Una novela de misterio y zoología, de adicciones y crisis familiares, de fantasmas, crisis climática, agujeros negros y masculinidad desorientada.
El 28 de mayo de 2029, durante una ola de calor, las llamas consumen el Bosque de Chapultepec, el parque donde se encuentra el Panteón Dolores y el zoológico de la ciudad. No parece haber sido un accidente: el fuego comenzó con la hoguera de un hombre vestido de sacerdote en la fosa común del cementerio. En el incendio mueren casi todos los árboles del parque y los animales del zoológico. A partir de ahí, la historia de Rebeca y Karina se cruza con la de Silverio, vigilante del panteón y padre de la precoz activista climática y ecológica, Daenerys. Estos personajes emprenden caminos de reinvención que pasan por resolver varios enigmas: quién era el sacerdote quemado en el Panteón, cómo consiguió Rebeca la botella de brandy con la que se embriagó, qué les pasó a los padres de Karina hace 18 años, cómo se aparean los tiburones, qué será del huevo de emú que se salvó del fuego y más.
Jorge Comensal estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México.1 Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas.
En 2016, publicó su primera novela, Las Mutaciones con la editorial Antílope. El libro aborda con humor el tema del cáncer, enfermedad que el autor ha vivido de cerca debido a varios casos en su familia.
En su elaboración, Comensal consultó libros y artículos sobre medicina, genética, evolución, oncología y otros temas para documentar los aspectos científicos de la enfermedad tratados en la novela. Por ello, en esta narración pueden encontrarse diversos registros conviviendo en un lenguaje desgranado con belleza.
El libro fue publicado en España tres años después a través de la editorial Seix Barral.
En 2017, Comensal publicó el ensayo Yonquis de las letras.
En 2022 se publica Este vacío que hierve, su segunda novela.
Este es un libro con truco porque, como la historia es buena, y además da mucha risa, se pasa por alto el tremendo prosista que Jorge es. Ojo a los cambios de tiempo. Ojo a los diálogos. Ojo a la selección de adjetivos. Es enorme, realmente grandioso. Se está acabando el mundo, qué culei, me cae de a madre, pero, ¡¡¡PERO!!!... al menos tuvimos este libro.
Lo que más disfruté de esta historia, no fue la historia en sí, fue la manera como me la contó el autor, tremenda prosa, tremendo manejo del tiempo y tremendo uso del lenguaje.
Me ha caído genial. Un zoo se quema alegóricamente como se quema el planeta. Vemos el zoo humano y el zoo animal con gente que está fatal de la cabeza, te ríes, capítulos cortos y agenda 2030. Tres llevo de Jorge y seguiré siguiéndole.
”Con razón la gente cree en los fantasmas. La sociedad ceba a los niños con engaños. […] Para que no abandonen la casa de mentiras de la civilización moderna, les amarran los pies con mitos necios”.
En poco más de 300 páginas, Jorge Comensal nos presenta un México “futurista” ubicado en el año 2030, donde desafortunadamente la utopía urbana no llegó sino todo lo contrario, un incendio desbastador que consumió las 678 hectáreas que conformaban el bosque de Chapultepec, el Panteón Dolores y el zoológico más emblemático de la CDMX desde 1924. Con una sutileza extraordinaria el autor nos adentra como lectores en la vida de Karina y su abuela Rebeca quien vive escondiendo un secreto que se remonta a la muerte de los padres de su nieta. A su vez, conocemos a Silverio, un vigilante del Panteón Dolores que busca ayudarlas a descubrir aquella verdad subterránea que tanto tiempo ha estado entre ellas.
“Este vacío que hierve” es un recorrido histórico que con matices humorísticos y sutiles busca dar una nueva perspectiva sobre la muerte, los panteones y los seres que visitan o cohabitan con estas tierras atrapadas en el tiempo. Sin dejar de lado, el activismo y la conciencia climática que transmite en cada uno de sus capítulos.
