Un texto que en base a observaciones de la naturaleza humana y la sociedad reflexiona sobre el fenómeno montonero en la Argentina. El autor, que tuvo contacto con la organización, siente el deber moral de plantear críticas a esta y sus objetivos. Las conclusiones a las que llega Giussani son inequívocas: Montoneros adoptó una organización castrense y exhibió un culto a la violencia (la idolatración de los medios) y la muerte, algo propio de los movimientos de extrema derecha y fascistas. Como tal, el montonero arquetípico deseaba ser un revolucionario, no hacer la revolución, lo cual se hace patente, según Giussani, con el regreso a la clandestinidad del movimiento en un período democrático.
En mi opinión, el diagnóstico que hace Giussani se plantea, en ocasiones, de forma muy general y anecdótica, llegando a adquirir el tono de un estudio de psicologías apresurado. Pero es un análisis sincero, que evidencia el disgusto y la culpa que pudo sentir el autor por participar, aunque marginalmente, en esta controversial agrupación.