El autor de Muriendo por la dulce patria mía y Muertes imaginarias vuelve con una novela vertiginosa, importante, de múltiples espacios y personajes, a la que dio forma después de presenciar un trasplante de corazón a un metro de distancia. Aquí la acción parece latir –sístole, diástole, sístole, diástole– mientras los corazones se pierden, se roban, se veneran, se cosechan y salvan, y por obra y gracia de la imaginación literaria un tejido de conexiones improbables une a personas y personajes como Diego Portales, el doctor Jorge Kaplán, el Presidente Frei Montalva, los rusos Serguéi Yudin y Alexander Bogdánov y el pionero sudafricano de los transplantes de corazón Christiaan Barnard con los destinos del niño Manuel Meredith y su hermana, del joven Pedro Luna, el perro Frankenstein y dos mujeres detectives, una de ellas manca y quizás rusa, las que recorren Valparaíso cuando una guerra de secesión está en marcha y todo es fogonazo y llamarada.
me encanta la forma en que está narrada la historia. es cualquier cosa menos convencional pero funciona perfecto, se va desgranando progresivamente y uno entiende en cada página motivaciones, antecedentes y situaciones narradas hace varios capítulos. es un rompecabezas que se arma de manera satisfactoria. la prosa no solo está bien cuidada sino que es preciosa, es un libro para releer y encontrar pasajes memorables hasta el infinito. RCS es, sin duda, uno de los autores nacionales más interesantes hoy por hoy. no se lo pierdan y ojalá que siga publicando.
Este libro la cagó. Es una bomba. Hace tiempo que no leía algo tan bueno, hasta que me topé con “La Novela del Corazón”, obra ganadora del Premio Municipal de Literatura por parte de la comuna de Santiago en el año 2023 (siendo este libro publicado durante octubre del 2022 por la editorial Laurel). Es demasiado bueno. Su lenguaje escrito busca descifrar entre los recovecos, en los mensajes escondidos entre palabras donde concibes la ficción hecha verdad. Y con ese lenguaje dominado a la perfección, comenzamos presenciando como lectores un trasplante al corazón. A partir de ahí, literatura fragmentada, rota. Un hilo conductor donde, de manera sucesiva, nos abrimos paso al elenco que interviene en una cirugía como también comenzamos a reflexionar acerca de qué es lo que gira en torno al corazón. El narrador cae y observa cómo se opera, el bisturí para allá y para acá, cuidando el “fuelle de la respiración artificial” (40), saber que en el resultado trágico el “morir es un proceso infinito” (27), que una vez vuelto a vivir el corazón se reanuda la sensibilidad por las dimensiones y vuelve a palpar arriba la vida. Todo esto aplicado en una lectura visceral, donde frente a frescas descripciones de cómo late nuestro pecho comenzamos a sentir en este cada vez más cosquilleos. Es una cuestión impresionante.
Terminado el Libro Cero (que vendría a ser como el primer capítulo de la novela), nos insertamos en una sucesión de episodios dividido por el Sístole – Diástole. Al igual que el inicio, se sigue contando la historia desde una postura fragmentaria en la que, como lectores, es menester prestar atención a aquellos detalles que en la progresión de la historia van tomando sentido. Los relatos de cada sístole y diástole son breves, unidos y concisos. Cada uno contendrá relatos ubicados en el territorio por el que se girará torno al corazón, como lo resultó ser en una elocuente presencia la ciudad porteña de Valparaíso.
La ciudad respira y se encabrita. Sus modos de aparecer en el desarrollo de la novela son brutales: las arterias callejeras, los latidos de humanidad, el espíritu animal repartido en toda su sociedad. Para esto, se sienten ecos totales de la narrativa chilena en sus aires. Me encanta que el autor reconozca con orgullo sus influencias en los epígrafes de cada capítulo, como cuando saca a colación a don Manuel Rojas en su puerto y lanchas de la bahía con “el laberinto de los callejones en los cerros moteados de luces que amarillean como tulipanes invertidos creciendo en la tierra negra de la noche”. El escritor de “La Novela del Corazón” toma aquellas influencias para otorgar nuevas perspectivas sobre y desde la ciudad, donde Valparaíso es un corazón urbano instalado en su orquestar. Aquí un pequeño fragmento por parte de la pluma de Roberto Castillo:
“Valparaíso, enraizado con sus venas a los cerros, era vida pura consumiéndose en las pendientes enracimadas de balcones y en sus pasajes de vértigo (…) una ciudad como esa podía representar, podía ser, el inmenso corazón de un país” (125).