Karina es una física que trabaja en una teoría cuántica de la gravedad. La noche del 15 de septiembre de 2030, encuentra a su abuela inconsciente en el piso de su departamento. Rebeca, la abuela de Karina, está inexplicablemente ebria y al volver en sí confunde a su nieta con un fantasma del pasado. Le revela un secreto perturbador sobre la muerte de los padres de Karina, que ocurrió dieciocho años atrás.
El secreto de Rebeca parece estar relacionado con el reciente incendio del Bosque de Chapultepec. Las llamas arrasaron el Panteón Dolores, donde están enterrados los padres de Karina, y ocasionaron la muerte de casi todos los animales del zoológico. Este evento desencadena un movimiento animalista en la ciudad.
Con la ayuda de Silverio, un astuto y temerario vigilante del panteón, Karina se asomará a la verdad oculta bajo la tierra.
Este vacío que hierve es una novela en el que te sumerges a un México histórico dentro del espacio-tiempo futurista (o casi futurista, ya que el 2030 prácticamente está a la vuelta de la esquina).
Para mí fue todo un descubrimiento porque ya había visto la portada (fea no es, es horrorosa) pero hasta que no leí la sinopsis y busqué info. sobre el autor no me animé a darle una oportunidad.
El estilo narrativo del autor: a pesar de que habla de temas como el fanatismo, el cambio climático, alcohol y la búsqueda de la verdad, ha sido el estilo desenfadado del autor lo que me llamó la atención. Al principio puede ser algo pretencioso u opulento la forma en que empieza y continúa la narración, pero es solo encontrar el ritmo y todo empieza a fluir.
Karina es un personaje que vive por y para su física cuántica, de hecho, toda su vida gira en torno a ella, todo lo relaciona con su pasión, incluso los detalles más insignificantes. Esto, junto al cuidado de su abuela Rebeca conforma casi todo su universo; hasta la confesión que mandó todo al traste.
También conocemos a Silverio, guardián del Panteón donde ocurre la catástrofe: conocemos su entorno, sus problemas, cómo se desarrolla su relación con su hija y cómo poco a poco se convierte en un personaje centrar de la novela.
Cada personaje tiene voz propia y un estilo particular que los caracteriza espectacular.
En conclusión: Este vacío que hierve puede parecer el típico libro lleno de pretensiones con estilo rimbombante que hace que, en muchas ocasiones se tilde de presumido a cualquier autor, pero a fin de cuentas es una novela que entretiene y nos conduce a la reflexión.
Una de las características, por lo menos deseable, de la que carecen muchos gestores culturales y promotores de lectura en nuestros tiempos es su cercanía al mame; sí, el mame literario que desborda Twitter, algunos grupos de FB, varias cuentas de IG y no pocos canales de YouTube y TikTok. Esta petición no es nueva, y bien podría ser heredera directa de los jaloneos entre Severo Mirón y su Platícame un libro —esencialmente clásicos— y los que abogaban porque la gente se aproximara a libros mucho más cercanos a su tiempo. En el fondo, toda esta discusión —que, en aras de dejar en paz a los muertos, no pienso repetir aquí— hace eco de aquel ensayo (que ya casi cumple 30 años (!) de su primera edición en español) de Ítalo Calvino, Por qué leer a los clásicos.
Yo en lo personal, para no verme en la penosa necesidad de citar a Borges o a Pennac sobre el placer (o los derechos) de los privilegiados que dedicamos tiempo a la lectura, creo que es importante que los lectores, sobre todo aquellos que se inician, ¡a la edad que sea!, en el mundillo de la literatura y los libros, sepan que estos son cosas vivas que responden, como cualquier organismo, a los retos de adaptación planteados por su tiempo: algunos son como pequeñas cucarachas, adecuándose a los cambios dietéticos en los desperdicios dejados por nosotros, los humanos, mientras que otros son más parecidos a los grandes felinos, acorralados en los retazos majestuosos de sus ecosistemas y respetados a regañadientes por los consorcios turísticos e inmobiliarios de la actualidad. La mejor manera, aunque esta valoración moral sea, como cualquier otra afirmación filosófica, algo debatible, pasa por acercar a los lectores potenciales a aquellos libros que se están escribiendo y publicando actualmente como respuesta a los fenómenos que también los afectan. Por ello resulta indispensable, para una mediación lectora “exitosa” —y, por favor, entrecomillen este término propio de la posmodernidad mercadológica tantas veces como quieran—, que exista una estrecha cercanía entre promotores de la lectura y esa entelequia conocida como el mame literario.
