Novela enorme en todos los sentidos (prueba a llevarla tres meses en la mochila). Me ha gustado más la paz que la guerra: sin ironías, me resulta mucho más interesante lo que pasa en esos periodos entre bambalinas, con las reuniones de los personajes en los salones de Moscú o San Petersburgo, aunque hay pasajes de batallas muy crudos y devastadores.
Lo más interesante, a mi juicio, es la construcción y la evolución de los personajes: los protagonistas sufren transformaciones enormes, pero realistas, y por momentos se ganan tu simpatía o la van perdiendo, aunque al final todos consiguen tu cariño. Me gusta mucho también cómo describen las complejas relaciones entre los miembros de las distintas familias, con la descripción de dinámicas muy oscuras (pero humanas) de desprecio o crítica constante hacia familiares cercanos que se quieren. Eso sí, como en casi toda novela rusa que se precie, es fácil perderse al principio por el elevado número de personajes que aparecen, y porque a cada uno de ellos se refieren normalmente de hasta tres formas diferentes (nombre, apellido y apodo).
Es genial también la manera en la que te dan pinceladas históricas: la aristocracia rusa habla en francés, la lengua de un país al que admiran, pero que va a ser su enemigo, y apenas saben ruso; a Napoleón (que, por cierto, aparece como secundario) le odian, le admiran, y le temen, en función del año, de sus alianzas con Rusia y de la mentalidad de los personajes: en ocasiones lo identifican con el Anticristo o lo admiran por su carácter o como símbolo de las ideas de la revolución.
Además, hay tramas sorprendentes que se centran en la masonería o en los primeras liberaciones de los siervos. Me han gustado también los capítulos en los que el narrador de repente no cuenta nada sobre ningún personaje y solamente reflexiona sobre la manera en la que (erróneamente a su juicio) interpretamos la Historia como fruto de las voluntades de individuos aislados, y no como dinámicas sociales más generales que se generan y que cada vez resulta más difícil parar.
En definitiva, una novela muy recomendable que construye un universo lleno de personajes complejos y fascinantes. Un libro pacifista, con una visión piadosa del ser humano. Hace falta un poco de paciencia, pero merece la pena. Y, al final, como guinda, Tolstói le da un buen cierre a todo el viaje.