Este libro comienza con las siguientes palabras: Avanzamos temblando. Hay algo delicado, frágil y, al mismo tiempo, contundente en la escritura de Léger, que intenta responder si es posible contar la muerte de una persona amada. En la línea de libros como El año del pensamiento mágico de Joan Didion o Diario de duelo de Roland Barthes (de quien casualmente Léger era una de sus discípulas predilectas), En busca del cielo se atreve a habitar el hueso del dolor y la pérdida. El espacio donde estás ya es inaccesible, ya no existes, cómo entender eso, ya no existes, grito. A través de la escritura, aquello imposible de entender se condensa, se densifica, como si narrar esta muerte fuera la única manera que tiene Léger de integrarla a su vida. La autora de Sobre Barbara Loden logra escribir sobre el dolor con inusual belleza.
Léger se resiste a caer en los lugares comunes a los que, como una pendiente empinada, parecieran empujarla los hechos. Los gestos teatrales, el llanto, las genealogías de la lamentación. Pasa por ahí, pero no es lo suyo. Más bien intenta darle voz a un inventario im¬posible: lo que hay, lo que ya no hay, qué es lo que queda de ese otro que fue hasta hace unos segundos lo más importante. Da lugar al cuerpo y también al alma. A veces lo llama él, a veces tú. A veces usa el presente, a veces el pasado. No se puede saber nada del amor ni se puede saber nada tampoco sobre la muerte, dice. Se detiene en lo incierto, lo que no está en ningún lado, lo que se esfuma.
Nathalie Léger is an award-winning French author living in Paris, as well as an editor, an archivist and a curator. Supplément à la vie de Barbara Loden won the prestigious Prix du livre Inter 2012, voted for by readers across France. Other works include L’Exposition (2008), a semi-fictionalised essay about the enigmatic Countess of Castiglione, the most photographed woman in late 19th century Paris; and Les Vies Silencieuses de Samuel Beckett (2006). She curated the 2002 exhibition on Roland Barthes and the 2007 exhibition on Samuel Beckett, both at the Pompidou Centre. Since 2013 she has been the Director of the Institut Mémoires de l’Édition Contemporaine (IMEC), a unique cultural institute dedicated to the archives of 20th and 21st century French writers.
Léger escribe muy bonito, pero hay que encontrar otra forma de escribir la muerte que no sean las lágrimas y el vacío; tiene que haber una forma de escribir la pérdida que no sea literalmente escribir "perder"; hay que ir atrás de las palabras para que la iluminación literaria rebose la pena. Empieza como novela dislocada y sigue como ensayo anclado (referencias, lenguaje pseudoacadémico, etc. demasiada seriedad que cualquiera podría tener). De manera solipsista me hace preguntarme por qué digo que no ilumina si para tanta gente en las reviews ha iluminado. La respuesta es obvia.
I'm not like them, but I can pretend the sun is gone but l have a light the day is done but I'm having fun I think I'm dumb
4,5 seguramente. Me costó un pelín entrar, pero luego... subrayados, más subrayados, notas al margen, reflejos nítidos, reflejos otros, del paisaje de los espejos juguetones. Preguntas que me he hecho, preguntas que no me haría, preguntas que me hicieron sin importarles la respuesta, respuestas que se me revelaron (otras que se me rebelaban).
Es un libro chiquito que creo que puede sembrarde palabras para quienes nos relacionamos con la Muerte más de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, en ese primer silencio que se extiende por un momento de tiempo voluble en el que no nos llega el aire, ni las palabras, ni la realidad nos alcanza, ni desde luego las peticiones de ayuda encuentran camino para salir.
Ojalá nos la ofreciera por el camino más a menudo. Ojalá sitios donde hablar de la Muerte no fuera un signo de locura, pero ojalá también supieramos acogerlas y arroparlas con cuidado a ambas, locura y muerte, cuando las veamos tropezando juntas.
Sentido y conciso. De un estilo propio, por momentos rasposo y agresivo. Gracias a estas páginas conocí el relato 'El altar de los muertos' de Henry James. Lo cual siempre estaré agradecido. Si alguien lee esto, es por algo. Confíen en que deben acercarse a ese relato.
“No se puede saber nada del amor, ni se puede saber nada tampoco de la muerte. Avanzamos a rastras, avanzamos sin tener la menor idea pero con un tacto infalible”
Sabía que me iba a doler. Uno de los temas que más me gusta leer es el relacionado a la pérdida y duelo de diversa índole. En este caso, Nathalie Léger plasma en el libro el proceso de duelo por la muerte de su esposo.
Este libro es corto y precioso, lleno de cuestionamientos, críticas y reflexiones, pero también nos muestra escenas de su vida presente y pasada, los autoengaños en los que incurre, cómo lidia con el vacío y la ausencia. Una de las cosas que más me ha conmovido es cómo narra su vulnerabilidad, esa manera de expresar sus emociones a través del llanto incontrolable, incansable, inagotable como quien emana ríos por los ojos formados por un conglomerado de emociones que se desbordan de uno mismo. Me sentí muy identificada con eso.
