John Buchan (1875-1940), Barón de Tweedsmuir, nació en Escocia y estudió cultura clásica en Oxford donde inició su carrera literaria. Fue abogado, editor, periodista y diplomático. Reportero para The Times y oficial de Inteligencia del Ejército Británico durante la Primera Guerra Mundial, en 1935 es nombrado Gobernador General de Canadá, puesto en el que alcanzó gran popularidad por su defensa de la diversidad étnica y cultural del país. Considerado el pionero de los thrillers de espías, Buchan publicó un centenar de obras –novelas, ensayo histórico, biografías y poesía–, aunque no alcanzó la fama hasta que Alfred Hitchcock llevó al cine su novela «Los treinta y nueve escalones» en 1935. La presente edición reúne trece relatos, de los que seis pertenecen a «The Runagates Club», una colección de cuentos en la que el autor da voz a los miembros de un Dining Club muy particular, un grupo de amigos que se reúne para recordar viejos tiempos y contar aventuras curiosas vividas por sus socios. Los relatos de esta antología nos hablan de presencias paganas ancestrales, antiguas leyendas, apariciones fantasmales... pero, lejos del melodrama gótico más truculento y explícito, estas historias están presididas por una sutil ambigüedad que logra hacer compatible la explicación racional y la interpretación sobrenatural de lo narrado. Buchan recurre a menudo a baladas populares, leyendas y criaturas mitológicas de la tradición escocesa, como en “Skule Skerry”, “Marea baja” o “Tierra de nadie”. Mención especial merecen “Tendebant Manus” –una pequeña obra maestra sobre un hombre “poseído” por la personalidad de su hermano muerto– y “Punto de partida”, posiblemente uno de los mejores y más originales relatos de casa encantada jamás escritos.
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John Buchan was a Scottish novelist, historian, and Unionist politician who served as Governor General of Canada, the 15th since Canadian Confederation. As a youth, Buchan began writing poetry and prose, fiction and non-fiction, publishing his first novel in 1895 and ultimately writing over a hundred books of which the best known is The Thirty-Nine Steps. After attending Glasgow and Oxford universities, he practised as a barrister. In 1901, he served as a private secretary to Lord Milner in southern Africa towards the end of the Boer War. He returned to England in 1903, continued as a barrister and journalist. He left the Bar when he joined Thomas Nelson and Sons publishers in 1907. During the First World War, he was, among other activities, Director of Information in 1917 and later Head of Intelligence at the newly-formed Ministry of Information. He was elected Member of Parliament for the Combined Scottish Universities in 1927. In 1935, King George V, on the advice of Canadian Prime Minister R. B. Bennett, appointed Buchan to succeed the Earl of Bessborough as Governor General of Canada and two months later raised him to the peerage as 1st Baron Tweedsmuir. He occupied the post until his death in 1940. Buchan promoted Canadian unity and helped strengthen the sovereignty of Canada constitutionally and culturally. He received a state funeral in Canada before his ashes were returned to the United Kingdom.
El cuento Doctor Lartius está más desarrollado en mi podcast Dragones y Replicantes el programa dedicado a los 10 mejores relatos leídos en este 2022: https://go.ivoox.com/rf/103383483
Si sois aficionados al terror probablemente hayáis oído hablar de películas como La bruja o El faro, de Robert Eggers, y Midsommar, de Ari Aster, tres grandes cintas de horror que la crítica más snob y el público más gafapasta, siempre necesitado de una justificación por disfrutar de productos poco respetables para la crítica más ortodoxa, han definido pomposamente como "terror elevado". Desdeñando la condescendencia de la catalogación, estas tres cintas tienen algo en común: pueden englobarse dentro de un género marginal, adscrito a un momento y sensibilidades muy concretos, que ha permanecido en aparente hibernación hasta estos últimos años. Sí, hablamos de folk horror, de terror rural, paganismo, brujería y miedo a la naturaleza salvaje e indómita. Un género que, si bien nació en el cine durante finales de los sesenta y principio de los setenta, como una "celtificación" británica del movimiento hippie y psicodélico en clave siniestra, hunde sus raíces en la literatura de terror inglesa finisecular y de principios de siglo, teniendo a Algernon Blackwood y Arthur Machen como claros precursores. Pero faltaba una tercera raíz, un tercer pilar, célebre por ser el creador del género de espías, cuya vis terrorífica me había pasado desapercibida por completo. Hasta ahora.