Ocurre a veces, sin embargo, que uno llega tarde al mame —“no se subió al tren a tiempo” solemos decir en internet—. Es tal el volumen de obras que se publican al año, y sus autores suelen mostrarse tan activos entre presentaciones, clases, ferias del libro, conversatorios, talleres, y tuits, que es relativamente fácil dejar pasar algún libro del que luego podamos lamentarnos no haberlo leído a tiempo. La situación se agrava especialmente cuando, dados los costos de almacenamiento que arrostran las librerías o las políticas de consignación y venta de las editoriales, resulta imposible hallar un texto del que nos atreveríamos a asegurar que no tiene mucho tiempo que salió. A veces aún es posible conseguirlo, legalmente o no, en distintos formatos digitales; pero si se trató de alguna edición de un autor incipiente, de moda o subterráneo, considerado de culto o delicatessen para una minoría selecta, el mejor santo al que uno puede encomendarse es la reedición (o reimpresión) cuando aquél se consagre, muera o se vea envuelto en algún escándalo.
Lo anterior viene a cuento porque evoca mi propia experiencia con la obra de Jorge Comensal, empezando con su primera novela: Las mutaciones (México, Antílope, 2016). En aquel entonces estaba yo tan ocupado tratando de conseguir una plaza como investigador, que me alejé por completo del mundillo editorial y el mame literario al que hacía referencia. Sí, seguía releyendo a mis clásicos cuando mis empeños me lo permitían, pero desconfiaba —como aún lo hago— de todo lo que encontraba en las mesas de novedades. Por fortuna, el talento del autor de Las mutaciones no resultó nada similar al del burro flautista de Tomás de Iriarte, y Antílope ha tenido a bien mantener el título en su catálogo; ahora están en la tercera edición (!) y, sin entrar en detalles, diré que se trata de un libro sumamente divertido e imperfecto —eso hay que enfatizarlo— que no me canso de recomendar, muy en el espíritu de los dos párrafos anteriores, sin cortapisas.
Sin embargo, hoy, más que escribir sobre Las mutaciones, el mame del momento demanda mis propias impresiones sobre el nuevo libro de Jorge: Este vacío que hierve (México, Alfaguara, 2022) apenas publicado, como un guiño a los acontecimientos que narra, el 15 de septiembre pasado, y que ya es posible conseguir en la mayoría del país. En esta obra de largo aliento (y cerca de 300 páginas) asistimos a un proyecto mucho más ambicioso que cualquiera de sus libros anteriores (que incluyen ensayos) y que aborda muchos —aunque no digo que todos o con el mismo peso específico que su gravedad demanda— de los aspectos más urgentes de nuestra actualidad mexicana, con una actitud y técnica cercanas al de las novelas totales (entiéndase La región más transparente, Noticias del Imperio, o Los recuerdos del porvenir, por mencionar solo algunas) pero sin perder la frescura y el tono antisolemne que caracterizan a nuestro autor, y que brillan por su ausencia en casi todos los ejemplos de nuestra literatura. Por ejemplo, ¿los cuidados gerontológicos, muchas veces no remunerados ni reconocidos, a manos de las mujeres al interior de una familia? Está allí como uno de los hilos conductores, si no es que el principal, de todo el entramado novelístico de Este vacío. ¿La irresponsabilidad afectiva, la incertidumbre laboral de los doctorandos, los celos a los veinticinco años, la duda sobre los secretos de familia, el autismo, la ansiedad? Son fenómenos que delinean mucho de la vida cotidiana de uno de los personajes principales, Karina, que está al cuidado de su abuela dipsómana, Rebeca. ¿Las posibles consecuencias de la emergencia climática, el especismo y la catástrofe potencial que acecha a los animales resguardados en zoológicos? Es otro de los temas que resuenan en varios de los escenarios y personajes responsables de la acción. ¿Las paternidades ausentes, la precarización de las familias desintegradas, la corrupción rampante, el subempleo? Son algunas de las características que definen al entrañable Silverio. ¿La situación política actual, la violencia de género, la inseguridad que campea en nuestras ciudades, el clasismo, las sectas cristianas o la contemplación irreverente de lo resguardado en los panteones? Look no further; todo forma parte, a veces de manera incidental, del calidoscopio que el lector encontrará al zambullirse en este libro.
