De las muchas criaturas fabulosas que han poblado la literatura y el cine, la mujer fatal es una de las más recurrentes y proteicas de los dos últimos siglos, si bien forma parte de una antigua estirpe que se remonta hasta la inconstante Helena clásica que motivó la guerra de Troya o la temeraria Eva bíblica que condenó a la humanidad entera.
A través del análisis de personajes literarios―de Carmen a Lolita―o cinematográficos―la Madeleine de Vértigo y la Conchita de Ese oscuro objeto del deseo―, la autora examina el mito de la temible femme fatale partiendo de un cambio de perspectiva: ¿y si, más que atestiguar el carácter funesto de ciertas mujeres, el estereotipo delatase una representación del deseo masculino singularmente aciaga? Como en una trama de intriga, este libro invita al lector a seguir la pista de los hombres que hay detrás de esas mujeres míticas, a las que la tradición ha señalado quizá tan sólo para desviar la atención y ocultar las pruebas más cruciales.
¡Esto es en realidad un 4,5! La argumentación se sigue fácil y es muy interesante, los ejemplos están bien escogidos y el orden te acompaña en la evolución de la figura de la mujer fatal y sobre todo, en los cambios de la psique y las inseguridades de los hombres que las desean.
menudo repaso tan interesante por la historia de las mujeres fatales
me ha gustado un montón: especialmente la coherencia del libro. En cada capítulo se comenta un análisis literario/cinematográfico/pictórico, y a raíz de eso se añade una pista del argumento total. La tesis del libro-q las mujeres fatales no existen, sino q es el deseo fatal de los hombres lo q las crea-, aunque la vas intuyendo poco a poco, solo se revela del todo al final, sin caer en las vueltas y vueltas que dan algunos ensayos para decir lo mismo q al inicio (cosa q no me parece fácil)
Lo había comenzado a inicios del año pasado y simplemente lo deje de lado por otro ensayo que me atrapó y este había quedado de lado, y ahora que terminé de leerlo no entiendo porque hice eso jajajaj es extraño como pasan las cosas.
Lo retome desde cero, quise adentrarme plenamente en esta lectura y vaya que lo he disfrutado, me ha gustado la perspectiva que entrega la autora, es una mirada desde otro ángulo que me pareció muy interesante, por el recorrido de personajes que va realizando y la manera de exponer su análisis en relación a lo que hay detrás de las grandes mujeres fatales de la historia y el porque se posicionan como tal, abordando la transformación que ha tenido la mirada y psicológia de los hombres a través del tiempo.
«Tal vez las aficiones, los oficios, los saberes o cualquier otro quehacer o producto sean idóneos objetos de deseo (y de consumo), pero no las personas, razón por la cual la educación sentimental que ha ensalzado el amor como el privilegiado espacio donde convertir al otro en un mero estímulo de nuestro ofuscado apetito resulta calamitosa.»
Un ensayo muy interesante que, apoyándose en diferentes obras del cine y la literatura, da un giro al deseo fatal y cambia el foco de la mujer al hombre que la mira. La autora plantea cómo este rasgo de la fatalidad no es un atributo inherente a la mujer, si no uno que atribuye el hombre de forma activa. Y es así que damos contra lo que se podría llamar «el hombre fatal», usualmente ignorado, pues está forma de desear de los hombres, tan de depredador y tan cosificadora, está normalizada por los mitos del deseo.
La autora sugiere que los relatos de las mujeres fatales no han de leerse como un reflejo de lo malvada que puede llegar a ser el alma femenina, ni tampoco como una historia de amor tan apasionado que conduce a la muerte. Lo que hay tras estas narrativas es una historia de amor cruel, con un hombre inestable que vuelve a una mujer en su obsesión, con claros tintes enfermizos. Para este, la mujer fatal no es una mujer, si no un objeto de deseo carente de vida, sin sustancia más allá de las fantasías.
En el ensayo se hace una comparativa muy acertada del relato del amor fatal con el del relato fantástico. Y es así que plantea lo rápido que el lector es capaz de captar el desquicie del protagonista de «El corazón delator», pero como esto se vuelve más complicado cuando las obsesiones se inmiscuyen en el campo del amor. La autora señala que esto se debe sobre todo al discurso del amor romántico, donde el amor parece una enfermedad mental más que otra cosa.