Y en esta ciudad, como las aledañas en la historia completa, el corazón late a mil por hora. Las vertiginosas aventuras que experimentan los entrañables personajes de la historia se tornan oscuros, entran en laberintos de arterias para toparse con crudas realidades como el tráfico de órganos, secuestros para extraerlos y velar por la científica avenencia. Reflexionas sobre lo turbio que puede llegar a ser el mundo de la salud, como también giras en torno a un diálogo perdido emitido desde la mortalidad. Recuerdas los ecos literarios de la Bombal con su amortajada, expresados aquí en otro modo de ser. De repente el narrador nos recuerda que trata de comunicarse con quienes viven, pero no le escuchan su susurro. No saben hablar aún con los muertos, no saben cómo responderles. Sienten cómo los miran, pero sus mensajes se esfuman y encabritan. Esa omnisciencia sumamente elaborada para detallarnos a fondo sobre cada granito de la historia es la que termina, de manera fragmentaria, revelándolos de una vez por todas qué es lo que direcciona la figura del corazón.
Porque esta obra también busca y reflexiona en parte importante sobre sanar el corazón. De verdad, aplaudo el talento del escritor por exponer una generosa y fantástica multitud de perspectivas “para saber qué idioma está habitando” (125) sobre nuestro duelo y pérdida de corazón. Vuelves tiempo atrás y recuerdas a seres queridos en salas de hospital, te sumerges perpetuo en aquella fría luz donde todo hospital tiene ese agrio alumbrar. Por esta intensidad sumada a la fragmentada narración, puede resultar a ratos un libro complejo. Sin embargo, es muy, muy adictivo; te engancha la operación con doctores que se pierden en el quehacer, la descripción viscosa sobre un órgano de tu aparato, el destino de dónde puede ir a parar un corazón, de cómo cuando bombea de amor el plano de la realidad se torna en otra dimensión.
La última página de este libro expresa, por parte de la editorial Laurel, que “si te gustó este libro pasa la voz”. Feliz lo hago; presentándole este libro con amigos y descifrando en el hablar hacia dónde direcciona su realidad, fui profundizando en la tremenda genialidad que significa este libro. Escribir esta reseña también me deja contentísimo, porque demuestra que forma parte de aquella buena literatura: que nos hace reflexionar, gritar, pensar, actuar. Un aplauso.
Roberto Castillo escribe bacán, eso no se puede negar. Y cuando empecé el libro, sobre todo la sección "Año Nuevo", quería que me gustara. Sin embargo, quedé con gusto amargo al final. No solo porque todas las temáticas que aborda este libro son amargas, tristes, sin mucha alegría, sino sobre todo por su construcción como novela. Este libro se pierde demasiado en sus peripecias narrativas medias experimentales y una prosa preciosa y preciosista, pero un poco agotador. Al final, le termina faltando caracterización y trama entre tanta prosa bonita. La mejor parte, que quizás podría haber sido un cuento por derecho propio y habría sido harto más redondo y satisfactorio, es toda la sección de "2 Diástole", ambientada en Poza Honda, 1968. Lo demás sucede en varios tiempos indeterminados y confusos, en una suerte de Chile paralelo donde hay una guerra civil y una plaga. Eso quizás fue lo que más me irritó: me carga cuando detrás de la novela que existe realmente parece ocultarse una novela mucho mejor. En este caso podría haber sido un drama político y social que cuente de la guerra interna entre regionalistas y unitarios, producto de una chispa xenófoba que podemos percibir en el Chile real del 2024 quizás extrapolada para efectos narrativos, o una plaga que espeja al Covid pero 100 veces peor, todo pasando en un Valparaíso incendiado que, de nuevo, recuerda al Valparaíso de este verano. Pero nop, esa no es esta novela. Porque acá todo eso es solo un telón de fondo apenas explicado, apenas desarrollado, que termina no aportando nada a las varias historias que, en su mayoría, nunca se terminan de cerrar.
