Me llamo Jorge, soy iberoamericano y he sido, desde mi modesta posición de ciudadano, divulgador, profesor universitario y usuario de redes sociales, un eficiente difusor de la leyenda negra y la imperiofobia hispana.
He pensado, actuado y hablado con racismo sobre España y los españoles, los del presente, pero especialmente, los del pasado. Todo esto a pesar de que mis raíces culturales, como Colombiano, se hunden parcialmente, quiéralo o no, en la historia de esta "nación primero imperio".
He sido víctima de la leyenda (al creerla y propagarla sin escepticismo); me he "comido" todos los cuentos de la propaganda hispanofóbica sin verificar nunca las fuentes o buscar historias alternativas, la mayoría de las veces solo por que se ajustaban a mis prejuicios como lego de la historiografía o a lo sumo como aficionado a ella, pero especialmente como ciudadano y descendiente de pueblos que fueron supuestas "víctimas" del "yugo español".
Esa es la triste sensación que me ha quedado después de haber devorado (no sin dificultad, porque confieso que estuve en varias oportunidades tentado a dejar el libro empezado) este impresionante ensayo, tratado o amplia crítica de la filóloga hispánica María Elvira Roca Barea.
Había oído hablar de la imperiofobia a través de los medios de comunicación cuando se divulgó por primera vez este libro en 2017 (primera edición). Inicialmente me produjo alguna curiosidad este tratamiento fuera del molde del fenómeno ("¿pensar que los viles conquistadores pudieron tener algo bueno? ¡interesante!") pero no tanto como para moverme a adquirir y leer el libro. Pero después de 34 ediciones (eso es lo que decía una cinta en la portada y confieso que fue lo que superficialmente me atrajo al libro) me dije a mí mismo, "mí mismo, sí lo han reeditado tantas veces algo debe tener".
Y efectivamente: algo tiene.
El libro presenta en casi 500 páginas una detallada relación de las fuentes originales y de las ideas más importantes de la denominada "leyenda negra", definida como aquella que sostiene que el imperio español estuvo dominado por nobles y reyes corruptos, con un pie en el "medievo", apoyados por el poder de una iglesia retardataria (católica) que mantuvo en la ignorancia por la fuerza de la Santa Inquisición a los súbditos del imperio, que quemo a eruditos, hombres, mujeres y niños de forma indiscriminada por casi 300 años; un imperio nacido en el seno de un pueblo "racialmente sucio" producto del cruce entre visigodos ("germanos inferiores"), moros, beberiscos y (no podían faltar) judíos. Un imperio que conquisto América por la fuerza de las pestes, el engaño y el asesinato sistemático de los pueblos originales y que por la suma de todos sus defectos condeno al atraso a los pueblos que terminaron independizándose de él cuando su poder menguaba (los países de hispanoamérica).
Si todo eso le suena demasiado familiar y veraz, tal vez usted también conoce y simpatiza con la leyenda negra.
El ensayo no se reduce al caso español, sino que se extiende también a otros imperios que han sufrido (y sufren) leyendas negras del mismo tenor; para citar a las más conocidas, Roma, Rusia y en el presente, Estados Unidos de América.
A pesar de mi acto de constricción en los párrafos iniciales, no quiero que piensen que leí el ensayo de Maria Elvira sin escepticismo. No es un secreto que el libro y su autora ha generado acaloradas controversias entre los académicos. Tampoco creo que sea condición que un autor o autora sea un dechado de virtudes intelectuales para plantear algunas inquietudes interesantes sobre la "historia oficial". Creo que de todo, es justamente eso lo más interesante que logra Maria Elvira con el libro.
Debo confesar que leí algunos apartes con un poco de rabia contenida. El texto tiene aquí y allá un tufillo de derecha retardataria, un poco de franquismo y un reconocible tono de conservadurismo de línea dura que parece disfrazar, con sofisticadas armas historiográficas, una defensa al Statu quo de la religión católica y de la imagen idealizada de un imperio grandioso del pasado.
Además (y esto es un poco más superficial, discúlpenme) el ensayo critica a uno de mis ídolos imperiofóbicos, Michael Moore y lo hace también, sin mucho decoro, con un intelectual al que admiro mucho, Noam Chomsky.
Pero bueno, entiendo que ambos no son precisamente "peritas en dulce".
Aún así, y después de leerlo completo (más bien de obligarme a hacerlo) he descubierto que el libro desarrolla argumentos alternativos sólidos (como lo permite una obra divulgativa como está) que de verdad hacen pensar a cualquiera si la versión de la historia que nos contaron, especialmente la del imperio español, es la única posible.
Creo que el libro debería ser leído por todos (así sea para refutarlo), pero muy especialmente por los que somos iberoaméricanos (o "latinoamericanos", un término que la autora argumenta fue acuñado por los franceses para promover la idea de que lo hecho por los imperio español y portugués en América es comparable con sus propios esfuerzos coloniales en el Caribe, la Guyana y Norte América).
Para los iberoamericanos (al menos para la mayoría) la hispanofobia es casi una obligación "patriótica". Creer por un momento que el imperio logró algo medianamente bueno a largo plazo en América, que promovió muy desde el principio una relación armoniosa con los pueblos originales; pensar siquiera por un momento que los conquistadores pudieron estar realmente entre los más grandes exploradores de la historia o que los misioneros dominicos y los jesuitas hicieron en América importantes labores humanísticas y sociales es considerado casi un acto de traición en nuestros países que anualmente celebran con orgullo su independencia del otrora imperio decadente y abusivo.
Yo, personalmente, ya tengo mis dudas.
Si bien no compró todo lo que dice Maria Elvira debo reconocer, y esa es la labor de un libro de divulgación, que he quedado picado por la curiosidad.
P.D. El libro tiene serios defectos. Uno de los más importantes para mí son las citas en francés, latín e inglés de los que no hay traducciones al castellano, algo que me parece un poco irrespetuoso con los lectores. De modo que si lo quieren leer a cabalidad más les vale tener a mano diccionarios de esas tres lenguas.