3,5/5
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Leído en marzo de 2023 y pendiente de reseñar.
Me decidí a leer esta novela tras comentar sobre ella con su autor, Mauro Barea. Con esta novela, ganó una de las dos menciones honoríficas otorgadas en el certamen correspondiente a la 19 edición del Premio Internacional de Narrativa “Ignacio Manuel Altamirano”, convocado por la Universidad Autónoma del Estado de México en 2022. Llama la atención inmediatamente el título: Kolymá. Será el propio protagonista el que nos explica la razón de su importancia:
Los sueños me hablaban de una carretera llena de huesos. Investigué y lo primero que salió en internet fue Kolymá. Y desde que leí de lo que se trataba, me entró curiosidad, pero luego la curiosidad me llevó a preguntarme muchas cosas. Sobre mi vida y sobre lo que haré de ahora en adelante. Creo que es uno de los sitios del planeta donde puedes ponerte a pensar… (Alan).
La obra narra las vicisitudes que llevan al protagonista (Alan) a encontrarse en un coche sentado en la carretera de los huesos de Kolymá, con su amigo Luis apuntándole a la sien con una Beretta, que es justamente donde arranca la novela.
Quizá era la tranquilidad que da el cementerio, un inmenso cementerio que recorrían desde ayer, el kilométrico camposanto de Kolymá, en la Siberia profunda.
Y es efectivamente, desde este momento y lugar, donde mediante flashbacks, el autor va desgranando las relaciones de Alan con el resto de personajes y, muy en particular por su trascendencia en el desarrollo de la trama, con Gloria, los sentimientos de encandilamiento y despecho que le genera y las actuaciones a que estos dan lugar. También se nos narran las aventuras comerciales y financieras del protagonista, así como las consecuencias que estas generan en otros personajes también importantes en la trama. Evidentemente, no abundaré más en este punto para no incurrir en spoilers.
De regreso a casa, Alan aún saboreaba los acontecimientos recientes con el estómago cosquilleándole sin parar. La exactitud, la materia del universo actuando sincrónica, haciendo rebotes, carambolas y cabriolas destruyéndolo todo menos a él. Había sentido la onda expansiva que se detenía justo a sus pies.
Desde mi punto de vista, la novela adolece de que el desarrollo y el propio lenguaje están muy aferrados al lugar donde se desarrolla (Tamul, México), lo que ha hecho que en muchas ocasiones me haya costado seguirla, además de tener que recurrir constantemente al diccionario. Por supuesto, esta apreciación es muy personal y seguramente no les afecte a otros lectores y, en particular, a los mejicanos, pero a mí sí me ha complicado la lectura y el avance notablemente. Entreverados en la trama, el autor deja traslucir gran parte de la problemática inherente al lugar donde se desarrolla.
Si esta es la nueva generación de políticos jóvenes, no quiero ver el futuro que le espera a mi ciudad. Más condenada no puede estar. (Alan)
Y, por otra parte, mediante miradas retrospectivas, se pone en valor el coste de lo conseguido por Alan a lo largo de su amplia carrera de actividades, y su efecto sobre la gente circundante.
Ni pareja, ni amigos, ni familia; esa era su vida. Era el costo de la victoria, de no permitir las burlas de nadie, de no dejarse arrebatar su felicidad.
Sin embargo, la estructura de la novela resulta absorbente y he disfrutado bastante de ella. Por todo ello, mi calificación es de 3 estrellas.
No es una realidad, es la misma Muerte. La Muerte de toda la vida, la que aprendemos a conocer, a querer, con la que aprendemos a convivir y que nos espera ansiosa. La sombra, el esqueleto alargado, no era más que ella, la que vive entre materia y antimateria y no deja escapar a nadie, así sea un agujero negro, un púlsar o un triste falsificador de corcholatas.
Finalmente, recomiendo esta novela, con el convencimiento de que os hará pasar un buen rato que, a fin de cuentas, es de lo que se trata.