Jilatanaka, kullakanaka, orgullosa vecinita de mi barrio, linda trencita de cabello negro, diente de oro, corazón de raspadillo, pollera de fantasía, caserita de toda la vida, temerario paisanito de tierra adentro, poncho nevado, pecho de piedra pulmón altiplánico, astucia de zorro, coraje del pueblo, es el año 2053 y El Alto festeja su décimo aniversario como la capital del Nuevo Kollasuyo. Metrópoli de los Andes, mercado continental de la chatarra, motor industrial de segunda mano, abasto de basura robótica, receptor de colonias chinas, huésped de ciberreligiones technosóficas, sede mundial del cholet y feria popular más alta del planeta, la ciudad del futuro es el espejo de nuestros sueños. Que no te la charlen: ¡el futuro es ahora! Laura Kimsaruni
Es el año 2053 y la ciudad de El Alto, en Bolivia, se ha convertido, por un lado, en un inmenso mercado de chatarra robótica y, por el otro, en una metrópoli de opulencia barroca y tecnológica.
En esta “frontera entre el pasado y el futuro”, Abel Plata trabaja ensamblando partes para crear hormigas mecánicas gigantes, con las que luego trasladan la chatarra. Hasta que un accidente —que quizás no sea tal— lo deja al borde de la muerte. Su cuerpo queda tan dañado que algunas partes son reemplazadas por prótesis mecánicas. Pero esto es apenas el principio.
La traición es la primera de las cuatro entregas que tendrá Altopía. De entrada, los dibujos de Joaquín Cuevas sorprenden con su visión cyperpunk futurista pero a la vez fiel al imaginario y la estética alteñas. Mientras que el guion de Alejandro Barrientos, usando saltos temporales y elipsis, muestra el inicio de una historia atravesada por la traición, pero cargada del humor y el color local que rescata con su gran oído. Por ahora, esta primera parte de la tetralogía muestra el universo en que se desenvolverá la historia y plantea la primera parte de un misterio que despierta la curiosidad y deja esperando las siguientes entregas de esta novela gráfica.
3.5 Olvidé mucho de la jerga, por lo que me costó entender la narración. Si bien me gustan los saltos en el tiempo, siento que este libro se hubiese beneficiado de más páginas para que lleguemos a conocer mejor a los personajes. De este modo los momentos conmovedores tendrían más peso. Por otro lado, parece un story board para una película más que una historieta ya que le falta el elemento de la narración. Al ser guiado únicamente por diálogo, muchas cosas se quedan implícitas, como lectora que desconoce la historia, me da la sensación de que debo leer una novela acompañada o una enciclopedia para terminar de entender lo que está pasando.
Dicho esto, el arte es realmente hermoso, donde más brilla, si terminé de leer esta entrega es por su bellísimo arte. Conozco al autor y estoy dispuesta a apoyar a las publicaciones indie, sobre todo de Bolivia, ya que hay mucho talento y potencial. Sin embargo, espero que la próxima entrega aborde mejor la trama y desarrolle a los personajes de manera más explícita. También me gustaría que las páginas estén numeradas, ya que en la edición que tengo las páginas no estaban numeradas y me costaba volver a una escena después.