Un libro con el que lloré desde la quinta página.
Morir en Sábado tocó todas y cada una de las fibras más sensibles de mí. Me encontré convertida en un mar de lágrimas en cada final de capítulo. Me llevo un muy buen sabor de boca con el libro.
En lo personal, me gustan los libros que te hacen llorar, pero estoy acostumbrada a consumir libros de ficción o fantasía, por lo que leer de casos reales, me hizo llorar más de lo normal. Me hacía pensar por qué a niños tan pequeños tenía que tocarles vivir cosas tan duras. Tengo un hermanito de dos años y al leer un capítulo donde dice que un niño tenía tan solo tres años cuando se enfermó, me dejó pensando por un buen rato. No son ni la mitad de un humano y aún así, son más sabios que muchos de nosotros.
Es increíble lo mucho que se puede aprender de los más pequeños, solo es cuestión de ponerles atención. Mientras escribo esto, estoy al borde de las lágrimas, pero creo que eso es bueno. Definitivamente es un libro que me ha marcado. Me encantó.
Esta lectura me ha hecho comprender muchas cosas y preguntarme muchas más. Cada quién tiene un propósito en la vida y un determinado tiempo, pero por qué se van tan pequeños. No soy madre, pero tengo la edad de una mamá muy joven y un hermanito que podría pasar como mi hijo, simplemente no me imagino en la situación por la que estos y más padres deben de pasar. Me ayudó a entender un poquito sobre cómo son las diferentes formas de llevar un duelo, ninguna es igual.
Me ayudó a comprender el trabajo de un tanatólogo y lo importante que es para todos, tanto familia como enfermo, el poder aceptar las cosas y dejarse sentir. Creo que para ser tanatólogo se debe de tener mucha empatía y un gran sentido de la humanidad. De nada nos sirve acompañar si actuamos como robots. Es necesario ese calor humano para poder sanar.
A manera de conclusión, puedo decir que las lágrimas que derramé son directamente proporcionales a lo mucho que aprendí y disfruté este libro. Porque, así como lloré y aprendí, también disfruté las historias de vida de estos niños y sus familias, cada uno teniendo una personalidad tan única y que, aunque no los conocí, también me encariñé con ellos.