¿Cómo narrar un duelo? ¿Cómo descomponerlo en todos sus rostros, sus esquirlas? ¿Cómo atraparlo, revelarlo, volverlo palpable? En Estas piedras Yamila Bêgné hace mucho más que narrar un duelo: lo cincela, lo talla sobre piedras, en todos sus relieves; lo tornasola, lo descompone en todas sus instancias; lo reverbera sobre el agua, en todas sus luces, en todas sus sombras. “Estas piedras” es un artefacto narrativo imposible: es la ejecución perfecta de un duelo en la materialidad de la lengua. Es un hecho literario: el duelo vuelto poesía, una perla trabajada con la paciencia del orfebre.
Para dar cuenta de la intimidad del dolor, Bêgné elige narrar la historia de una familia: de una madre y de sus dos hijas. También elige narrar la historia de dos hermanas. Y, también, la historia de una de ellas: de la que sobrevive para contar. Esa operación tripartita que elige, desde el inicio, se sostiene en la estructura misma del texto: esos destinatarios del relato, que también son tres: la madre, su pareja, la hermana.
En Estas piedras, la prosa pulida de Bêgné estalla en cada frase para volver asible lo inasible: para construir la materialidad de una pérdida. Estoy convencida de que Bêgné escribe con una lupa en los ojos: la microscopía y la precisión con que esta novela capta, desde su misma estructura, el proceso de duelo de sus protagonistas es de un preciosismo indeclinable. Es virtuosismo. Y es poesía.
"Se dice palada, pensé, y la tierra retumbó contra la tierra. Arriba, ni sol ni nubes. Nada más el cielo, una superficie llana. Tres paladas, cuatro, cinco, y dejé de contar. Era la última vez que íbamos a estar así, mi hermana y yo en el mismo mundo. Me imaginé cubierta de polvo, sin ver nada, sin oler, los grumos en los orificios nasales."
"Estas piedras" cuenta el duelo de Dina por su hermana muerta prematuramente en tres tiempos: el tiempo previo a la tragedia y los recuerdos que hacen la relación entre las hermanas entrañable; el tiempo posterior a la pérdida y el intento de la madre de recuperar a la hermana perdida; y el tiempo posterior al duelo en que Dina, con una vida nueva construida junto a su novio, busca reconstruir la relación con su mamá y su hermana del otro lado del dolor. Sin embargo, la narración está fragmentada, y Bêgné salta de un tiempo a otro indicando con el número 1, 2 o 3 dónde estamos ubicados. "Como hélices, hay cosas que nunca terminan de pasar", dice Dina. Y la narración, como la hélice, se mueve circularmente por los tres tiempos, glosando los recuerdos y los acontecimientos.
Bêgné tiene un estilo y un ritmo muy propios. Con una prosa que bien podría ser poesía, disecciona la memoria, desglosa los momentos y las sensaciones, y crea artefactos narrativos tan experimentales como la caja mediante la que se comunican las protagonistas de "Febrero" o la instalación que monta la madre en esta novela. Las piedras que la hermana de Dina colecciona meticulosamente se convierten en un símbolo poderoso. Las tres partes de la novela (ígneas, sedimentarias y metamórficas) parecen referir tanto a las piedras como a las etapas del duelo (ardiente y doloroso, estacionado, y transformado). Es una lectura lenta, ya que la acción no avanza sino que da vueltas sobre una pérdida irreparable cuyas consecuencias se encarnan en objetos que amarran hasta que logran convertirse en evocación de un pasado con el que es posible reconciliarse. Una lectura conmovedora.
estas piedras es una experiencia en sí, verdaderamente brillante, fue como leer un rompecabezas, volver en el tiempo, volver en los personajes. yamila va entramando la historia con paciencia, significando y resignificando en el avance de la lectura todos los elementos que escribe tan poéticamente: “¿Por qué ella estaba ahí? En los reflejos plegados de la naturaleza. En el bosque y en el lago y en el volcán sobre la carpa. En eso nunca habitado”.
el libro tiene un idioma propio, inherente a la pérdida, que hace cómplice al lector. esta muy bien hecho, muy bien armado. no quedó hoja sin marcar.