En la Galicia rural del siglo pasado, donde vive Álvaro, un veterano aristócrata de gustos intelectuales que no entiende las estrictas divisiones jerárquicas que se dan en la sociedad de su tierra. Es atendido por la vieja Ermitas y ha acogido en su casa a Marcela, una muchacha a la que la gente desprecia por ser fruto de una relación extramatrimonial. Con el tiempo, Álvaro se enamora de la joven y, a pesar de que ésta no le corresponde, se casa con ella. Se inicia así una relación desigual pero no por la manida diferencia de clase sino precisamente por la falta de correspondencia de Marcela, que sitúa al veterano aristócrata en una posición de inferioridad. Además, nuevos acontecimientos darán un inesperado giro a la trama.
Elena Quiroga y Abarca, penúltima de diecisiete hijos de Don José Quiroga y Velarde, conde de San Martiño de Quiroga, y de Isabel de Abarca y Fornés. Su primera publicación data del año 1949, La soledad sonora, en la que cuenta la historia de una mujer desde su adolescencia hasta su madurez. En 1950, un año después de su primera publicación se casó con Dálmiro de Válgoma, futuro secretario perpetuo de la Academia de la Historia, con la novela Viento del Norte (1950) obtuvo el Premio Nadal. A partir de su matrimonio se instaló en Madrid, donde pronto accedió a los ambientes literarios y culturales de la capital. Casi toda su obra está impregnada del ambiente gallego, al estilo de la narrativa de Emilia Pardo Bazán. Escribió diez novelas en catorce años, la mayoría en la década de los cincuenta y de los sesenta y en 1983 fue elegida miembro de la Real Academia Española, siendo la tercera mujer tras María Isidra de Guzmán y la poetisa Carmen Conde.
Elena Quiroga ganó el Premio Nadal en 1950 pero a diferencia de su coetánea Carmen Laforet, esta autora es poco conocida o, por lo menos, yo no había oído hablar de ella. Sin embargo, me ha interesado esta novela, ambientada en la Galicia rural del siglo XIX y llena de ecos de la Pardo Bazán.
La protagonista es Marcela, a la que su madre Matutxa, que es una criada del pazo de La Sagreira, rechaza al nacer porque piensa que está embrujada. La niña es adoptada por Don Alvaro, el señor del pazo, que la irá viendo crecer e inevitablemente se enamorará de ella. Marcela, con su cabello rojo, ejerce una atracción fatal sobre los habitantes de esta zona aislada y los hechos se irán desencadenando con todos los elementos del drama rural clásico.
El lenguaje es el propio de la narrativa decimonónica y las descripciones hacen que la primera parte sea un poco lenta. La naturaleza gallega y el ambiente de magia y misterio están presentes en toda la obra y le dan cierto encanto, así como el realismo con que se presentan los diversos y variados personajes.
Hay libros que no cuentan una historia: la susurran. Viento del norte, de Elena Quiroga, es uno de ellos. Tiene el olor a tierra mojada tras la tormenta, a laurel que resiste, a manzanas verdes que nadie ha mordido aún. Huele a tumbaloureiro y a orballo. A lo salvaje, lo contenido y lo inevitable. 🌬️🌿🍏 Ambientada en un pazo gallego llamado La Sagreira, la novela recorre con pasos silenciosos la vida de quienes habitan ese mundo cerrado, jerárquico, antiguo: criadas, hijas, madres, señores, fantasmas vivos. Y en el centro, Marcela, la niña que nace y crece en La Sagreira. Que observa. Que escucha más de lo que dice. Una protagonista que se parece al paisaje: aparentemente dura, pero llena de grietas por donde entra la luz. La prosa de Quiroga es una joya escondida. Sobria y lírica. Intensa sin estridencias. Hay frases que parecen haber estado siempre ahí, esperando que alguien las nombrara. Cada párrafo está cargado de belleza callada, como esas emociones que no se dicen, pero se sienten. Esta novela está llena de supersticiones que caminan por las cocinas, de mujeres que arrastran silencios, de hombres partidos entre el deber y el deseo. Habla de lo que se transmite sin palabras: herencia, dolor, ternura. Orgullos antiguos que pesan más que el granito. Aquí el paisaje no es fondo, es personaje. El viento habla. La lluvia transforma. El silencio arde. Viento del norte ganó el Premio Nadal en 1950. Elena Quiroga fue la segunda mujer en ingresar en la Real Academia Española. Y esta novela es una razón poderosa para no dejar que su voz se apague. 