Una obra gráficamente arriesgada que narra, a través de las pesadillas de su protagonista, la batalla contra una enfermedad mental invisibilizada en nuestra sociedad.
Las alucinaciones y la crítica social más mordaz conviven en esta obra, ganadora del XV Premio Fnac-Salamandra Graphic, en la que acompañamos a Laura, su protagonista, por el vaivén de su atormentada cabeza, donde realidad y pesadilla se mezclan en un intento desesperado por recuperar algo de cordura. Por ese multiverso mental se pasean supervisores en forma de holograma, se erigen árboles monumento en honor a los árboles que ya no existen, los pensamientos reprimidos se guardan en cajitas, los monstruos se cuelan en el metro y el diablo dirige una inmobiliaria.
A lo largo de Pesimismo mágico veremos también cómo, poco a poco, las criaturas fantásticas y las pesadillas se irán desvaneciendo para revelarnos las situaciones reales que han llevado a la protagonista al colapso.
Una novela gráfica interesante que aúna melancolía, cinismo, tedio y tristeza y que, aún así, es capaz de arrancarte alguna sonrisa. Su dibujo, confuso y oscuro, refuerza su técnica narrativa y el tono de la publicación. No es una obra maestra pero tampoco hay que dejarla pasar.
Pesimismo mágico es un recorrido por los demonios de nuestra cabeza, pero también por el mundo que estamos construyendo, un mundo delirante en el que los pensamientos reprimidos se guardan en una caja de Pandora que amenaza con abrirse algún día, los jefes son tan impersonales que se manifiestan en forma de holograma y el medio ambiente se torna cada día más agresivo y tecnológico.
Borja Sumozas nos sumerge en este universo tan irreal como cercano mediante una ilustración agresiva, irritante, que transmite a la perfección la ansiedad y depresión que siente nuestra protagonista. A través de sus páginas acompañamos a Laura en su rutina desquiciante, un día a día que se parece sospechosamente al de muchos jóvenes de nuestro país que se encuentran inmersos en un trabajo que no les satisface, rodeados de personas que parecen autómatas e intentan abrirse poco a poco un lugar en el mundo, aunque cada vez la desmotivación y la desilusión vayan ganando más fuerza y ocupando un mayor espacio.
La vida de Laura es, por tanto, tan agobiante como realista, eliminando los elementos fantasiosos que podemos encontrar y que contribuyen a enfatizar la crítica subyacente. Es una lectura rápida, que no ligera, y reflexiva, con la que puedes reírte pero también sentirte más comprendido de lo esperado.
Unas ilustraciones muy nerviosas, desquiciadas, afiladas, un poco expresionismo alemán, un poco Bacon, con una historia muy depresiva y pesadillesca, repleta de benzodiacepinas, a la par que cómica.