En cuanto a la selección de ejemplos, son certeros y con unos análisis que ejemplifican bastante bien la cuestión de la mujer fatal y el deseo fatal. La prosa es directa pero no por ello plana y a mí me ha parecido incluso agradable de leer. La ejecución en cuanto a la estructura es también bastante buena. Ningún capítulo parece un refrito de lo anterior y aunque algunos argumentos reaparezcan en capítulos posteriores, no se vuelven repetitivos.
En la única parte que sí discrepo con la autora, es en ese epílogo, en concreto con ese llamado a las futuras autoras a no caer en el mito del deseo fatal. Y es así que acaba con un:
«Ojalá bastara este modesto cambio de perspectiva para que empiece a agrietarse la funesta representación del deseo difundidas a través de la pintura, la literatura y el cine.»
Es aquí donde yo creo que hay un patinazo y ha hecho que el libro no haya sido tan redondo. La autora ha comparado estos relatos con los relatos fantásticos y de terror, y creo que no se alejan mucho los unos de los otros. No creo que el problema sea la representación de un amor fatal, que no es ni más ni menos que una proyección del temor que causa amar —con todas las vulnerabilidades que ello implica—, si no la forma en la que se lee. Las historias de amor fatal además de poder mostrar los extremos a los que puede llevar el discurso del amor romántico, también es una exploración de la sombra humana y de la crueldad que puede habitar en uno mismo, cuando solo se es capaz de desear y nunca de amar, del horror que causa que el amado no sea una personan si no una vasija vacía donde volcar nuestras fantasias.
No me parece que esta búsqueda del buenismo, del amor impoluto, sea la solución. Concuerdo con que se ha de representar un amor que ponga en duda los postulados del romanticismo y que se aleje de la fatalidad y la tragedia, pero no por ello debe dejarse de explorar las sombras que puede haber en estas relaciones. No creo que esto sea cosa de censurar este tipo de historias o enterrar al arquetipo del amante fatalista, si no que es una cuestión de lectores.
Un apasionante ensayo, sobre la visión de la mujer en el cine y en el arte, una vuelta de tuerca al mito de la "mujer fatal", quien es el culpable la mujer o la visión que tiene el hombre de ella?. Desde Susana y los viejos pasando por Carmen o Lolita ..Julibert nos presenta el mito de la mujer, y el deseo del hombre. Aunque su lectura es un poco costosa, cuando te metes de lleno en ello, no puedes parar de leerlo.
Hace unos días, durante la gala del Premio Literario Felipe Trigo, y en relación a la obra finalista “Entre algodones”, de José Soler, el presidente accidental del Jurado, el maravilloso Ignacio F Garmendia, habló de una mujer fatal y se me activó la alarma. No sé si me hubiese sucedido si, en lugar de presentar la gala en el año 2022, lo hubiese hecho diez atrás cuando mi sensibilidad feminista no estaba respaldada por ensayos teóricopolíticos. Del mito de la mujer fatal habla Elisenda Julibert en “Hombres fatales”, de ese personaje que aparece desde el comienzo de los tiempos reencarnado en decenas de mujeres: Eva, Helena de Troya, Lolita, Carmen… Mujeres santas o putas, calladas o contestatarias, conservadoras o rebeldes, mujeres absolutamente diferentes con el único punto en común de hacer que los hombres pierdan la cabeza. La cuestión es: ¿seguro que son ellas quienes les hacen perder la cabeza? ¿La causa del sufrimiento amoroso es la naturaleza maligna de la amada o de la subjetividad del enamorado? “¿Qué ocurriría si lo que el tópico de la mujer fatal atestigua fuese, más que un determinado comportamiento femenino, una singular (y tradicionalmente masculina) representación del deseo? La supuesta fatalidad de todas esas mujeres imaginarias, cuyas cualidades específicas parece ser destrozar a quienes las aman no sería entonces inherente a ellas, sino el resultado inevitable de una determinada concepción del deseo, una de cuyas características es la de convertir a su objeto, la persona a la que se dice amar, en fetiche y, al fin, fatalmente, en cadáver.” “Si las historias de amores fatales se han considerado relatos de extraordinarios romances, en