La amalgama que une lo anterior es un relato seccionado en varios hilos que dan cuenta de las vidas de sus personajes (principalmente Karina, estudiante del doctorado en física en la UNAM, y Silverio, alias el Chiquinerd, velador avejentado del igualmente alicaído Panteón de Dolores) entretejidos como una cuerda donde se alternan pasado, presente y futuro, aunque haya que entender estos conceptos en términos relativos al momento en que inicia la narración: el 15 de septiembre del inimaginable 2030. Cuatro meses antes, durante la noche del domingo 25 de mayo, un incendio en el panteón de marras adquirió de pronto proporciones épicas: en tan solo cuatro días el fuego consumió 650 hectáreas del camposanto y su vecino, el Bosque de Chapultepec, destruyendo 900 000 tumbas —en su mayoría olvidadas—, la fachada de varios museos y rostizando a buena parte de los animales del zoológico y los lagos. He aquí, entre los rescoldos del infierno que viene, que la integridad de la tumba donde yacen los padres de Karina, muertos en un accidente carretero hace 18 años, es el pretexto para hurgar en los secretos de familia y remover esas otras cenizas, igualmente terribles, que oculta siempre el ayer.
Al final, como ocurre en el legendario filme La terminal (dir. por Chris Marker,1962) o el refrito noventero de Terry Gilliam, Doce monos; Karina y Silverio se darán cuenta de que solo el futuro nos ofrece la posibilidad de llegar a un acuerdo con nuestro pasado y resulta imposible saber con certeza quiénes somos, si no consideramos antes —en un giro retórico que hubiera hecho las delicias de Borges o Cortázar— la suma de todo aquello que aún no hemos vivido y las veces, en algunos casos incontables, en que hicimos (o haremos) tabula rasa para dar algo por concluido (o simplemente volver a empezar).
«Ella prefiere que el tiempo la evapore lentamente, como a un agujero negro. La noche en que su abuela la confrontó con su ignorancia —“la niña no sabe nada”—, Karina perdió de golpe muchos años de vida sin saber quién era. Ahora vuelve a comenzar» (p. 280).
Para terminar, básteme añadir que si bien esta novela marca una evolución plausible del autor con respecto a su novela anterior (no solo en términos imaginativos, sino en lo que al propio perfeccionamiento de la técnica novelística en ritmo, tono y resolución de los conflictos se refiere) no pude establecer, aunque quizá esto obedezca a mi propia formación profesional, ninguna conexión que justifique necesariamente que Karina sea doctoranda en física. Es cierto, hay párrafos que atestiguan la inclinación del personaje por las ciencias experimentales desde su más tierna infancia, dándole así profundidad y verosimilitud; pero los pocos guiños que hay en el libro hacia la física teórica me dificultan creer que Karina es una estudiante “de excelencia” —aspecto mencionado explícitamente durante la cena de Navidad— desarrollando (!) una teoría cuántica de la gravedad. Esta futura investigadora, convencida de que la fuerza de gravedad no debe explicarse únicamente en términos de la masa, prefiere oír a su abuela y creerle, a pie juntillas, justo cuando está recibiendo la evidencia gráfica de aquello que había buscado. Es como si a Ramón Martínez (en Las mutaciones) le suprimieran del texto toda la sarta de disposiciones legales que tanto se complace en rumiar: uno sentiría que algo no cuadra o está incompleto, pero, aclaro, puede ser totalmente inválida mi apreciación.