La verdad es que la prosa que al principio, en "Año Nuevo", me pareció valiente y divertida (cambiaba entre primera y tercera persona en un mismo párrafo o incluso frase, un protagonista símil del novelista que se llama Chile, por ejemplo) se me empezó a hacer fome. Uno se marea entre dos narradores fantasmas (¿cuándo es cuál?), de los cuales más encima uno está leyendo y ayudando a escribir una crónica a su hermana sobre su propia muerte. Un poco muy rebuscado todo.
Incluso cuando traté de seguir con detención las piruetas narrativas, me encontré con inconsistencias que generan insatisfacción. Por ejemplo, en su primera mención parece que Susan es nieta de Pedro Luna (p. 113), pero luego dan a entender que es la hija (p. 248). ¿Cuál es? Otra inconsistencia: Zunka a ratos habla español gramaticalmente correcto pero con un "acento martillado de migrante eterna" (p. 158), mientras que en otros (p. 238) es incapaz de usar artículos definidos. Sé que son detalles, pero los detalles importan tanto como los grandes arcos en una novela que parece componerse, justamente, de detalles y cuasi-coincidencias. Porque grandes arcos narrativos tampoco hay: en el último cuarto recién aparece toda una sub-trama sobre el corazón de Pinochet que es la que cierra el libro, que es el caso que investiga la detective Zunka que antes había estado conversando con la hermana de uno de los narradores fantasma. Este corazón no tiene nada que ver, parece, con los otros corazones que han ido siendo transplantados y cosechados en los primeros tres cuartos de la novela. Entonces no hace mucho sentido, parece venir de la nada, es incoherente y finalmente poco interesante.
Me gustó mucho esta novela. Lo que más rescato es la persistencia del concepto, en este caso del corazón, porque se lo mira desde todos los ámbitos: físico, clínico, simbólico, poético, histórico. La manera en que se entrelazan las historias está muy bien trabajada, el tema de la "sístole" y "diástole" funciona perfecto. En cuanto al final, creo que peca de lo mismo que la película "El Conde", porque evidentemente se tenía que hablar del "corazón de Pinochet", sino ¿cómo esta iba a ser una novela chilena?
"Los cardíacos y los pobres hablamos fuerte solo en sueños". Esta es una novela punk, hecha de carne y mucha sangre. Separada en capítulos como sístoles y diástoles va desplegando historias cruzadas, narraciones absorbentes, descripciones precisas y poéticas y personajes memorables. Si me tengo que quedar con un momento es con el relato de la historiadora chilena, cuica y atrevida, dando una conferencia sobre Chile en una universidad del ártico.
Fascinante, para leerla dos veces. Volveré luego a ella.
De las apuestas más ambiciosas e impresionantes que he leído en el último tiempo.
Quizás porque cargo una cicatriz que me cruza el pecho, que atestigua el hecho de que alguien tuvo entre sus manos mi corazón. Que me alargó la vida cuando podría habérmela robado. Pura suerte. Es que a veces es pura suerte que tu cuerpo abierto no se cruce con el error humano.
La apuesta: el latido de un país en un libro; un corazón, sus cuatro cavernas, sístole y diástole, el motor de un cuerpo. En Chile empecé y terminé esta novela que guarda el pulso de una nación.
«El manual, como todos los manuales, se contradice. En el mismo artículo recomienda el uso de sedantes, analgésicos, relajantes o bloqueadores neuromusculares para prevenir movimientos reflejos bruscos de esos cuerpos supuestamente muertos. El donante puede presentar hipertensión sanguínea al momento de la cirugía extractiva. Es decir, le sube la presión a niveles letales cuando siente la cuchilla y por eso se recomienda el uso de los fármacos correspondientes, uno de los cuales se le queda pegado a Chile en la memoria: el nitroprusiato de sodio, pariente cercano del cianuro.»
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«Va a ser gol, porque va en la órbita perfecta apartando el polvo cósmico, le diste en el preciso punto del hemisferio sur a la pelota con el blay muerto, el planeta de las suturas descosidad. Le diste justo en el corazón apretado de diarios viejos leídos una y otra vez, con sus noticias secretas, desvaídas, mortecinas.
«Último gol ganó todo. Al final de la cancha la pelota espera que la recojas. Quiere, quietecita, que palpes otra vez su cicatriz recién abierta. Sácale los diarios aplastados yléelos, entérate de la suerte de María Elena y su cara de luna llena, sus cejas de niña huasa, su corazón rechazado, su corazón de Chile.»