📚 Si te gustan las historias que dejan huella sin gritar, que huelen a lluvia y a casa vieja, que se leen con todos los sentidos… este libro es para ti. ⭐️⭐️⭐️⭐️ ⭐️(5/5)
¡Ay, Marcela! Como me gustaría poder explicarte eso de estar desencontrados, de que a veces hay líneas paralelas que se rozan y saltan chispas de la rápida fricción para luego volver a su continuidad infinita. No fuisteis tangentes Álvaro y tú , por más que lo desea él , por más que intentases comprenderlo tú . Que no quiero que pienses que con esto tu vida no ha tenido sentido, lo que pasa es que a veces es difícil estar en este lado del mundo, ese mundo habitado por hombres, mujeres y meigas. Que el cariño y el amor que te dio Ermitas sirvió para hacerte fuerte y valiente y decidida pero faltó rematar los pespuntes, coser palabras a tu lengua, poner tus sentimientos en correcto orden de salida. Pero ¿sabes que, Marcela? Que el amor no es cosa de una sino de dos y que Álvaro, tan letrado y tan sabio, debería haberte dado las palabras que necesitabas. Porque el amor, Marcela, no va de adivinar, no va de dar lastima, no va de convertirte en enfermera o de quedarte de espectadora de tu propia historia. El amor es otra cosa. Lo que ocurre es que no todo el mundo lo llega a conocer en su plenitud o cuando lo hacen ya es demasiado tarde. Quizás seas tú ahora la encargada del libro que siempre deseó escribir tu marido. No ese libro del peregrino sino el libro de un amor que por peregrino no supo hallar morada hasta que fue demasiado tarde. . Elena Quiroga escribe una novela redonda con #vientodelnorte creando a un personaje tan entrañable como abrupto que es Marcela. Un personaje con una carga psicológica que no la deja apearse del burro, que la incapacita para domar todo lo que ocurre en su interior. Es Marcela el estado más puro del ser humano, es la mecha corta que rápidamente alumbra un cuarto y luego ya veremos. Pero no hay maldad en ella. Ni por asomo. Pero ni la de cal ni la de arena. Con los extremos nunca se hace nada y cuando Marcela consigue equilibrar su balanza interna el tiempo se ha agotado. En una Galicia rural, dominada por el viento, la lluvia y las rías embravecidas, la prosa de Elena Quiroga es el ruido de las olas al romper contra las rocas, es la resaca del mar, es la marea baja, la noche cerrada. No hay tregua para las emociones y los sentimientos. Hay un jarro de agua fría que cae sin piedad sobre Álvaro y Marcela ante la mirada atónita de Ermitas que poco puede hacer pues su función también ha terminado ya. Amos, sirvientes, criadas... hay lugares que no perdonan procedencia y #vientodelnorte denuncia todas las barreras a las que se enfrenta Marcela cuando la trasladan a otro mundo donde encajar parece que sólo viene junto a la cartilla de nacimiento.
Quizás no con la fuerza de Emilia Pardo Bazán (#DoñaEmiliaRocks), pero este libro es un regreso a los pazos, a la Galicia mítica, a través de una saga familiar que me ha enganchado desde la primera página. Elena Quiroga recrea una atmósfera claustrofóbica, donde se cultivan supersticiones y en la que los personajes luchan contra la herencia, la incomunicación y los prejuicios. Marcela, su protagonista, parece una creación de Emily Brontë y sirve para representar la cosificación de la mujer y la violencia del mundo rural. Premio Nadal 1950.
