En el año 1525 siete naves de la expedición Loaísa-Elcano zarpan desde La Coruña con la intención de comenzar la anhelada ruta de las especias, descubierta en la primera circunnavegación al planeta, pero en esa titánica misión una de las naves, la carabela San Lesmes, encalla en una isla perdida en la inmensidad del Pacífico. Sin posibilidades de regresar, la tripulación tendrá que abrirse camino en las paradisiacas playas de la Polinesia.
De la mano de Luis Gorrochategui, conoceremos esta apasionante historia de supervivencia y expansión de unos navegantes a los que dieron por muertos, y la fascinación sentida por las expediciones españolas que siglos después hallaron a sus descendientes en aquellas tierras. La investigación también nos muestra nuevos datos sobre Australia y la exploración del Pacífico, e incidencias de la vida de James Cook jamás conocidas por sus numerosos biógrafos.
Luis Gorrochategui es graduado en Filosofía por la Universidad Central de Barcelona, donde prepara su tesis doctoral acerca de los presupuestos de la historiografía sobre España.
Ha publicado más de doscientos artículos en libros, revistas especializadas y periódicos, e impartido numerosas conferencias.
Forma parte de la Asociación de Estudios Históricos de Galicia, el Instituto Torre de Hércules, la Orden de Caballeros de María Pita, y la Asociación Gran Armada.
Actualmente es profesor de Filosofía en el Instituto de Educación Secundaria Francisco Aguiar de Betanzos, La Coruña.
El titulo del libro resulta de algún modo equívoco. La expedición Loaisa-Elcano en la carabela San Lesmes sirve de eje central para el desarrollo, en lo que constituye la mayor parte del contenido, de los muchos viajes exploratorios de marinos españoles en el Pacifico a lo largo de los siglos XVII y XVIII. La descripción de las singladuras en Tahiti, la costa del Pacifico de América del Norte, las islas Salomon, Vavao, etc. llegan a ser demasiado repetitivas. Excelente epílogo con una discusión muy bien documentada sobre la losa de la leyenda negra y su impacto sobre la falta de reconocimiento de la presencia española en los albores de los descubrimientos en el Pacifico. Le doy un 3.5.
Magnífico trabajo sobre la exploración del Pacífico por parte de los marinos españoles, partiendo del viaje de Elcano-Loaisa y la pérdida de la San Lesmes como eje central, nos relata las diversas expediciones que se realizaron, entrando en detalle de las calamidades que fueron pasando. Es cierto que al usar casi continuamente los textos de la época, la lectura en algún momento puede resultar farragosa, pero con un poco de esfuerzo es algo que ayuda a situarse de alguna forma en aquellas épocas.
Gorrochategui se apoya en la investigación de Robert Adrian Langdon, tras el hallazgo en 1929 de unos cañones y su estudio, dictaminó que esos cañones solo podrían pertenecer a la San Lesmes perdida en 1526. Todo ello lo escribió en The Lost Caravel (1975) y The Lost Caravel Re-explored (1988) que no han sido traducidos.
Volviendo al eje central del libro, que es la desaparición y naufragio de la San Lesmes, viendo la fisionomía, embarcaciones, viviendas y conocimientos de los habitantes de las islas en las que se valora que pudo terminar la carabela (debido a restos encontrados siglos después) surgen diversas teorías, la que más fuerza parece tener es la que los tripulantes de aquella embarcación terminaron formando parte de los pueblos nativos, se reprodujeron y transmitieron sus conocimientos por distintas islas de la zona.
Igual soy generoso en las 5 estrellas, leer los textos tal cual los escribían en la época se hace una lectura algo más complicada, pero este es el único escollo que le encuentro, que además me parece justificado para entender mejor aquellas proezas.
Finalmente cierra el libro mencionando a la leyenda negra antiespañola, poniendo este ejemplo de la exploración del Pacífico, el trato que hubo con los pueblos nativos (muy alejado del trato que dieron las otras potencias marítimas) y como se ha ocultado la presencia Española en todo lo que se ha podido.
El punto de partida de la obra se presenta como altamente prometedor; el tema central y la travesía en cuestión capturan la atención del lector desde las primeras páginas. Sin embargo, a medida que el autor introduce diversas travesías adicionales que se entrecruzan en la narrativa, el relato pierde cohesión y claridad y la estructura narrativa se vuelve laberíntica.
Un elemento que agrava esta dificultad son las citas textuales extensas que, aunque añaden profundidad al texto, frenan el ritmo de la lectura. Habría sido más eficaz abordar el tema con un estilo más ágil y accesible, incluso empleando ciertos matices de ficción que dinamizaran la lectura. A pesar de su potencial, la obra no cumple del todo con sus expectativas iniciales.
Lo que más me ha gustado han sido las referencias a la "Leyenda Negra" de España. Esta leyenda, inventada por "historiadores" anglosajones (ingleses y americanos) para tapar sus genocidios, torturas, etc., que hicieron desaparecer casi completamente las razas de los territorios que conquistaron, debería estar siendo desmentida por los historiadores, divulgadores y novelistas españoles. Por desgracia, hay demasiado miedo y complejos, aunque la realidad desmienta a los anglosajones (no hay más que ver que los habitantes de Latinoamérica, Guinea Ecuatorial, Filipinas, etc. conservan los rasgos de sus primeras naciones, al contrario de lo que ocurre en Norteamérica).
Es una lástima. De exhaustivo, el trabajo queda descompensado y totalmente errático. Lejos de centrarse en el asunto del título La carabela San Lesmes, se extiende con otras tantas travesías, de otros tantos navegantes y países, desde inicios del XVI hasta prácticamente el XIX, que tocan demasiadas tierras: Australia, Nueva Zelanda, Tahití, la isla de Pascua, las Malvinas... y qué sé yo cuántas más; y son miles las islas que hay en el Pacífico, y en casi todas echa el ancla con un motivo, otro o sin ninguno. El resultado es que uno no termina de entender la tesis ni el sentido de una relación tan larga y una recopilación de crónicas que van desde las costumbres y los temas antropológicos a las características físicas y raciales de los polinesios, en un intento de demostrar —quizá, no me ha quedado claro— que aquellos arriesgados españoles dejaron constancia genética en infinidad de islas. Remata con un epílogo que apela a la desmitificación de la Leyenda Negra, sumándose a la estela de Gustavo Bueno y los buenistas, que ha dado últimamente algunos trabajos de interés y desagravio.