Une version revisitée en BD des aventures du fameux détective imaginé par Jean Ray. Un dessin ligne claire pour des récits qui reprennent tous les ingrédients de cette littérature policière capable de basculer à tout instant dans le fantastique. Un clique.
En muy pocas ocasiones me encontré frente a un problema tan angustioso, pues lo imposible, lo inverosímil y lo fantástico se mezclaban continuamente.
La historia comienza cuando Dickson y su ayudante Tom Wills quedan varados cerca del siniestro dominio de Cricklewell. Allí descubren un mundo de pesadilla oculto en Londres, donde lo fantástico y lo criminal se entrelazan. El misterio involucra la caída de objetos celestes, desapariciones inexplicables y la presencia de Gurrhu, una criatura de aspecto inhumano y origen incierto. En una carrera contra el tiempo, el detective deberá enfrentar a una organización despiadada y resolver un enigma que desafía toda lógica científica.
"El templo de hierro" es uno de esos relatos donde Jean Ray deja claro que el detective clásico solo es una excusa. La novela arranca como un caso policial, pero pronto se desliza hacia un fantástico opresivo, casi febril, donde la acumulación de horrores importa más que la coherencia científica. Ray escribe con desparpajo pulp, sin pudor por el exceso: monstruos, sacrificios, civilizaciones ocultas y ciencia imposible conviven sin jerarquías. El ritmo es irregular, a ratos atropellado, pero esa misma desmesura construye su encanto. No busca verosimilitud, sino inquietar. Y lo consigue: el misterio no se resuelve, se clausura a la fuerza, dejando una sensación incómoda, como toda buena pesadilla.