Hoy vengo a confesar mis pecados, no conocía ni a la autora ni a la obra que hoy os traigo, siendo como es, exponente de la cultura gallega y estando ambientada en mi Galicia natal. Ya nada que decir de que Quiroga, fuese galardonada con el Premio Nadal en 1950 precisamente por esta novela y la segunda mujer en formar parte de la Real Academia Española, a la vez que sus letras fueron de renombre en el paradigma nacional de la década de los 50 y 60. Imperdonable tanto mi desconocimiento, como el olvido al que ha sido relegada esta tremendísima narradora.
Viento del norte, ambientada en la Serra da Capelada (no dejéis de visitar estas ubicaciones porque se trata de los acantilados más altos de Europa y son espectaculares), narra la historia de Marcela, muchacha de clase baja abandonada por su madre al nacer, que es acogida por el señor del Pazo de A Sagreira, y criada bajo su amparo. Tras la mirada a la Galicia rural de los pazos, del caciquismo y del poder absoluto de la iglesia, Viento del norte lanza una dura crítica social al cuasi feudalismo y clasismo que se daba en el campo, al triste destino de la mujer humilde y al poder de las tradiciones y el conservadurismo más absoluto. A través de una ambientación maravillosa del rural gallego y un devenir de los años que transcurre deliciosamente sin apenas darnos cuenta, Elena tiene una forma de narrar armoniosa que nos envuelve con sus descripciones, transformando este frío viento del norte en un abrazo lleno de calor.
Debido a su carácter naturalista, ubicaciones y temas que trata, Viento del norte ha sido comparada con la obra de Pardo Bazán en infinidad de ocasiones. Sin embargo hay un elemento totalmente innovador que distancia a ambas autoras: la profundidad psicológica y el carácter intimista de los personajes de Quiroga, que logra que el lector conozca en todo momento sus pensamientos más profundos y comprenda enteramente sus actos.
Viento del norte sabe, huele y se siente Galicia. Os sacudirá en un cúmulo de sentimientos, es un huracán de rabia y frustración, pero también una brisa cargada de dulzura.
Viento del norte, de Elena Quiroga (1921-1995) obtuvo el Premio Nadal en 1950.
La historia se ambienta en una finca gallega representiva del orden patriarcal del mundo rural.
Al frente de la finca está don Álvaro, quien se dedica a escribir un libro sobre el Camino de Santiago.
Un día se arma un alborto en una pesebrera. Una de las trabajadoras ha dado a luz en ese lugar y deja abandonada a la criatura.
Don Álvaro decide que la niña, Marcela, sea criada por la entrañable Ermita, su sirvienta más leal.
La historia irá relatando cómo Marcela y Álvaro se relacionan a medida que la niña crece y Álvaro va dejando atrás la juventud.
La novela desarrolla una trama con sucesivos momentos climáticos que mantienen la tensión narrativa sostenidamente. Un dramón de aquellos.
Variada galería de personajes, algunos más complejos, otros más estereotipados, pero efectivos para el desarrollo y ambientación de la historia.
La novela plasma un conflicto amoroso complejo, por la considerable diferencia de edad y de condición social de los protagonistas.
Novela que pone en juego las pasiones humanas en un contexto rígido y conservador.
Citas:
"A la vuelta, sobre el macizo tablero de la mesa, toscamente tallado, amontonábanse las perdices y las piezas muertas. Las rudas manos femeninas las palpaban, buscando con ávida mirada el orificio, negro y ensangrentado, por donde la muerte se coló".
"Álvaro recordaba la soberbia con que en su juventud definía a un hombre maduro si le veía cortejando a una moza: «¡Viejo verde!». En aquellos tiempos, muchas veces sintiera asco y desprecio, cuando en la ciudad, sentado en un café, observaba la mirada golosa de los viejos siguiendo el paso de las muchachas, ciñéndolas con sus ojos."
