Primera obra de María Zambrano, Horizonte del liberalismo (1929) está marcado por el aire de los revueltos tiempos -en Europa, en España, en la propia vida de la autora- en que fue gestado, así como por la impronta de su formación en la Institución Libre de Enseñanza. Escrito con «un sentimiento de angustia por las circunstancias del país», en ella Zambrano plantea las perspectivas del liberalismo en España en tan delicado momento. Con todo, el valor de la obra reside no sólo en lo que pueda tener como testimonio de un momento histórico, sino en las preguntas que en ella se plantean, vigentes hoy como entonces (¿Puede haber una política que reconcilie la economía con la cultura -entendida como humanismo-?), y en el hecho de que, con su primera denuncia de la perversión de la relación del hombre con el mundo, falseada y deformada por el racionalismo positivista, contiene ya el embrión de la filosofía que habría de desarrollar en años posteriores, así como de su razón poética. Introducción de Jorge Novella Suárez
Ensayista y filósofa española. Discípula de J. Ortega y Gasset, Zubiri y Manuel García Morente, fue una de las figuras capitales del pensamiento español del siglo XX.
Profesora en la Universidad Complutense de Madrid, se exilió al término de la Guerra Civil y ejerció su magisterio en universidades de Cuba, México y Puerto Rico. Tras residir en Francia y Suiza, regresó a España en 1984. Fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1981), y el Cervantes (1988).
Su pensamiento, vinculado a las corrientes vitalistas del siglo XX, giró en torno a la búsqueda de principios morales y formas de conducta que fueran aplicables a los problemas cotidianos. Su preocupación mística, la forma de abordar los conflictos éticos, y el estudio de la interrelación entre realidad y verdad, reclamaban la necesidad de un profundo diálogo entre el ser y su entorno.
Para ella era preciso establecer tres modos de razonamiento: el cotidiano, el mediador y el poético. Desde este último se aproximó a lo sagrado, el lugar donde se encuentra la explicación de lo trascendente, la lógica del misterio.
En su amplísima producción destacan: Filosofía y poesía (1939), La confesión, género literario y método (1943), El pensamiento vivo de Séneca (1944), La agonía de Europa (1945), Hacia un saber sobre el alma (1950), El hombre y lo divino (1955), España, sueño y verdad (1965), El sueño creador (1965), La tumba de Antígona (1967), El nacimiento. Dos escritos autobiográficos (1981), De la Aurora (1986), Senderos (1986), Delirio y destino (1988), y Los sueños y el tiempo (1992), entre otros.
Mi estreno con Zambrano. Escribe muy bello y es fácil conectar con su exposición de ideas. Este debe ser su primer libro y todavía no desarrolla su filosofía a fuego, pero ya se le ven las maneras de la razón poética y, sobre todo, de la fuerza que ella le da al amor para salvar la cultura occidental. En algunas cosas estoy muy de acuerdo, en otras no tanto y en algunas pocas estoy totalmente en contra. Pero eso no quita que haya sido muy interesante su lectura. Me encanta el concepto del ser humano como "el heterodoxo cósmico" y muchas ideas reflejadas en la obra. Algunos tramos son para enmarcar. Y por eso, la seguiré leyendo.
PD: Aun así no puedo evitar, como creyente, volver a quien hace ya mucho tiempo nos dijo que el único buen camino era el amor. Y ella va por ese camino. Tengo que descubrir si María era cristiana católica porque entonces menudo bombazo.
Un libro que puede generar un diálogo con la autora, y con uno mismo, bastante interesante sobre cuestiones de filosofía práctica actuales, a pesar de haberse escrito hace 95 años. Un libro torrencial, que hace valer la cita: "Y no sabremos luchar, aunque la vida se nos vaya, si antes no hemos hecho por ver claro". Delicia.
Si bien al principio me resultó de profundo agrado, y quizá, como un libro que pudiera usarse para introducirse a la política como fenómeno y actividad, bien es cierto que la rigurosidad tras de él no es evidente, y sus criterios distan de ser objetivos y fiables.
Eso sí, su estilo es agradable, y quizá, leyéndome algún otro texto, podría hacerme replantear mi postura en lecturas futuras.
¡Qué diferente se ve el liberalismo actual del de María Zambrano! Un gran libro para introducirse en la visión de Zambrano y para redescubrir el concepto de política.
Leer a María Zambrano es siempre una experiencia de profundo deleite; el lenguaje y el pensar que se da en él (o el pensar que da a la luz ese lenguaje) llevan a esa sensación de descubrimiento, de introspección y de comprensión, de sentirse participar en una conversación con una persona cercana en la que se revelan la dificultad y la posibilidad de hacer mundo.
El pensamiento y los argumentos de María Zambrano están siempre hilados en su lenguaje natural, a la vez literario, poético y filosófico, sin necesitar parecerse a la recta y seca estructura mecánica que asumen muchas veces las obras filosóficas académicas con pretensión sistémica.
Lo que en su concepción es el liberalismo o la política no lo ofrece como postulado o definición de cartilla, sino implícito en la mirada que busca aproximarse a su esencia, su desarrollo y sus horizontes. La propuesta de Zambrano es un proyecto filosófico y político en el que armonizan o se integran armónicamente «Cultura y democracia. Individuo y sociedad. Razón y sentimiento. Economía y libertad» (sin huir ni negar la existencia inevitable del conflicto).
Abre demasiadas preguntas a las que deja sin respuesta. También señala ciertas contradicciones del Liberalismo Clásico sin llegar a profundizar demasiado en ellas.
Con todo el respeto a Zambrano que no niego que fuese una intelectual fascinante pero leyendo algunos pasajes llega a dar la sensación de que no tenía muy claro que era y que no era el Liberalismo cuando escribió este libro.