vez de narraciones de terror psicológico, es porque la tradicional concepción del amor como enajenación, no solo implica que quien desea debe figurarse poseído por una fuerza sobrenatural que le hace perder la razón, sino sobre todo, porque esa particular forma de locura consiste precisamente en la alienación del objeto de deseo”. En definitiva, el mito de la mujer fatal no es más que una caricatura del deseo en el imaginario amoroso, jamás describen una relación entre dos personas, sino la instrumentalización de una sobre la otra: no son los atributos de determinadas mujeres sobre lo que se debate, sino de su capacidad para encarnar el deseo de sus enamorados
2.5. En líneas generales un ensayo que revela una serie de obras -la figura trágica de Carmen, Conchita de Buñuel, las mujeres hitchcocknianas, la nínfula Lolita, o los celos en Proust- como artefactos que participan y reaccionan ante una genealogia del deseo masculino. Si bien es un ensayo que da gusto como está escrito (es concisa, es clara y no teme a la terminología), no creo que diga nada nuevo, a pesar de que si que pueda ser revelador para aquelles que no se hayan dedicado a estudios humanísticos de forma activa. Me gustó mucho como relaciona la distorsión del objeto de deseo por la proyección del sujeto con todo un continuum histórico que tapia y ensalza la cultura del amor romántico.
Una buena dosis de female gaze, que siempre viene bien para poder escuchar y sentir la voz inaudible de las mujeres en las historias y mitos de nuestra cultura, en este caso concretamente la de esas famosas "mujeres fatales" (muy entre comillas) en relatos que se suponen amorosos. Alivia e indigna a partes iguales.
Interesante ensayo sobre la mujer fatal a partir del deseo masculino. Es brillante el uso de los ejemplos literarios y cinematográficos en los que se basa la autora. Excelente análisis que nos deja pensando como se ha manipulado la imagen de la femme fatale
Me ha costado un poco (quizás por ser un libro totalmente diferente a los que estoy acostumbrada a leer). Hay capítulos súper interesantes que hacen evidente que mamamos del patriarcado desde que nacemos y que tenemos una serie de roles sociales aceptados que si son analizados y presentados como lo hace Elisenda, estremecen.
“Quizá el mito de la mujer se apague algún día: cuanto más se afirmen las mujeres como seres humanos, más morirá en ellas la maravillosa calidad de la Alteridad. Sin embargo, de momento sigue existiendo en el corazón de todos los hombres.” — Simone de Beauvoir
Bueno pues que decir: feminismo a través de la literatura y cultura popular es lo mio. Este libro no solo ha conseguido que amplie mis conexiones mentales entre autores y obras dispares, sino también a entender y hallar la figura del hombre fatal en nuestra cultura. Es una lectura amena en contendio, si bien se le puede reprochar que a veces, peca de compleja. Aún así, he disfrutado muchísimo de sus argumentos, su exposición y una vez más, de las conexiones entre ejemplos. Una lectura más que va derechita a mis favoritos.
3/5 Me parece interesante el punto de vista de la autora, quien invita a reflexionar sobre distintas obras de literatura, arte y cine que representan el deseo por medio de la belleza femenina, a la que se le atribuye un simbolismo de "mujer fatal" y, por ende, una naturaleza maligna. Analiza personajes bíblicos, literarios y cinematográficos, así como sobre temas como la cosificación femenina y el machismo, donde las mujeres son presentadas como las responsables de la desgracia y la perdición de los hombres.
En general me gustó, pero me decepcionó que abordara a unos pocos personajes, y que no incluyera figuras más conocidas o relativamente actuales. Por ejemplo, si un adolescente o una persona promedio leyera esto, probablemente no entendería mucho, ya que se mencionan películas y libros muy antiguos, además de temas artísticos que suelen pasar sin pena y sin gloria en la vida cotidiana. Tal vez lo único que podría despertar algo de interés serían los personajes bíblicos. Da la impresión de ser un texto dirigido a lectores cultos, con cierto conocimiento sobre pintura, literatura clásica o cine de otras épocas.
