Raquel Robles arroja al aire tres momentos en la vida de una mujer en su odisea por perderse y luego reencontrarse a través de un libro y las memorias que éste guarda. El primero en la desesperación de una pérdida, un fracaso y la decisión de huir. El segundo en la cotidianeidad monótona y los pequeños tintes de color en los días. El último, en una historia de amor perdida y la posibilidad de volver a encontrar un sentido en el pasar del tiempo. La obra es una mirada omnipresente hacia la cualidad de ser mujer, de sentir empatía infinita hacia decisiones que no se pueden controlar, y, además, de ser lectora.
Sin principio, y no precisamentecon un final. Fue interesante la lectura. Muchas de las páginas las leí en el tren elevado camino a algún lado. Poco a poco te familiarizas con el correr extraño de libro y más aún con la voz de la personaje, al punto que llegas a asentir ante una que otra de sus reflexiones en sus peripecias por una ciudad como tan prosaica, gria, insensible, impredecible y maravillosa como cualquier otra. Mientras más lees, más superas el no saber exactamente que ha pasado, y empiezas a presentir verdades que evocan realidades propias, sin que realmente importe si la siguiente página responde tus dudas sobre la historia o no.
Podemos seguir a una mujer sin nombre, de la que sabemos vivió un trauma con la pérdida de alguien cercano (yo supongo hijo, pero nada se confirma en el libro), y la vemos alejarse de su marido, perderse en su vida como si todo fuera una bruma, lo que hace que las ideas no parezcan tener conexión entre sí. Muchas veces empezamos con una idea, y luego se desvía por otros lados, a veces regresa y a veces no, pero creo que esto refleja mucho la situación mental de la mujer, por lo que te sientes tan perdida como ella. Este tipo de narrativa no suele ser mi estilo, lo encuentro desorientador porque se parece mucho al proceso que pasa en mi mente cuando me disocio. Sin embargo, es una lectura diferente a las que hago, ciertamente inusual. Me imagino que no será el libro para todos.
La última lectora es una novela contemporánea de la escritora, periodista y docente especializada en gestión de instituciones educativas, originaria de Argentina, Raquel Robles. Consta de tres secciones. En la primera parte, una mujer cuyo nombre es desconocido sale de su casa, un hombre la llama, pero ella no contesta y continúa caminando hacia un parque en donde sufre un ataque y termina en un hospital en la madrugada. Como lectora, hasta este punto yo ignoraba todo sobre esta mujer. Sin embargo, seguí leyendo las otras dos secciones más. En la segunda parte, una mujer trabaja en una oficina subterránea, ella hace diseños de letras en tinta negra, se ensucia sus manos trabajando durante ocho horas, permanece callada y sumida en sus pensamientos por largo tiempo; ella platica solamente con un hombre quien se dedica a reparar antiguas máquinas de escribir en el mismo piso subterráneo de la oficina de ella. En la tercera parte se desvela el misterio de la vida de esta mujer sin nombre. En las anteriores, se había comentado de la pérdida de un menor, de la huida de la mujer sin retorno, del contenido de su bolsa -un libro, una cucharita-, de su indiferencia hacia el maltrato que sufrió. En estas breves páginas, como lectores, conocemos la razón de todo esto y surge un tipo de desenlace. Aunque no es muy claro en cuanto a la relación con el hombre, sí sabemos el lugar donde permanecerá la mujer y su decisión en cuanto al futuro para ayudar a quienes más la necesitan. No tenemos certeza del tiempo en cuanto a la época en que se desarrolla la trama. Lo que sí se menciona es una diferencia de cinco años entre la huida de la mujer y el encuentro con el hombre. Esta es la primera novela que leo de la autora, me pareció algo fragmentada más no por eso deja de ser interesante. No la recomiendo para quienes buscan conocer algo referente a los lectores o a los libros ya que muy pocos son mencionados y es casi al final del relato.
Es una lectura rápida y curiosa. Tiene una narración algo similar con la de Javier Marias (habla de una cosa, termina en otra y regresa a la idea inicial), la historia es corta y en algunos momento reflexiva. En cuanto a su formato no cuenta con espacios y no está dividida en capítulos como tal y eso puede provocar que el texto se vea muy largo o pesado.
Me gusto el final y creo que tiene buenas frases, pero como que no se entiende bien a donde quiere llegar la mujer con lo que hace. Es bastante confuso.
no me atrapó en lo absoluto, lo terminé de leer solamente porque no me gustan las lecturas incompletas, solamente el final fue algo que me pareció algo interesante