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«Hermanita, hermanita mía del cerebro dañado, mi hermana abandonada y presa, hermana de mis dolores, a lo mejor es verdad que ya no te sirvo para nada, por eso tal vez me quieres exorcizar, sacarme del tiempo, desaparecerme. Pero si no estoy, ¿quién te va a tocar el hombro para avisarte que en vez de palabras te está saliendo sangre de narices? ¿Quién te va a decir que es hora de que descanses, que de nada sirven tus delirios, igual como no sirven para nada las barricadas de neumáticos que arden en los cerros distantes? ¿Quién te va a decir que si sigues en la cárcel de tu revancha se te va a acabar la vida? Ella no me hace caso, porque los muertos no sabemos enseñar a perdonar; y eso es raro, porque lo primero que aprendemos, apenas tenemos conciencia de que estamos muertos, es a perdonar.»
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«En Chile el charqueo es la norma, las autopsias de personajes públicos son eso, la culminación de la matanza, y la matanza es sinécdoque del poder, la matanza es la ruina calcinada del palacio antiguo sobre la que se construye un nuevo orden. La autopsia es el carneo, la faena, el último ritual de la maniobra caníbal.»
posiblemente la desilusión más brutal en años con un libro porque PUTA MADRE que le tenía fe.
es innegable que "La novela del corazón" está bien escrita. el lenguaje entrelaza exquisitez y detalle con simpleza y claridad. es fluido, como tirarse de un tobogán. y sin embargo, hay momentos donde la lectura se entorpece con tanta palabra, una cantidad innecesaria y agotadora de adjetivos calificativos que, más que aportar a lo que lees, más que enfatizar en lo que Castillo escribe, sólo adormece la lectura. me pillé repetidas veces surfeando por párrafos que llenaban media o plana completa, sin leer nada completamente y, peor, sin perderme de nada importante.
por otro lado, tantas tramas que no hay ninguna. el conflicto del corazón dañado y la hermana vengadora se ve perforado por distintas problemáticas. y, si bien la gran mayoría se resuelven, otras no. este no es mi problema, de todas formas. mi problema es que, con tantas historias, el desarrollo y los motivos de los personajes se mantienen en una oscuridad que me impidió interesarme en lo más mínimo que hacían. un relato tan lleno de misterios, violencia y secretos no logró atraparme, porque llegaba un punto donde estaba TAN saturada de información, que no era capaz de digerirla para nada.
quizá eso se deba a mi formación de periodista, a posicionar los acontecimientos de forma clara y evidente. pero también sé que he leído harto en mi vida y que Jeffrey Eugenides es de mis autores favoritos. el exceso de detalle, bien hecho, jamás me ha supuesto un problema.
desde la mitad hacia el final se pone un poco menos insoportable. es como si el autor por fin se decidiera sobre el rumbo que quiere que tome su relato y lo encamina exitosamente. aun así, se la juega con unos plot twists medios raros, innecesarios, que más parece quisieran causar shock que otra cosa. me encontré leyendo más atenta, pero cada vez más convencida de que quería terminarlo. una sensación agridulce y desafortunada, creo yo.
en fin, igual planeo volver a leerlo en un tiempo. tal vez hacerle anotaciones, mapas, comprender mejor los hechos. quizá así me arrepienta de haberla considerado una lectura soporífera.
pero, por ahora, me quedo con la experiencia que sí fue. una promesa de mucho, que quedó en harrrrrrrrrto menos que poco.
Pocas obras me parecen más entusiasmantes que las que se plantean como un proyecto de escritura, investigación y experiencia que quedan plasmadas en la obra misma El mismo título lo anuncia: la pregunta que está al centro de este proyecto es ¿Qué historia cuenta el corazón? Para adentrarse en esta, el autor consiguió presenciar un transplante de corazón en persona, experiencia cuyo relato constituye unas de las cumbres más elevadas del texto. Esta escena inicial cede a una multiplicación de historias en las que el corazón moviliza la trama. La factura de cada capítulo es desigual y por momentos su lectura se pone bastante cuesta arriba. Con todo, los puntos altos (la venganza contra el Doctor Bernard, el futbol, el corazón de Pinochet) son tan fascinantes que se olvida algunas irregularidades que, quizá, un trabajo de edición menos respetuoso de la voluntad original del autor habría podido salvar. Pero quién sabe: es una novela experimental y está bien que así sea. Recomiendo mucho.