El mundo, las acciones y el tejido de las cosas que se mueven en este libro son a la vez múltiples y sólidas, incitantes y peligrosos. Los bosques, los animales, el agua (en corrientes, o charcos, o lagos) pueden albergar tanto paisajes como núcleos de riesgo, incluidas brujas muy existentes. Pero Clara, todavía más niña que adolescente, habita ese universo sin inmutarse, entregada a una confianza en sí misma que le permite sortear todos los males. Está protegida por un arma definitiva que le transmite su energía. Incluso cuando ese mundo entre en crisis, cuando una primera gota de sangre preanuncie otro plano, otra madurez, hasta cierto punto seguirá enraizado en el idioma poderoso y bello de Teresa Puppo. Parte de las cosas se detiene, pero una parte más grande aún se reinicia, siempre.
Teresa Puppo es artista visual y escritora. Fue directora editorial de la revista ARTE y asidua colaboradora del Suplemento Cultural del diario El País como ilustradora. Es integrante y cofundadora de la Fundación de Arte Contemporáneo. Como artista, la experimentación ha sido la constante en su trayectoria. Sus prácticas artísticas habituales son multidisciplinarias, incluyen la pintura, el dibujo, el video, la poesía, la performance, la foto y video performance y, desde hace algunos años, la film performance y el cine experimental. Sus últimas obras incluyen textos y poesías de su autoría. Ha desarrollado distintas modalidades de arte de acción que evolucionaron hacia la performance poética y política, centrándose en la investigación sobre temas decoloniales. En su trabajo convoca, organiza y forma parte de performances colectivas.
La forma de contar de Teresa es encantadora. Con un lenguaje llano, claro, pulido, al que no le sobra ni le falta nada, te mete en la historia sin que puedas ni siquiera advertirlo. Esta nueva obra puede encajarse en lo que se conoce como una novela de formación, también llamadas novelas de aprendizaje.
El término, acuñado inicialmente por Karl von Morgenstern a inicios del siglo XVII, refiere a un tipo de novelas en las que se muestra el desarrollo físico, psicológico, social o moral del personaje, historias de crecimiento de algún joven, niño o adolescente, hasta la etapa de madurez o bien, hasta algún momento de transformación esencial en el personaje.
Grandes obras de la literatura se encajan en este género, como La montaña mágica de Thomas Mann, El retrato del artista adolescente de James Joyce, La educación sentimental de Flaubert, Grandes esperanzas de Dickens, Bajo las ruedas de Herman Hesse o El guardián entre el centeno de Salinger y O Ateneu de Raul Pompéia, para poner un ejemplo latinoamericano.
Aquí seguimos las aventuras de Clara y su transición desde la infancia hacia el comienzo de su vida adulta y la exploración del mundo que la rodea, con todos los peligros que eso conlleva. Narrado en tercera persona, en medio de paisajes rurales, vamos conociendo la rutina de Clara, en su casa con su tía, en la escuela, en sus paseos por el campo, sus aventuras con sus amigas, siendo testigo de sus historias, inventadas o no, su despertar físico y la toma de conciencia de su propio cuerpo. Como en muchos de los cuentos de Teresa que hemos leído en otras oportunidades, los vínculos entre personas y animales también se hacen presente, muchos animales, mucha agua, mucho campo.
“Clara respiró profundo y se sentó sobre el pasto. Miró el agua, la sombra enorme del pez que se insinuaba entre los camalotes, inmóvil, de ojos inexpresivos. Le dio pena la tararira, una pena inmensa, una pena de hija, pena de madre muerta.” (p.47)
Es una novela sobre una niña que vive en un pueblo pequeño en una zona rural. Se cuenta lo que vive y lo que ve, cada capítulo puede ser comprendido como un relato independiente.
Está bien escrito, inquieta, conmueve y entretiene. Empieza costumbrista y sobre esa base de realidad la autora mete unas puñaladas de fantasía, pero esencialmente genera tensión y drama con la realidad. Así llega al final con relatos cada vez más tensos y que le dan matices al mundo que construye.
La vida me puso este libro en las manos, no lo hubiera elegido y así mismo me gustó.
Lo fui leyendo despacito, mechando capítulos entre que miraba teóricos para la facultad, y me gustó mucho. Creo que fue un buen contraste con lo denso del estudio porque los capítulos son cortos, fáciles de leer y encima te atrapan.
En este libro seguimos a Clara, una niña que vive en una zona rural, y la vemos en diferentes situaciones, algunas cotidianidades, otras con tintes de fantasía.
Las metáforas y las imágenes que usa la autora me parecieron muy buenas, sobre todo con las descripciones de los paisajes, porque me sentía como si realmente estuviera ahí.
También me quedo con la sensación de que es un libro que me gustaría releer, como esta vez lo leí en Biblioteca País, ya me convencí de que me lo voy a tener que conseguir en físico para la relectura.
Increíble. La niñez de una niña. La humedad, el agua, lo acuoso. La naturaleza y las violencias, las transformaciones y metamorfosis. La pérdida, la búsqueda constante de algo que la llene. El dolor de crecer. El campo y el barro y las cañadas y las camas de hierva. Las brujas y vampiras que acompañan. Lo mitológico, lo fantástico. Lo femenino, lo masculino. Los mandatos. La búsqueda desesperada por encontrarse y el miedo acalambrante de aparecer en el espejo.