Como siempre digo, voy a ser totalmente honesta: le pedí este libro a la editorial porque estaba convencida que Pittamiglio era alquimista y, no sé si sabían, pero alrededor del 2014 tuve una etapa lectora fuerte con libros relacionados al tema, desde alquimia y piedra filosofal, hasta templarios y Santo Grial. Así que sí, no conocía casi nada de Pittamiglio, pero había escuchado eso tan extendido por la sociedad de que era un alquimista. Por si alguien no sabe, se cree que los alquimistas estudian la conversión del metal en oro y buscan la panacea universal.
Antes de hablar de la historia propiamente dicha, quiero destacar el trabajo de documentación e investigación que realizó el autor. Este es el tercer libro que leo de Cuitiño (también leí Misterios del mar y Estancia La Aurora, ambos publicados por Fin de siglo) y en todos podemos ver que realmente el autor hace una investigación profunda de los hechos, verifica fuentes, indaga... realmente es una obra bien documentada que, sí, por supuesto, luego tiene comentarios del autor.
En este libro nos encontramos con la persona detrás del personaje, con la
verdadera esencia del hombre. Eduardo Cuitiño hace un recorrido desde el inicio y nos cuenta cómo fue la infancia, adolescencia y adultez de este célebre hombre. Me gustó esto porque en libros así, que son como una pseudo-biografía (digo pseudo porque siento que el autor no pretendía realizar una biografía, pero de cierta forma se convierte en una), necesitamos una introducción y conocer un poco más antes de meternos de lleno en la trama, trama que se centra en la investigación de códigos y acertijos que se cree el autor fue dejando en sus construcciones arquitectónicas.
El código Pittamiglio está dividido en muchos capítulos cortos y el autor usó una forma de narración particular: nos habla a los lectores de tú a tú, como si fuera una conversación con nosotros, entre amigos que se juntan a charlar y empiezan a hablar de un tema que los apasiona... porque sí, claramente se ve reflejado en el libro la pasión con la que el autor escribió esta historia.
No es mi tipo de lectura actual, pero realmente me llevé una grata sorpresa y por supuesto tengo pendiente una visita al castillo, visita que pienso será más enriquecedora después de haber leído este libro y poder reparar en tantos detalles que el autor mencionó, como la cantidad de baldosas y azulejos, de tejas, de ribetes, etc.