«El viento del norte» es una novela árida en la que la naturaleza gallega se hace paso para definir a cada uno de los personajes durante varios años. De ahí que los dos primeros tercios se me hiciesen lentos, esa descripción decimonónica del ambiente a veces tan pesada, a veces tan cautivadora; como también el lenguaje y costumbres gallegas tan arraigadas a sus habitantes de toda clase. No obstante, esas páginas son necesarias para un último acto en el que el ritmo aumenta considerablemente, no tanto en actos mismos, sino en un enfrentamiento psicológico que consigue emocionar e intrigar por sus consecuencias finales.
Quiroga sigue la estela de «Cumbres borrascosas» (lo que es un punto a favor y, al mismo tiempo, un dardo venenoso) para crear una historia, ambientada en un pazo lucense, sobre el poder de los convencionalismos, del odio y la repulsión hacia aquellos obligados a cambiar de escalafón social, y acaban por sentirse en la ninguna parte. Trata, también, sobre el abuso de poder en nombre del amor y los dictámenes sociales para las mujeres, para las cuales su aspecto es la definición de lo que son para los demás. No lucha, pues, contra esos prejuicios como Marcela, su protagonista, en un mutismo de servilismo consciente, sino que los refleja para que sean los lectores quienes los identifiquen.
Una novela para tomarse su tiempo, pero cuya lectura deja un importante poso.
Infravaloradísima, una historia bien construida de la Galicia rural que nos mete de lleno en sus gentes, paisaje, costumbres y lengua. Unas últimas escenas y un final que quitan el aliento.
Qué difícil es plasmar en palabras un paseo por la naturaleza entre una sinfonía de piedra, agua y verde.
Es Galicia.
Lo intento.
Galicia es un alto a la vida cotidiana,
un susurrar con los árboles,
un andar tras la niebla y entrever en cada paso las leyendas vivas.
Esta obra es Galicia en estado puro, en esencia.
Leer han Elena Quiroga me ha permitido volver a ella, volver a esos caminos, a la terapia de caminar, a la terapia de leer un libro en el que los sentimientos humanos se entrelazan con la misma naturaleza.
La unión entre ambos son los protagonistas de esta joya literaria.
A medida que transitamos por esos caminos, entre lo triste y lo alegre, entre el sufrir de las gentes, entre modos de vida, entre pazos y cuadras, se van elevando entre los eucaliptos
los silencios que todo lo dicen, la introspección que todo lo oculta, la incomunicación que todo lo calla y la soledad que todo lo añora.
Así es la vida de Álvaro y Marcela, dos mundos separados por la sociedad, pero unidos por un amor a la tierra y a las costumbres, ellas son la columna vertebral de esta historia. Un viaje sin retorno.
Brilla la grandiosidad de esa naturaleza como ciclo de vida y muerte, interfiriendo en los personajes, destruyéndolos o protegiéndolos siendo cómplice a su vez.
Con un lenguaje elaborado en el que brilla la prosa lírica de la autora, si ahondamos en la psicología de esta galería de personajes, nos enfrentamos a la profundidad de los mismos, a sus heridas generadas por la misma vida, como un reflejo de las consecuencias negativas que traen consigo estancarnos en viejos comportamientos.
Hay una sutileza intrínseca en la novela, en todo aquello que se debe compartir para entender y no puede plasmarse en el papel. Todo está narrado con minuciosidad pero de una forma extremadamente realista.
Es un libro en el que la memoria es un personaje más, memoria que se transmite de padres a hijos.
Elena Quiroga es un regalo, hay que leerla, ahondar en sus conflictos y saber que como ella misma dijo
“He escrito siempre desde mi libertad”. Una novela maravillosa, de gran valor sociológico y en el que se aprecia la libertad en la escritura enriqueciendo cada párrafo.
Leer clásicos nos da la sabiduría de aquellas personas que vivieron, escribieron, que sintieron antes, permitiéndonos a través de nuestra propia sensibilidad encontrar la belleza literaria que contienen.
La palabra escrita dice quienes somos, como crecemos constantemente, produciendo con cada nuevo texto una nueva realidad.
La misión de la literatura es abrir esas puertas para que el lector entre sí quiere en la historia.
