Izabela sabe trasmitir en muy pocas palabras. Construye muy bien los diálogos y engancha desde la primera página.
«La niñez es como una borrachera. La recuerdas cada vez diferente y, si no la recuerdas, te inventas lo que pasó, qué más da. Lo importante es haber sobrevivido».
Veinte historias muy íntimas que enganchan, se leen solas, y te dejan con ganas de más. A lo largo de ellas la voz de la autora es directa, con retranca, tiene mucha fuerza. Al mismo tiempo también se muestra vulnerable, tierna y divertida.