«Él es nuestra paz cuando un familiar fallece. Podemos darle gracias. Orar con gratitud es también recordar que el mismo Dios que fue fiel antes, lo seguirá siendo. Él no ha cambiado ni tampoco Su Palabra. Dios siempre obra para el bien de los suyos, y por eso envolvemos nuestras oraciones en gratitud. Tenemos la certeza de quién sostiene nuestras vidas, y de Su plan perfecto y soberano.»
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Es el primer libro que leo tras la muerte de mi papá, hace casi un mes. Ha sido una temporada tan oscura y difícil la que estoy viviendo, que me quedé sin ganas de nada. Los primeros días no tenía ganas de leer, ver, ni escuchar absolutamente nada.
Pero transcurridas casi 3 semanas, supe que este libro, que llevaba ya un tiempo en mi librero, sería de bendición y edificación para mi vida. Supe que me ayudaría con lo que estoy pasando. Y así fue.
Dios habló a mi corazón, me confortó, me abrazó y me dió aliento de vida a través de esta lectura. Desde que mi papá falleció, siento que el gozo y la alegría se me han escapado de las manos. El mundo se me vino abajo de un día para otro. Sin embargo, Wendy Bello, a través de este libro, me ha hecho recordar que Dios sigue siendo Dios, aún en tiempos de tempestad.
Él sigue siendo Rey, sigue siendo Soberano, sigue siendo Digno de ser alabado, y sigue teniendo todo control sobre todo y sobre todos, aunque las circunstancias parezcan gritar lo contrario.
Estoy pasando por la prueba más dura de mi vida hasta ahora. La pérdida de mi papá me ha dolido y carcomido hasta el alma. Y la verdad es que este libro fue de gran ayuda. Fue de bendición, de aliento, de reconforte. Fue un recordatorio de la esperanza de Vida Eterna que tenemos en Cristo Jesús, que va más allá, mucho mas allá de la muerte física en esta tierra.
Gracias Wendy, por este instrumento tan hermoso. Y gracias a ti, Jesús. Muchas gracias.
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«Pablo ora al Dios que tiene todo bajo Su control, quien ha escrito la historia, da órdenes al viento y crea al mundo de la nada solo con Sus palabras. Pablo ora al Padre de Gloria, y eso también es un recordatorio de que estar en gloria junto a Él es nuestro destino final. Ese es el Dios a quien Pablo oraba, y a quien nosotros hoy oramos también. ¡Aleluya!».
✝️❤️🩹✨.