A fin de cuentas, ¿qué sería de todo el mame literario si no tuviéramos por lo menos la duda de que lo que decimos puede estar mal? Una horda de censores infalibles podría hacer de la literatura mexicana aquello que, entre ironía y amargura, describe Jorge/Silverio hacia el final de la historia (p. 285):
«En eso se había convertido la república: borrachos que meaban sobre los héroes y ninfómanas que se restregaban contra la historia de bronce».
Solo espero que después de mi letargo no vengan a decirme que alguien hizo eso ya.
Poner títulos “profundos y originales como un vacío” que hierve y no puede hervir porque está vacío, demuestra lo pretenciosa y carente que estará su historia
El autor intenta ser barroco adornando su prosa con “terminajos” científicos que distraen de la historia, pero que afortunadamente cesan en el capítulo 5. Porque se le olvidan. Lo cual es indicativo de un mal autor.
Usar palabras como Netflix, Spotify, TikTok y emplazar su novela en años fututo es es irrelevante para su historia.
En pocas palabras, la historia es muy básica, rodeada de muchas incongruencias, recomendación: evitar leer.
Es mi primer libro de Jorge Comensal, nos situa en CDMX 2030, en una novela dónde hay que seguir el hilo ya que se desarrolla con saltos en el tiempo.
Lo que me interesó del libro sin saber de qué iba, era que mencionaba al Panteón de Dolores y animalitos en peligro de extinción y creo que valió la pena, este libro me hizo investigar sobre la fauna, reflexionar, sentir empatía, investigar, recordar que dentro de este gran universo todo es efímero, el planeta sufre.
Considero que la trama del personaje de Karina (investiga la muerte de su padres) y Silverio (quién por coincidencia se ve involucrado) nos mantiene en suspenso y con nuestra atención, sin embargo; los escenario del Panteón y del bosque de Chapultepec (ha sufrido un grave incendio) son los que cautivan y envuelven al lector.
El autor tiene una prosa ligera, contemporánea y con un sentido del humor ácido que divierte.
Inicia bien, intriga la historia pero conforme avanza termina llenándose de paja de datos que no aportan nada a la trama pero sí al ego y muestra de conocimientos científicos del autor. Si un autor no se nota en el libro la historia es buena, éste no es el caso.
«La fantasía es absurda. No se puede viajar al pasado porque el pasado no es un lugar sino la parte más profunda de la realidad presente. Volver a él implicaría autodestruirse».
Karina tiene veinticinco años, es física y trabaja en una teoria cuántica de la gravedad. La noche del 15 de septiembre de 2030 encuentra a su abuela inconsciente en el piso de su departamento, inexplicablemente ebria. Al volver en sí, Rebeca confunde a su nieta con un fantasma del pasado y le revela, a medias, un secreto perturbador sobre la muerte de sus padres, ocurrida dieciocho años atrás. El secreto de Rebeca parece estar relacionado con el reciente incendio del Bosque de Chapultepec. Las llamas arrasaron el Panteón Dolores, donde están enterrados los padres de Karina, y ocasionaron la muerte de casi todos los animales del zoológico. Este evento desencadena un movimiento animalista en la ciudad.
El estilo narrativo del autor: a pesar de que habla de temas como , el cambio climático, alcohol y la búsqueda de la verdad, no ha llegado a gustarme y no he conectado con la historia . Los personajes como silverio si que me ha gustado su vida y la relación que mantiene con su hija. En conclusión, un libro del que esperaba mucho más ya que no le he encontrado ni misterio en definitivo muy básica. Pero ya sabéis que solo es mi opinión y que os animo a leerla para que la comentemos.