Otra cosa interesantísima es cómo el libro fluye con el proceso. Empieza hablando en plural, luego en singular. A veces habla en presente y otras en pasado. A veces lo nombra en tercera persona, otras en segunda persona. Eso refleja lo que sucede en su mundo interior. Siento que le da poder a la narración. Y ni que decir de esa angustia que se escapa del libro al rememorar los momentos previos a la muerte y después de ella, simplemente desgarrador.
A pesar de todo ello, el ánimo del libro no es conmovernos. Se nota. Es un libro íntimo, en donde la escritora solo ha buscado nombrar lo que no se puede hacer con tanta facilidad con la palabra hablada. Valiente y transparente. Así es Nathalie Léger.
Finalmente, recomiendo leer el prólogo al terminar el libro, es mejor sumergirse sin ninguna explicación previa.
"Escuche, señora —dijo la voz, exasperada—, si quiere que salvemos a su marido, deje de llorar". Desde entonces sigo pensando en esa prohibición. No llorar, para salvarlo. No darse vuelta, no llorar. Al día siguiente, después de salir del subsuelo del hospital, donde los médicos se habían empecinado inútilmente en encontrar alguna vena potable en las profundidades anquilosadas de su cuerpo, le pregunté si le había dolido mucho, y me dijo: "No sé si me dolió, la verdad solo podía pensar en una cosa: espero que ella no llore mucho". Ya no hay tiempo. Todo falló. En esa escalera empinada que emergía de la oscuridad quise abrazarte, traerte de nuevo a nuestra vida, preservarte de todo, me di la vuelta, me dejó estupefacta tu debilidad, tu mirada dolida, no pude evitar las lágrimas, no pude evitar los sollozos, la debacle del llanto, no supe salvarte.
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Non sei se é por todas as despedidas que tiven que afrontar este ano, nin pola inevitable ausencia que noto dunha das persoas que máis quixen na miña vida, nin por toda a xente que quixen axudar e non puiden ou porque non paro de pensar obsesivamente na morte dende xaneiro. Non sei se serán estas as razóns, pero esta é a experiencial máis visceralmente emocional que tiven cun libro en moito tempo. Asfixiado en puro chorar.
“Somos iguales. Todos nos desesperamos en el calor de las ciudades. Abrimos una cerveza, una lata de sardinas, alguien se murió, alguien te dejó, algo se rompió, se estropeó, se fue, se perdió, algo sigue siendo inalcanzable, indescifrable. “
Hay algo en el duelo que es circular. Volvemos una y otra vez a los mismos momentos, a las mismas ideas, a los mismos pensamientos obsesivos. Este libro es un poco eso, difícil de clasificar, pero me recordó mucho a la experiencia del duelo.
Lo leí por recomendación de Malena Rey en Algo Prestado (el podcast conducido por Tamara Tenenbaum, en el que colabora). Lo conseguí en francés, entonces eso probablemente limitó la comprensión del texto. Sin embargo, pude apreciar su enorme sensibilidad y contenido poético sobre el duelo y la viudez.
Me resultó muy interesante la reflexión que presenta la autora sobre la literatura como distanciamiento de ese sufrimiento, así como su interés por la lengua y sus usos en torno a la muerte. Hablar en pasado del muerto es de alguna forma traicionarlo, pero hablar en presente nos hace quedar como locos, entonces plantea Léger sería necesario inventar un nuevo tiempo gramatical para hablar de él, a quien quiere mencionar todo el tiempo en sus conversaciones como muestra de fidelidad.
"De todo, de la existencia (esta belleza, esta magnitud), lo poco que queda, cuando queda, no está hecho, no estará hecho más que de nombres, de palabras"
Contar el desgarrarse de un alma, mezclar hermosamente el dolor, con el recuerdo y la alegría de lo vivido. Es éste un libro de duelo en el que Leger relata el rápido deterioro y muerte del amor de su vida. "No se puede saber nada sobre el amor ni se puede saber nada tampoco sobre la muerte", dice, y al mismo tiempo hace el intento de atravesar ese proceso. Recuerda los caminos recorridos por quienes buscaron el mismo propósito, Barthes diciendo: ¿Qué es lo que puede saberse de la muerte en una vida?, o preguntándose "¿Para qué sirve la literatura?" y la respuesta: "Para sufrir menos (...) La literatura es distancia, un distanciamiento aplicado por el exceso de palabras a la viscosa manía de sufrir". "Escucha, escucha mi voz que te llama.", dice Leger, y siento que este libro es eso: un llamado eterno.
“Un buen tema te toma siempre por sorpresa, te arrastra.” Y también: “Una no escoge el tema, el tema te escoge a ti.” Pero sobre todo: “Como la muerte, y una o dos cositas más, el tema es simplemente el nombre de lo que no es posible decir.” Muito recomendado
Que delicado y que bien escrito. Es super cortito asi que lo recomiendo muchisimo literal usando las palabras y metaforas exactas para hablar de la muerte y el vacio. Muy contenta de haberlo descubierto!!!
Hace mucho que no leía un libro que me haga suspirar, hablar en voz alta y tener que frenar de lo increíblemente bien escrito que está. Tuve que administrarlo unos días para no terminarlo en una sentada.
