Tenía muchas ganas de leer The Good Asian porque su propuesta me parecía muy potente: un noir ambientado en los años 30 que, además del misterio, aborda el racismo hacia la comunidad china en Estados Unidos. Sobre el papel, la idea es brillante.
La ambientación está muy conseguida. Ese aire de novela negra clásica, con calles llenas de sombras, tensiones sociales y personajes que parecen moverse constantemente entre distintos mundos, funciona muy bien. El dibujo acompaña perfectamente ese tono: elegante, sobrio y muy coherente con la atmósfera de la historia.
Sin embargo, la lectura se me hizo más ardua de lo que esperaba. El guion introduce muchos personajes, nombres y subtramas que se cruzan continuamente, y en varios momentos me encontré más pendiente de recordar quién era quién que de dejarme llevar por la historia. Entiendo que esa complejidad forma parte del propio estilo del noir, pero aquí la densidad narrativa terminó dificultando un poco la lectura.
Aun así, hay algo en el fondo de la obra que me interesa mucho más que el propio misterio: esa sensación de vivir entre dos identidades, de pertenecer y no pertenecer al mismo tiempo. En ese sentido me recordó a Memorias de Harmony, por esa melancolía que atraviesa a los personajes y que termina pesando más que la propia intriga.
En conjunto, es una obra ambiciosa, con una atmósfera muy lograda y un trasfondo temático muy interesante. Quizá, al menos para mí, es uno de esos cómics que se admiran más de lo que se disfrutan.