Es verdaderamente injusto que esta novela y su autora no hayan recibido el reconocimiento social que sí alcanzaron algunas de sus coetáneas, como Carmen Laforet. La obra de Elena Quiroga es exquisita, no solo por su estilo depurado, sino por la forma única en que logra exponer y profundizar en numerosos temas con una naturalidad asombrosa. Tiene la capacidad de entrelazar, de manera orgánica y sin artificios, cuestiones profundamente humanas dentro del desarrollo vital de sus personajes, lo que convierte la lectura en una experiencia absorbente y conmovedora.
Resulta especialmente llamativo el tratamiento de la soledad: una constante que se manifiesta, en primer término, en el personaje de Marcela, pero que se revela también —aunque de forma más sutil desde el inicio— en la figura de su marido. A ello se suma una representación compleja y matizada del amor, abordado no como ideal romántico, sino como un sentimiento atravesado por el contexto social, las convenciones y las limitaciones propias de la Galicia rural decimonónica.
La ambientación es otro de los grandes logros de la novela. La autora consigue trasladarnos a la vida en los pazos gallegos, logrando crear una atmósfera entrañable y sencilla, pero profundamente envolvente, mediante el uso del idioma gallego, de giros y construcciones propias de la lengua, y a través de unas descripciones particularmente ricas en la primera parte de la obra. Todos estos elementos contribuyen a retratar con gran fidelidad la vida rural gallega de finales del siglo XIX y principios del XX.
En resumen, todo en esta novela resulta llamativo y digno de ser resaltado, desde el personaje más inadvertido hasta el paisaje aparentemente más irrelevante. Por ello, se trata de una obra excepcional, que logra conquistar al lector a través de sus personajes, su historia y su capacidad para suscitar una reflexión profunda sobre todo cuanto en ella se expone.
Una Bildungsroman rural centrada en los conflictos de clase y género, las tensiones psicosexuales inherentes a la doctrina católica y las relaciones sexoafectivas jerarquizadas, y el choque entre la aspiración a un sistema social normativo propio de la modernidad y la pervivencia de los habitus paganos.
Lectura posmoderna marcada por el capitalismo emocional que anega nuestros corazones
Una exploración sorprendentemente profunda sobre lo que implica construirnos a través del trauma y la incomunicación.
Lamento comunicar, empero, que el gallego no funciona como la autora cree que funciona.
Preciosa y triste historia con aires gallegos en la que las diferencias sociales, la ignorancia, la tradición...marcan las vidas de aquellas gentes pegadas a la tierra. La soledad, el desamparo, la falta de comunicación imposibilitan una relación desigual desde un principio. Me gusta descubrir a estos autores y autoras de la posguerra
Me ha sorprendido para bien. Su prosa es bellísima. Me ha recordado una mezcla de Pardo Bazán con Doña Bárbara. Creo que he descubierto una nueva autora favorita.
Una historia muy humana, donde la falta de comunicación y las clases sociales juegan un papel fundamental en la trama, el desarrollo de los personajes y el desenlace.
Es difícil de leer, con esa mezcla de palabras gallegas y hablar antiguo. Y la trama es dura, sobre todo si te pones en el lugar de Marcela y te sientes rechazada por todos, pobres y ricos, amos y criados, sin libertad alguna. La forma en que disponen de ella sin preguntarle, cómo la meten en un convento durante dos años sin que ella pueda decir esta boca es mía, su ignorancia, su sencillez, su falta de picardía... En fin, es una novela dura y nada amable, pero al fin y al cabo así era la vida hace no tanto.
"Para Marcela, según iba creciendo, fueron el jardín y la huerta su mundo. El bello jardín, con sus mirtos podados, formando vallas de espeso verdor, donde Marcela se perdía. Primero, los mirtos, más altos que ella, le tapaban la casa. Poco a poco los alcanzó, y llegó el día en que Marcela, sin necesidad de empinarse, la veía, con sus pequeñas agujas de piedra rematando el noble edificio."
Esta regia casona, conocida como 'La Sagreira', pazo perdido entre el monte, la ría y el mar de un rincón de Galicia, es en cierto modo la protagonista de 'Viento del Norte', la bellísima novela de Elena Quiroga que me ha cautivado estos días.
