Leandro, un albañil en paro, y Tocho, un chaval amigo suyo, entran en un estanco del barrio madrileño de Vallecas con intención de perpetrar un atraco, pero la inesperada reacción de la señora Justa, la estanquera, se lo impide. José Luis Alonso de Santos (Valladolid 1942). Ha recibido, entre otros, el «Premio Nacional de Teatro», «Rojas Zorrilla», «Tirso de Molina», «Baco de Teatro», «Ciudad de Valladolid», etc.
Se trasladó a Madrid en 1959, donde se licenciaría en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense y mucho más tarde en la futura Facultad de Ciencias de la Información. Comenzó a interesarse por el mundo de la interpretación, recibiendo clases de William Layton en el TEM. Se unió al grupo Tábano, participando en la experiencia de la Castañuela 70. Su primer estreno como autor se produce en 1975 con ¡Viva el Duque, nuestro dueño!
En 1988 fundó la productora teatral Pentación, con Gerardo Malla y Rafael Álvarez.
Ha escrito guiones de cine, series de televisión, narrativa infantil y novelas. Sus obras han sido editadas tanto en España como en el extranjero y se han publicado también ediciones críticas de varias de sus obras.
Ostenta la Cátedra de Escritura Dramática en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Desde junio de 2000 es director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
En el ámbito teórico ha escrito ensayos y artículos de investigación teatral en la revista Primer Acto, de la que es redactor, y en la prensa general.
Muy buena. Tiene momentos tan surrealistas que hacen que quieras seguir leyendo para saber por qué camino va a seguir la historia. Además, la tragedia se va mascando en el ambiente y los personajes están muy bien planteados. Para ser una obra tan cortita, Alonso de Santos consigue unos personajes lo más redondos posibles, con sus más y sus menos.
En realidad un 3,5. Es un libro que ha estado divertido y entretenido, y se lee súper rápido. Quizás no me ha hecho reír tanto como esperaba, pero me he reído a partes, pero eso es porque, en mi opinión, hacia el centro se vuelve un poquitín más serio, pero eso no ha hecho que lo disfrutara menos. Me parece muy original, no sólo por el humor negro (que me encanta en este autor), sino por la forma tan pueblerina de hablar de los personajes. Es cierto que hay algunas frases y situaciones machistas, pero supongo que puedo obviarlas un poco por el año en que fue escrito, aunque me sigan chirriando. Los personajes me han gustado, y para lo cortísimo que es el libro están bien construidos (siempre teniendo en cuanta la brevedad del libro). En líneas generales me ha gustado y me he entretenido, aunque es una pena que fuese lectura obligatoria del instituto, sino seguro lo hubiese disfrutado más. Sin duda miraré más del autor.
Estructurada en cuatro actos, esta obra de teatro, curiosa donde las haya, obtuvo en 1981 el premio “Gayo Vallecano” y ha sido versionada para cine, televisión y teatro. La trama es bastante conocida (al menos en mi ciudad), ya que se basa en un suceso real, aunque me da la sensación de que no muy fielmente, no me puedo imaginar lo que habrá sido para la familia de Pilar de Andrés Gómez-Choco, conocer de su existencia. Olvidando lo del hecho real, la trama es muy divertida, todo tan loco como los propios personajes, salvo un caso: abuela, ella es la mejor, tiene la cabeza en su sitio y no duda en decir las verdades a quien quiera escucharla (o no). Con la que no puedo, sin embargo, es con su nieta, me parece que es un pegote que no aporta, pero sí resta, el acto en el que tiene más protagonismo es el que menos me ha gustado. Una novela que tiene sus años, pero ha envejecido muy bien, las diferencias entre las distintas clases sociales se nota más que nunca. Tiene una lectura rápida, en un par de horas sin necesidad de correr se ha terminado, lo recomiendo si queréis una obra de teatro ligerita.
Siguiendo con el ambiente y el mismo tipo de personajes que en "Bajarse al moro" esta obra sigue el atraco desastroso de dos amigos desesperados a un estanco en el barrio de Vallecas. El planteamiento de la obra es mas simple pero tiene el estilo del autor: diálogos coloquiales, de barrio, y situaciones absurdas y cómicas. Como siempre hay un punto de reflexión sobre este tipo de personajes. ¿Quienes son los malos? Los que nos refleja la sociedad o quien realmente es malvado?
Supe que iba a amar este libro cuando en la primera acotación leí la frase «el tabaco quieto, serio, ordenado y en filas, como en la mili». Un intento de robo en un estanco lleva a una situación de secuestro y asedio policial en el que la violencia está siempre presente, estallando en algunos momentos puntuales pero manteniéndose al acecho aún cuando menos lo parece. Frente a esta situación de violencia, la ingenuidad de los personajes crea un contraste cómico que me ha recordado muchísimo al teatro del absurdo de Arrabal (incluso hay una escena en la que bailan, muy parecida a la de Pic-Nic). Los personajes son muy escasos, pero suficientes: los dos ladrones, Tocho y Leandro; las dos víctimas, Ángeles y la abuela, y la autoridad, representada por la policía, el megáfono y el gobernador. A ellos se une la voz de las acotaciones, que tiene una personalidad marcada que combina lo coloquial con lo literario y lo humorístico con lo crítico y que finge tomarse la situación tan poco en serio como sus protagonistas. En resumen, una comedia ligera de leer pero con momentos críticos que calan aún más hondo dentro de ese contexto cómico.
«Ángeles: Es que es muy bonito ser español, ¿a que sí? Tocho: Según se mire. Leandro: España no hay más que una, sí, señor. Tocho: Es que si llega a haber dos se van todos pa la otra.»
SPOILER
«Tocho: (Se oye su voz rota por las dos balas que lleva dentro). ¡Leandro... casi me escapo, ¡por mi madre!, casi me escapo... Leandro, cabrón...!»
Me gustó menos que "Bajarse al moro", pero mantengo el aprobado alto. La historia, como en aquel, es la historia de los que tienen menos en una España que se abre poco a poco a la libertad: en este caso, dos "parados" y las estanqueras de Vallecas. Lectura muy ágil que te alegra la tarde de sofá.
Me mandaron leer este libro para un examen de Lengua Castellana y Literatura. Siempre he renegado de las lecturas obligatorias en el aula y todo libro que me pedian que leyera siempre me echaba pa atras, pero este fue diferente, me lo lei de una sola sentada en la biblioteca de mi barrio y me lo pase genial leyendolo, una pena que no pudiera hacer ruido porque me queria reir a carcajada limpia. En definitiva, una maravilla.