Completado "El orbe de los dragones", segundo volumen de Las Crónicas Perdidas de Dragonlance. Fue difícil conseguir este ejemplar, aunque el primer volumen (El Mazo de Kharas) estaba disponible aquí en España, tanto este segundo como el tercero los he tenido que importar desde la otra punta del planeta - literalmente, han venido desde Argentina -. Y éste en particular estaba en condición de usado y era el último ejemplar disponible que he podido localizar en tapa dura. Parece que los libros de Dragonlance se están volviendo cada vez más raros, lo cual me apena, al menos mientras no se planteen hacer nuevas reediciones.
Este segundo volumen está dedicado a otra parte de la historia que tuvo que ser excluida en la trilogía original de las Crónicas: a saber, de cómo Laurana, Sturm, Flint, Tasslehoff y compañeros encontraron el Orbe de los Dragones en el Muro de Hielo y derrotaron al Señor del Dragón Feal-Thas que lo custodiaba. Esta parte está sintetizada en "La Tumba de Huma" (segundo volumen de las Crónicas) con un poema de Michael Williams y ya está; cuando retomamos la lectura, estos compañeros ya tienen el artefacto mágico en su poder y navegan hacia Sancrist para entregarlo a los Caballeros de Solamnia.
Sin embargo, aunque parece que se podría leer este volumen antes de leer La Tumba de Huma, en ningún caso debes de hacerlo. Es más, casi te sugeriría que terminaras las Crónicas completas antes de leer el volumen que ahora reseño, porque hay mucha información e historias paralelas que los autores dan por sentado que conoces. Es más, ni siquiera la mayor parte del libro está dedicado a Laurana y compañía - ¡gracias a los dioses! porque por más que lo intento, y os prometo que lo he intentado mucho, no consigo que Laurana me caiga bien, la pobre - sino que la protagonista estelar e indiscutible de este volumen es Kitiara Uth Matar.
¡Y en buena hora! Porque es lo mejor del libro, un personaje excelente, fantástico, a quien apenas se dedicó el tiempo que merecía tanto en las Crónicas originales, como en las espectaculares Leyendas. Kitiara, ex-compañera de los protagonistas y Señora del Dragón, es, junto con Raistlin, probablemente una de los mejores personajes que hay en este universo, aunque muy distinta de él, se entiende. No tan brillante ni lumbrera como el mago, Kitiara es, sin embargo, el arquetipo de mujer empoderada: valiente, resolutiva, sacrificada, atrevida, luchadora, no hay prácticamente nada que la doblegue, no se deja avasallar ni dominar por nadie, ni hombre ni mujer, ni monstruo ni mago, ni dragón ni dios. Claro que, ella realmente es un personaje que podrías calificar de villana, ya que elige luchar en el bando de los "malos", pues aspira a dominar y liderar las fuerzas militares al servicio de la Reina de la Oscuridad. Es también una mujer liberada, que está en pleno control de su propia sexualidad y que la usa, cuando quiere, en beneficio propio. ¿Qué no hay que admirar de ella? Su absoluta falta de moralidad y escrúpulos, su desprecio por el bienestar de cualquiera que no sea ella, del dolor y del sufrimiento ajeno, su crueldad y su indiferencia, y lo que es su mayor defecto, su tendencia a los accesos de ira y a dejarse llevar por caprichos, lo que acabará siendo, gradualmente, artífice de su propia destrucción.
En un momento en que se han puesto de moda las mujeres empoderadas, las villanas resolutivas y las luchadoras que se hacen a sí mismas, es una pena que el gran público y los lectores de fantasía actual se estén perdiendo a alguien como Kitiara.
Basta de rollos. Al tema. Aunque el libro se presenta como la historia de las dos mujeres amadas por Tanis - y a las que Tanis ama - como la vieja dicotomía maniquea del Bien y del Mal - Laurana la bondadosa, la casta; Kitiara la malvada, la promiscua - lo cierto es que Weis y Hickman han tenido la decencia de no repetir esta contraposición odiosa que hicieron en el pasado, centrando, como he dicho, la mayor parte del libro en Kitiara, en su lucha por hacerse con el control del Ala Azul del ejército y del ascenso a comandar las tropas en lugar del emperador Ariakas. Llevada por la fuerza a una situación insostenible que, dicho sea de paso, propicia un pasajero arrebato de celos y capricho que es su mayor defecto, Kitiara acabará pactando con la misma diosa Takhisis para salvar su vida y a cambio, reclutar a Lord Soth - otro personaje que se las trae - para la causa. Y en el proceso, tender una trampa a los cándidos Caballeros de Solamnia y entregarles en bandeja un artefacto que es puro veneno amasado: el Orbe de los Dragones, que, a semejanza del Anillo Único de Tolkien, ofrece una ilusión de poder a cambio de controlar brutalmente a su portador.
El libro es fantástico, trepidante, entretenido; un poco más lento y tedioso en las partes dedicadas a los caballeros y a Laurana - salvadas, por suerte, por el siempre encantador Tasslehoff - pero no llega a hacerse aburrido en ningún momento. El problema de leer esta historia es que se carga uno de los momentos más épicos de La Tumba de Huma, que era la revelación de Kitiara como personaje antagonista de los valientes compañeros: el momento en que da muerte a Sturm y, ante el cadáver del viejo amigo y amante, se saca el casco y revela por primera vez su identidad, ya que la armadura de Señor del Dragón es totalmente asexuada y no permite distinguir si lo lleva un hombre o una mujer. Ese momento es uno de los dos clímax más intensos de las Crónicas, en que compartimos la estupefacción de Laurana al descubrir que, en efecto, el Ala Azul de las tropas enemigas está comandada por una mujer - y como dice Ariakas en este mismo volumen que reseño, ¡qué mujer! -.
Por eso digo que es importante leer primero La Tumba de Huma como mínimo antes de abordar este volumen, porque se pierde el mágico efecto del instante revelador. Aparte, se han tomado decisiones en la narrativa con las que no estoy muy de acuerdo - como exponer a Kitiara demasiado a los celos por Tanis, cuando en las trilogías originales era una mujer bastante fría que controlaba sus emociones mucho mejor que lo hace en este libro - pero entiendo que lo han hecho para convertirla en algo más creíble, más humano; y para que disfrutemos viendo cómo ella misma salta sus propios baches y se las apaña para volver sus debilidades en fortalezas, para deshacer sus propios entuertos.
Nada más que decir, 5 de 5, estupenda lectura, muy recomendado para todos los fans de Dragonlance y especialmente para los fans de Kitiara. Doy gracias a los autores por dedicarle este volumen que falta le hacía, ya que su potencial estaba desaprovechado en las novelas originales. Personajes como ella, muchos intentan escribirlos, pero pocas veces han resultado tan creíbles como en este caso. Un ejemplo a seguir.