Es en la Sagreira donde nace Marcela, niña bastarda de una cualquiera, abandonada al nacer, y marcada desde su nacimiento por un sospechoso lunar y una llamativa cabellera roja. Son tiempos de supersticiones, de prejuicios, de costumbres casi salvajes y el futuro de una niña como ella parece incierto, de no ser por la buena Ermitas, sirvienta del pazo que la cría como a su propia hija y de Don Álvaro, el amo de 'La Sagreira' que la toma bajo su protección. Un amo que vive entre libros y una soledad misteriosamente escogida.
Crece así Marcela, entre los bellísimos parajes que rodean el pazo. Libre, casi asilvestrada, ignorante de las letras, de las buenas costumbres y del mundo que la rodea. Arrastrando la mancha de su nacimiento y, al hacerse mujer, una exuberante belleza. Es entonces cuando el mundo la encuentra y el espíritu de Marcela empieza a quebrarse. Don Álvaro se ha enamorado, pero no puede desposar a un animal salvaje. Se intenta pues pulir la piedra rara, para convertirla en diamante y por el camino, se instala el dolor, la incomprensión y la desdicha...
No sabía que iba a encontrarme entre las páginas de 'Viento del norte'. Compré este ejemplar, porque me salió al paso en una vieja librería de Córdoba y recordaba haber leído grandes cosas de este premio Nadal. Ahora celebro haberlo comprado y no haberlo dejado dormir mucho tiempo en la estantería.
He adorado de principio a fin esta novela. Vivir perdida entre sus paisajes y gentes. Entre los muros de la Sagreira. En los caminos que llevan hasta la playa cercana y al pazo vecino de Cora, donde viven doña Lucía, don Enrique y sus cinco hijas, claves en el desarrollo de la trama. La riqueza con la que escribe Elena Quiroga, la forma en la que recrea los paisajes gallegos, sus gentes y costumbres es deslumbrante. ¡Qué descripciones! Qué manera de hacer correr los años, el tiempo, y las vidas de sus personajes, en apenas unas frases maravillosamente hiladas: "Dos primaveras florecieron en Las Puentes ante los maravillados y dulces ojos de Lucía, y los quietos, insondables ojos de Marcela. Parecíales que llevaban siglos viviendo allí. Vieron florecer los manzanos, caer la flor, marchitarse el fruto, y quedar un invierno entero los árboles descarnados, ateridos."
Que manera de romperte el corazón al darte cuenta de que la historia de Marcela y Álvaro no puede tener final feliz. Demasiados silencios, demasiada incomprensión, demasiados prejuicios. Ese último 'meu home' en los labios de Marcela no lo olvidaré en la vida. 'Viento del Norte' se ha colado sin duda entre mis mejores lecturas de este 2025. Si tenéis pensado leerla o la tenéis ya por casa, dadle una oportunidad. Os marcará seguro.
La de Elena Quiroga me ha producido tantas emociones, tantas, que no sabría muy bien qué palabras escoger para definir esta novela. La trama es la de Marcela, una joven nacida sin padre y abandonada por su madre, criada en un pazo gallego, entre la huerta y el campo, "salvaje", como la describen algunos, o "meiga"(hechicera). Vamos, la pobre Celiña no se libra de las voces teñidas de prejuicios y de superstición de su sociedad. Lo es también la de Álvaro, es amo del pazo, ya mayor y de buen corazón, aunque se deja llevar por sus deseos sobre Marcela, a quien hace sufrir sin ser consciente del todo o sin querer admitirlo. Y el pazo, la trama es del pazo de La Sagreira, de sus criados, de sus visitantes, de su amo, de Marcela, de Ermitas, de su historia, su presente, pasado y futuro. La escritura de Quiroga da para debate, al menos, por lo que he podido leer en otras reseñas. Para mí, ha sido todo un descubrimiento. Sí es cierto que se hace algo engorroso al principio, pero luego resulta una interesante mezcla entre gallego y castellano, además de permitir a la novela y a sus personajes ser más reales. "Viento del norte" merece ser descrito como un clásico de la literatura española, aunque haya estado enterrado y medio olvidado durante muchos años. Tiene poco más de 70 años, por lo que la sociedad que representa dista mucho de nuestro concepto actual. Es una novela dramática y que se mueve en el entorno del realismo social, vamos, crítica pura a la sociedad, al menos así lo he entendido conforme leía.