Valdemar, en su ambiciosa empresa de rescatar a autores olvidados, se la vuelve a jugar publicando la obra terrorífica del padre de Los 39 escalones, John Buchan. En su época autor de bestsellers, su obra fue llevada al cine por el maestro Hitchcock -según dice Jesús Palacios en su prologo, tomándose numerosas licencias. Sin embargo, en esta colección de 13 relatos sólo encontraremos uno en que el espionaje aparece, y solo indirectamente; el resto pueden englobarse en lo que el subtítulo ambiguamente califica de "ficción oscura". Jesús Palacios -su prólogo es imprescindible- destaca la ambigüedad con que Buchan desarrolla su terror, que no suele explicitar su componente sobrenatural y deja a la imaginación del lector si lo que hemos leído es un desvarió de los personajes o algo genuinamente inexplicable.
Los cuentos que reúne la colección son los siguientes:
El vigilante en el umbral (***): el protagonista recibe una preocupante misiva de su prima acerca de la salud física y mental de su marido. Un relato en que destaca esa ambigüedad que menciona Jesus Palacios, donde es un objeto del mundo antiguo el que ejerce un sutil efecto sobre la psique de uno de los personajes. No es de los mejores relatos, aunque resulta simpático por la pusilanimidad del protagonista, muy humano, más parecido a Carnacki, el detective sobrenatural de Hodgson, que a los hombres de acción que protagonizan los siguientes relatos.
Basilissa (**): un relato de aventuras con un elemento sobrenatural. El protagonista, desde pequeño, sufre la misma pesadilla cada año y siempre en la misma fecha. Siguiendo las veladas pistas de su sueño, decide armarse de entereza y desafiar a su destino. Digamos sencillamente que no sé muy bien qué hace este relato aquí.
Marea Baja (***): el primer relato en que se utilizan las baladas tradicionales escocesas para crear una historia de predestinación y brujería. Un cuento interesante, con poderosas descripciones del paisaje escoces. Buchan es un muy buen paisajista, mucho más conciso y pedestre que Blackwood.
Tierra de nadie (****): hay un subsubgénero muy oscuro dentro de este proto-folk horror que tiene por protagonista al llamado "Pueblo pequeño", una raza subterránea, maliciosa y agresiva, presuntamente descendiente de los pictos, que fueron relegados a las cavernas por la imposición de los britanos, primero, y de los sajones y vikingos definitivamente. Robert E. Howard los introduce en sus historias y los retrata como un grupo humano degenerado, volcando en ellos todo el racismo propio del convencido determinista biológico, que veía en el desarrollo embrionario humano una serie de las distintas etapas evolutivas humanas que iban desde los simios hasta el europeo -por supuesto, el estadio definitivo y perfecto de la evolución-, quedando entre medias los fenotipos negroides y mongoles, fenotipos a los que se podía regresar. Os podéis imaginar el daño que esta doctrina seudocientífica ocasionó durante la primera mitad del siglo XX. Para Howard, esta regresión evolutiva es la que da lugar al Pueblo Pequeño, a la que ya luego sazona con los elementos celtas y paganos originales. Este pueblo misterioso también protagoniza varias historias de Machen, que prescinde del componente "científico" para quedarse solo con las fuentes tradicionales, aunque pasándolas por su personal misticismo. El pueblo pequeño sirve a John Buchan para crear una divertida, y a ratos aterradora, historia de aventuras, un hibrido muy disfrutable entre las fantasías guerreras de Howard y las pesadillas numinosas de Machen, prescindiendo del desagradable toque racista, que nada aporta a una historia protagonizada por criaturas fantásticas.
