuestión temática, escogida con pinzas por Emilio y Pablo, los editores de @santiagoander, hay una actitud que permea todo el libro, que de buenas a primeras definiría como «Punk», cuestión que le da una consistencia al libro completo, precisamente por ese atrevimiento de ir más allá de la fórmula que elabora en la primera mitad, y cerrar con un cuento muy al estilo de Bolaño (Matar a Parra) y que viene ser como estar escuchando la Polla Records para terminar con Fun People.