Ay, Marcela, que vives atravesada por la culpa, una culpa que no es tuya pero que desde el mismo momento en que naciste en los establos te estaba predestinada porque fue entonces y por ello que tu destino fue escrito. Vives como una señalada en un ambiente que te oprime por ser hija de quien fuiste, eres una incomprendida y vas a tardar en darte cuenta de quién es clave en tu vida, llegarás tarde y eso te hará sufrir aún más.
Una historia dura sobre la vida en un pazo de la Galicia rural de mediados del siglo pasado, envuelta en supesticiones y cuentos de meigas donde una niña es encontrada en los establos tras ser abandonada por la Martuxa al parirla. La acogerán y serán su familia, pero su vida será una continua lucha por hacerse entender.
Una autora recién descubierta con esta novela que ha sido toda una revelación.
Ambientada en la Galicia rural de finales del siglo XIX, ‘Viento del Norte’, de Elena Quiroga, describe con detalle la cotidianidad de distintas generaciones de amos y sirvientes a través de una prosa sobria, salpicada de destellos poéticos. Un trasfondo ideal para una historia pausada donde las supersticiones resultan tan demoledoras como ciertos silencios y que nos habla, en definitiva, de la fuerza de las pasiones humanas, capaces de zarandear a sus víctimas incautas y las costumbres establecidas con la misma violencia con la que el viento del norte embravece las serenas aguas de las rías gallegas y arranca, de raíz, árboles milenarios.
«Viento del Norte» es un retrato fiel de esa Galicia teñida por la magia, por las meigas y por la superstición. Es el retrato de Marcela, un espíritu indomable de ojos cristalinos y cabellos de fuego, de una belleza salvaje. Y el de don Álvaro, un hombre generoso, entregado a sus estudios y a sus libros. Él, amante de la calma y el sosiego, ella en tempestad constante. Dos caminos que discurren en paralelo y que hallan en La Sagreira y en sus gentes, en su ría y en sus bosques un lugar en el que -a veces habiendo de retar al mundo- existir.
O problema de Viento del Norte, o grande e talvez único, é que parece um livro do realismo/naturalismo, apenas diferenciado de algumas das obras de Bazán ou Blasco Ibáñez, mesmo sendo Elena Quiroga uma escritora de 2-3 gerações posteriores à desses escritores e escola literária. A narrativa é boa, os personagens, alguns deles, bem elaborados, sem falar de algumas cenas inspiradas; porém, o romance não parece moderno, muito menos contemporâneo, e isso, para uma obra de 1950 e pouco, infelizmente, diz muito, e mal, a respeito dela.
El segundo libro que leo de Elena Quiroga. Creo que me gustó más Tristura, pero quizá porque fue con el que la descubrí. Tiene la capacidad de describir los sentimientos de personajes que no hablan entre ellos, que viven el dolor de la soledad y la incomunicación sin llegar nunca a expresarlo. Por otro lado me encanta el lenguaje de los criados gallegos en contraposición con el “amo” y la gente culta. Seguiré leyéndola.
Intenté, por todos los medios, aferrarme a algo, pero no me dijo apenas nada la historia, y no me estaba enterando de gran cosa, y la forma en cómo estaba narrada y cómo hablan los personajes me empezó a desquiciar, me estaba pareciendo un culebrón de los malos. Cuando eso pasa, no hay más remedio que aplicar la máxima de Borges. A otra cosa, mariposa, a lo que sigue...
Le pondría 6 estrellas, qué manera de transmitir la complejidad de las emociones humanas, la vida, historia y arraigo a la terriña, Galicia. Precioso y duro a la vez.