Espacio (****): Buchan no era ajeno al movimiento espiritista ni a las nuevos modelos físicos y matemáticos que tan embelesados tenía a la sociedad inglesa de principios de siglo. En este relato seguimos el testimonio de un matemático que, a base de puro razonamiento, comienza a vislumbrar una nueva dimensión, un terreno inexplorado en la que es fácil extraviarse. Recuerda ligeramente a esos pasajes psicotrópicos de Lovecraft y, por supuesto, a las rutas utilizadas por los sabuesos extradimensionales de Belknap Long, ambas herederas del experimento mental protagonista de La estancia oscura de Leonard Cline.
La arboleda de Ashtaroth (****): como ya he mencionado antes, el concepto pseudocientífico de determinismo genético y memoria racial tuvo una importante aceptación a principios de siglo XX, con terribles consecuencias para numerosos grupos humanos. En este relato colonial, el protagonista es testigo de como su amigo construye su Xanadu en tierras vírgenes sudafricanas, muy cerca de una arboleda con un santuario fenicio o sabeo. Al igual que en el primer relato, esta reliquia pagana sacudirá el acervo genético del incauto colono, desatando el horror. De los mejores relatos: qué descripciones.
El valle verde (****): un relato mucho más contemplativo, pero no por ello menos disfrutable. El protagonista nos comparte su fascinación por un apartado pastizal escoces que solo él parece encontrar atractivo y sugerente. Dicho paisaje aparentemente anodino ha sido el campo de batalla entre dos clanes escoceses durante siglos, dejando una impronta sangrienta. Este es un relato que merece la pena sólo por la fuerza y el cariño con que Buchan da vida a un escenario tan poco atractivo como puede serlo un páramo con un arroyo.
El ñu verde (****): como haría Kipling en su La marca de la bestia, una infracción contra los poderes nativos tiene trágicas consecuencias para el transgresor. Otro relato gótico colonial muy divertido. Llama la atención como, siendo tanto Kipling como Buchan representantes de esa oscura etapa imperial del Reino Unido, suelen castigar a sus personajes por no comprender y abusar de los pueblos colonizados. Pese al paternalismo, se trasluce una crítica a la colonización agresiva, que no al acto colonizador en sí.
Dr. Lartius (*****): mi relato favorito de la colección, en el que un espiritista se gana el favor de las damas de la alta sociedad consolándolas gracias a la información que sus poderes extrasensoriales le proporcionan del frente de batalla, donde combaten sus maridos e hijos. Tal es su celo desinteresado que pronto comienzan a aflorar las sospechas sobre el médium. Cuanto menos se diga de este relato, mejor: es una verdadera delicia.
El viento en el pórtico (***): otro cuento de folk horror clásico en el que un objeto -en este caso, un lugar- obra una transformación en un personaje. Lo más destacable es el desaforado clímax de la historia.
Skulle Skerry (***): un ornitólogo decide poner a prueba su hipótesis sobre la migración de las aves polares yendo a una islote deshabitado al norte de Escocia. La soledad, el riguroso clima y la pésima fama del lugar pronto harán mella en la mente del protagonista. De nuevo es el folclore escoces el elemento principal y terrorífico de la historia. En este caso, la explicación racional desmerece el conjunto.
Tendebant Manus (****): tras la muerte de su hermano en el frente de batalla, un mediocre político se convierte en una de las figuras más importantes de la sociedad inglesa por sus sencillos aunque aplastantes discursos. Un relato de suplantación espiritual al uso pero muy bien narrado, con una fluidez casi hipnótica.
