A todos nos gusta la idea de ser aprobados, y no pasa solo en los exámenes en épocas de estudiantes, sino en la vida misma. Somos sujetos de y en busca de aprobación.
La Biblia menciona la aprobación, también habla de acabar la carrera, de concluir el trabajo encomendado, lo experimentó Jesús desde su oración en Juan 17:4: Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.
En la cruz Juan 19:30: Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
El Apóstol Pablo también vive una experiencia similar al dejar un legado a su hijo en la fe 2 Timoteo 4:7:He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
Al igual que Jesús, Pablo también en un punto de su carrera describe una situación como “me han dejado solo” (2 Timoteo 4:10:porque Demas me ha desamparado…)
Existe un punto donde el trato es personal, así como nuestra fe requiere de un punto de partida personal, la aprobación de Dios para hallarnos confiables también es de la misma manera. Y para ello, al igual que Jesús, con cada uno de nosotros Dios el padre nos hace caminar por el mismo camino, y nos dirige a Getsemaní, ese es el momento donde todo lo publico se termina y comienza el tramo personal para llegar a la consumación del propósito eterno de Dios, (después de todo, para eso estamos todos aquí, para cumplir con un propósito eterno dictado por el Padre).
¿Quieres aprobar? ¿Quieres cumplir el propósito del Padre? ¿Quieres ver su voluntad manifiesta? No podrás esquivar Getsemaní.