El duelo y la pérdida se convierten en palabras. Sigo sin creer algunas cosas que leí. Ojalá en algún momento pueda escribir de la forma que lo hace la autora.
Para no explayarme más, dejo un apartado del libro:
"La anteúltima mañana se despertó sobresaltado y dijo, Tengo miedo. Implosión sorda justo en medio de la existencia. Tomé con mucho cuidado su mano, mientras buscaba las palabras justas. Quería lavar y vendar la herida horrible, de su miedo: no es algo que se puede hacer con palabras. Las busqué, y no las supe encontrar. Y sin embargo, el sentido de una vida depende de eso. Era el último refugio que nos quedaba y no las supe encontrar"
No me cabe la menor duda que escribir sobre la ausencia de alguien querido es directamente dedicarle una carta de amor. Emoción primigenia que sale del saber que nunca más veras a esa persona y que de ahora en adelante beberás de los recuerdos.
Que difícil la despedida que no se vio venir, las cuentas pendientes, lo que persiste y no se va: un olor, un objeto, un lugar habitado… porque la ausencia y el recuerdo van de la mano.
“Recordamos, cuando recordar es posible, cuando estamos lo suficientemente en paz como para dejar que las imágenes cobren forma…”
Muy generosa Nathalie Léger que, sin duda, este libro, y en general todos los libros que hablan sobre la muerte y el duelo, suponen un ejercicio magistral sobre abrirse en canal, exponerse, sacar la vulnerabilidad que provoca la tristeza, la pena, la rabia… Y cómo la literatura parece un oasis entre tanto ruido. Y la escritura también. En palabras de Barthes: “¿para que sirve la literatura? Sirve para sufrir menos”.
Aquí tenéis 76 páginas desgarradoras con brillantes fragmentos.
Es acongojante lo que puede hacer el lenguaje cuando entran las palabras bien usadas a colarse justo ahí, entre un órgano y otro. Cuando no te entiende nadie, si no hay, no puede haber, no habrá jamás, consuelo ninguno para las cosas más terribles, igual, y por dicha, está la palabra sana, que combinada con otra intenta decir cómo duele y por qué duele la herida.
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“¿Para qué sirve la literatura? ¿Para qué sirve esta incongruencia social? Se pregunta Roland Barthes. Sirve para sufrir menos.”
"Circulan a paso lento, examinando cada uno de los nombres grabados en la piedra, leyendo las fechas, haciendo cálculos, reconstruyendo, genealogías, queriendo adivinar en el conjunto de esos caracteres el sentido disperso, desconocido, de esa persona que ya no existe. De todo, de la existencia (esta belleza, esta amplitud), lo poco que queda, cuando queda algo, solamente está hecho, estará hecho, de palabras."
En busca del cielo se atreve a habitar el hueso del dolor y la pérdida: "el espacio donde estás ya es inaccesible, ya no existes, cómo entender eso, ya no existes, grito".
Vacío, ausencia, impotencia, qué poco valoramos la vida y la presencia a veces y, solo cuando ya es tarde, pensamos que ojalá......
Libro muy muy triste, de la pérdida del ser más querido con el que compartía su vida -su pareja-, con un destello final de "luz" o de sosiego/calma, como una clarividencia, una iluminación que le sobreviene a la mente dándole paz...
"Una última vez quise retenerte, pero era demasiado peso para mí, demasiado porque ahora eras dos, la muerte y tú".
"¿Pero qué había para saber, qué es lo que puede saberse en una semanas, qué es lo que puede saberse de la muerte en una vida? (...) No se puede saber nada del amor, ni se puede saber nada tampoco de la muerte".
" -Vine porque te oí estornudar, me dio ternura, el minúsculo tributo de esas cosas ínfimas que dan forma al amor".
"<> Y lo dijo con un desprecio tan altivo que el otro seguramente entendió que la parte más noble del amor se le había escapado hasta ese momento."
Es un libro autobiográfico en el cual se halla un relato sin escrúpulos sobre el fallecimiento del compañero de vida de la escritora. Léger relata el duelo demostrando la profundidad del dolor que una persona puede atravesar, sentir y vivir al perder del plano factible a ese ser amado. ¿Cómo se vive con ese dolor? ¿Cómo se sobrelleva la pérdida? ¿Hay posibilidad de seguir la vida propia? Y si la hay, ¿cómo es posible? Es cruda y real, nos deja ver su herida, la cual está abierta, intacta, y arde con el correr de cada segundo. Es una descripción absoluta del proceso del duelo; Léger construyó un relato exquisito y arrollador en partes iguales.
"[...] ese presente que se vaciaba de tu presencia [...]" (p. 49) "[...] la ficción de tu presencia me tranquiliza un poco, alivia el miedo de saber que no vas a volver nunca." (p. 52) "Cuando estoy charlando [...] me dan ganas a cada rato de hacerte un lugar." (p. 53) "¿Para qué sirve la literatura? ¿Para qué sirve esta incongruencia social? [...] Sirve para sufrir menos." (p. 60)