Punto de partida (****): Jesús Palacios define este relato como una de las historias de casas encantadas más originales que se han escrito. Confirmo total y absolutamente. Eso sí, no es un cuento de terror.
Una colección redonda, de las mejores que Valdemar ha sacado al mercado recientemente e indispensable para cualquier aficionado al terror. Estas son las antologías que hay que comprar si o sí, pues hay que premiar la valentía de editar algo tan atrevido y marginal como Buchan. De hecho, a día de hoy no sé siquiera si quién edita Los 39 escalones, la obra más famosa del autor. Ese es el estado de que goza el escocés en el mercado español.
Algunos los había leído y otros no. En general la recopilación me ha gustado mucho, un par por ahí no fueron del todo del todo de mi agrado, pero de igual manera no los encontré malos. Descubrí algunos relatos que amé.
Le pongo 5 estrellas porque este libro merece más del 4 que tiene ahora mismo. Al terminar el libro me he quedado con (más) ganas de irme a vivir al campo, alejado del mundanal ruido y entrar en contacto con esos dioses y templos naturales paganos, de cuando el hombre estaba plenamente en contacto con lo natural y sabía interpretarlo.
El libro empieza fuerte con "el vigilante en el umbral". "Basilissa", a pesar de desentonar un poco por temática me ha parecido tremendamente sugerente, tanto como para ir apuntando fechas de sueños recurrentes. "Marea baja" es quizá algo más flojo aunque la presencia de la festividad pagana de Beltane, presente a lo largo de varios de los relatos que componen el tomo, siempre es de agradecer. "Tierra de nadie" es muy Machen. "Espacio" es posiblemente el relato que menos me ha gustado junto con "Dr. Lartius". Entre mis favoritos destacaría "el viento en el pórtico", "el valle verde" (quiero irme a vivir a ese valle!!) "Tendebant Manus" y "Skule Skerry".
Se trata de una colección de relatos, en general, bastante interesantes. Como característica general, los protagonistas suelen ser productos de imperio británico de la época victoriana, personajes valientes, toscos, rudos, carentes de imaginación. El entorno, suele ser una casa, un bosque, el remanso dPunto de Encuentro una sutil historia sobre una casa de campo que poco a poco va cambiando la personalidad y el aspecto de sus habitantes. En Skule Skerry un aficionado a los pájaros acampa en un islote y pronto empiezan a ocurrirle una serie de calamidades. Este relato tiene, para mi gusto uno de los finales mas notables para este tipo de historias. Viento en el Pórtico relato que da nombre a la antología es una apasionante historia de una casa campestre a la que se le adosa un templete pagano, o al menos parte del templete. Tendebant Manus un hombre que es poseido por el espectro de su hermano muerto en las trincheras de la Gran Guerra, una mano tendida pero en ambas direcciones.... En definitiva un estupendo libro
Recopilación de cuentos enmarcados en los que Jesús Palacios denomina en su prólogo 'folk horror'. La mayoría ambientados en Escocia, son más fantásticos que terroríficos, pero suelen tener una atmósfera inquietante muy conseguida. Como toda recopilación de cuentos, los hay mejores y otros menos interesantes, pero los primeros sobrepasan de largo a los segundos. Y la edición de Valdemar, estupenda, como siempre
Relatos del llamado "Folk horror". Me han parecido interesantes, no son relatos al uso con explicaciones al misterio, sino más bien horror cotidiano. Como un extraño viento soplando en el Pórtico, o una casa que perdura inexplicablemente a pesar del tiempo, etc. Cosas extrañas que no necesariamente ocupan explicación alguna.
Mis favoritos: "Tierra de nadie", "La arboleda de Ashtaroth" y "Skule Skerry", los tres relatos donde el fantástico del horror se siente aún más. Muy buenos.
Una novela poco conocida pero fascinante, que mezcla misterio, espionaje y la lucha entre el bien y el mal, en el contexto de paisajes rurales y oscuros secretos.