Confieso que no conocía ninguna de las historias que se mencionan en el libro (nada culta jaja), y tal vez por eso lo disfruté más, ya que todo me resultó nuevo. Lolita es un libro famoso y polémico, y nunca me ha llamado la atención leerlo, porque no es mi tipo de lectura y sé que no lo disfrutaría, al igual que otros de los títulos que se mencionan en este ensayo.
Aun así, algunas de las historias que analizó la autora y que más me gustaron fueron: 1) Con faldas y a lo loco, 2) Susana y los viejos, 3) Vértigo. Incluso llegué a ver escenas completas de estas películas; la primera fue mi favorita, y probablemente la vea entera pronto. En cuanto a la pintura, me pareció una excelente forma de iniciar el libro, ya que muchas veces no nos detenemos a observar con detenimiento lo que representan las obras de arte.
También me gustó la reflexión sobre la figura masculina detrás de la creación de estas mujeres fatales en el arte. Y sí, resulta interesante ver cómo este estereotipo existe desde tiempos muy antiguos. Sin embargo, no es algo precisamente novedoso; ya sabemos que en el pasado eran comunes esas representaciones. Me gustó que enfatizara en que a la maldad siempre le han dado forma de mujer: sirenas, vampiras, diosas, brujas, mujeres mitológicas o bíblicas, etcétera... Yo incluso agregaría fantasmas (como La Llorona, la Siguanaba y otras leyendas), donde también se victimiza al hombre.
Sentí que faltó una comparación con la actualidad: resaltar que estas ideas siguen vigentes, y dar ejemplos concretos. Mostrar que, a pesar de los avances, aún se sigue viendo a la mujer como un mero objeto de deseo, y que en ciertos contextos una figura empoderada sigue siendo percibida como peligrosa o fatal.
Me gustó el libro, pero siento que se quedó corto. Aun así, plantea ideas interesantes.
"El amor nos vuelve vulnerables." ... "Nadie es perfecto."
"La vida no ocurre en efusiones de ternura. Eso es bueno, exquisito en raros y solemnes momentos. Pero lo que hace dulces los días es la expansión de la mente, la comunión de ideas, el relato confidencial de lo que se ha soñado, de lo que se desea, de todo lo que se piensa."
Si tuviera que señalar un tema al que he regresado una y otra vez a lo largo de este año para reflexionar, sería el deseo, y su otra cara: el consentimiento. Pero especialmente el deseo. Mis reflexiones no han supuesto grandes cambios en mis conclusiones generales, aunque sí han afinado matices, y en esos matices he encontrado estimulantes retos intelectuales. Este libro ha contribuido a ello, no tanto por la tesis que plantea —a la cual ya estaba adscrita antes de que me lo prestaran—, sino porque me ha ofrecido pautas para llevar su análisis al cine, la literatura y el arte en general. Venía de leer ensayos que trataban el deseo vinculado al sistema judicial, a la prostitución, a las relaciones no monógamas, etc., y este libro continúa esa línea, pero centrado en el ámbito artístico.
En general, lo valoro positivamente. Me ha gustado mucho cómo está escrito y, aunque algunas de sus interpretaciones no me han convencido por querer leer más allá de lo que parece haber, la forma en que están planteadas —desde la humildad— invita a discrepar sin incomodidad.
Dicho esto, debo señalar dos errores que me parecen inaceptables en un libro de estas características. El primero, la cita de Kant sobre la degradación moral del amor no es tan cristalina como presume, porque es incompleta. Tras esa cita, Kant continua para afirmar que la única vía para reinstaurar el estatus moral del amor es el matrimonio (el matrimonio es sagrado y la máxima muestra de amor, por supuesto). Bajo esta luz, la cita es menos esclarecedora de lo que pretende.
El segundo error aparece en el capítulo sobre Bouvard y Péuchet. La autora explica por qué renuncia a emplear la lógica del psicoanálisis para abordar el tema y lamenta no poder aplicar algo de psicología. Me parece acertada la decisión de prescindir del psicoanálisis —pues tiene de rigor lo que el cielo de verde—, pero no entiendo por qué extiende esta renuncia a toda la psicología. Dada la tesis que plantea, habría sido casi una obligación recurrir a escuelas psicológicas ajenas a los problemas del dark continent. Esto habría enriquecido su análisis y ampliado el alcance de su argumentación. La única explicación que se me ocurre es que confunda psicoanálisis y psicología como si fueran lo mismo, lo cual evidenciaría una investigación bibliográfica insuficiente en este punto.
Excelente análisis de la mujer en el arte y la literatura desde el imaginario y el deseo masculino. Como bien menciona el texto, la atención debe desplazarse de la figura mítica que es «la mujer fatal», — cuya única cualidad específica es dicha fatalidad —, al hombre que la crea y/o la convierte en un objeto de deseo. Es decir, en el imaginario masculino, la «mujer fatal» pasa de ser una persona a un objeto del deseo y apetito del otro, reduciéndola a una cosa que puede ser tratada y usada como tal por cualquiera. Del mismo modo, la voz de la «mujer fatal» queda silenciada por la narrativa de «sus víctimas», — que se convierte en mártires pese a sus numerosos fallos de criterio y moral —, para, conforme a dicha narración repleta de sesgos, ser condenadas por el imaginario colectivo.
Un punto a destacar, mencionado por la autora, es que la creación de «la mujer fatal» se nos justifica con la existencia en vida real de supuestos «ejemplos más o menos perfectos» de feminidad «prepotente y cruel»; sin embargo, estos mismos ejemplos de masculinidad, de los cuales podemos encontrar en gran cantidad a través de los siglos, no han dado origen al mito del «hombre fatal», evidenciando una vez más, la latente misoginia que impera en la sociedad sin importar la época.
Le doy tres estrellas porque la reflexión se apoya fuertemente en el psicoanálisis, y no me gustó tanto. Pero la reflexión en torno a las representaciones de amor fatal en la literatura uff, me gustó la disección de sus personajes y motivos. Su punto más fuerte es analizar la generalizada del amor (sufrimiento, mujeres-objeto, hombres atormentados) y las obras románticas para desmantelar el mito del amor tortuoso.
x desgracia para el feminismo tengo el spm y he leido la ultima frase de agradecimientos a las 3 de la mañana un 31 de agosto:
"Por último quiero agradecer a Juan Antonio Montiel las innumerables conversaciones lecturas correcciones y sugerencias y en fin su complicidad, que me hacen dudar de que los amores providenciales sean tan solo un sueño"
"La supuesta fatalidad de todas esas mujeres imaginarias, cuyas cualidades específicas parecen ser destrozar a quienes las aman no sería entonces inherente a ellas, sino el resultado inevitable de una determinada concepción del deseo, una de cuyas características es la de convertir a su objeto, la persona a la que se dice amar, en fetiche y, al fin, fatalmente, en cadáver."
3'5* Un libro interesante que te muestra cómo el estereotipo de la femme fatale es creado a través de la mirada masculina. Utiliza unos ejemplos muy conocidos, cosa que aligera la lectura. El capítulo sobre Hitchcock es en el que me pareció que más se enrollaba sobre el mismo concepto. Sin embargo el prólogo me pareció sublime.
Interesante perspectiva sobre un mito moderno com el de las mujeres fatales. Una mirada a la subjetividad masculina, al imaginario del deseo masculino y su evolución.
La tercera lectura de “Lolita” me descubrió, así, que la enésima metamorfosis de la mujer fatal, la nínfula, era una vez más el producto de la fantasía desbocada de un hombre.
Qué importante es revisar lo ya construido para desmitificar los arquetipos que damos por sentados, aprender sobre ellos, entender de dónde vienen y vislumbrar otras perspectivas.
Muy ligerito, se lee muy bien, da ideas sobre cómo ir cambiando el foco en la forma de mirar cualquier producto cultural. Lo mejor, sin duda, el final analizando "Con faldas y a lo loco".