Siempre me han atraído especialmente las historias sobre la Ciudad de México, esa ciudad inmensa que, o la amas o la odias, no hay medias tintas. Y ésta es una de las mejores que he leído. Amé cada pagina, cada párrafo, cada oración y cada palabra. Quiero más de este autor.
Es un lectura muy pesada con tendencia a lo soporífero. A quien pueda ofender el juicio quizá la densidad y profundidad le parezcan palabras iguales, e interprete que la desmesura de cositas y estampas dentro de esta historia es cosa de “estilo”. Pero el autor no es precisamente Fernando del Paso, que mientras nos narra la historia de Palinuro y Estefanía se permite exponer la deuda de la medicina moderna con los pichones viviseccionados por Flourens en el siglo XIX sin hacer mella en la capacidad de concentración del lector. Si Comensal buscaba darle sentido estético a sus preocupaciones, más bien las convirtió en prédica necia, en una nube de corrección política, científica y social, que complican al lector concentrarse en el curso de los hechos y condena a personajes mal delineados a la irrelevancia (a menos que fuera como Doogie Howser —cosa que el autor creo no planteó— una doctora en física de apenas 25 años que se para de rabo ante Einstein es bastante exagerado; a menos que sea humor adrede. Aunque detalles así no parecen raras en el mundillo académico de los científicos que no hacen ciencia —UNAM, cof cof, UNAM—). Entre más se avanza, se discierne más la vanidad del intelectual que sabe cosas “interesantes, curiosas”, que la dedicación obsesiva del novelista por su mundo propio y por sus creaciones. Es como intentar seguir a esos personales (sin peripecias, sin grandes intenciones) a través de un sendero lleno de escollos y encrucijadas que nos retrasan o nos desvían. De repente hallo el título muy acorde: “Este vacío que es muchas cosas”, y por ello está vacío. El autor declara la crisis ecológica, pero ¿En donde está ? No se siente en absoluto ¿Dónde está el calor del calentamiento global? ¿Dónde la resequedad, la falta de lluvias? En ningún momento se notan; como que al momento de la narración el mundo se compuso por arte de magia.
Un guionista famoso dijo que no importaba que tu película comenzara mal, que fuera lenta, aburrida, anodina, mientras sorprendieras al espectador con un buen final. Eso salva cualquier obra. Así pues, que algún aventurero me diga si el desenlace de este vacío vale la pena para un cenagoso recorrido de trescientas páginas, porque llegado al punto en que el autor pone que Karina trabaja en el departamento de “gravitación”, caí rendido en el marasmo. De entre las opciones verosímiles de depto. de Física aplicada o teórica, de astrofísica, de mecánica clásica, se inventó algo brutalmente literal, casi infantil (o más bien su tremenda inocencia lo traicionó al final). El escritor tiene el deber de hacer que el lector lo tome en serio. Cuando falla en eso, todo se va al carajo.
Eine junge Physikerin begibt sich auf die Suche nach der Wahrheit über ihre verstorbenen Eltern und deckt dabei ein Geheimnis auf, das über Jahre hinweg vor ihr verborgen wurde. Diese Ausgangslage bildet das zentrale Thema des zweiten Romans „Diese brennende Leere“ des mexikanischen Autors Jorge Comensal, der Ende Januar im Rowohlt Verlag erschienen ist. Die Geschichte wird aus den Perspektiven zweier Protagonisten erzählt: Karina, einer ehrgeizigen Doktorandin der Quantenphysik, und Silvio, einem orientierungslosen Friedhofswärter. Diese beiden Erzählstränge kreuzen sich relativ früh in der Handlung, was Potenzial für eine spannende Beziehung zwischen den Charakteren bietet. Doch obwohl ihr Zusammenspiel interessante Momente erzeugt, sind es die individuellen Entwicklungen der beiden Figuren, die den Roman vorantreiben. Karina ist eine strebsame, selbstbewusste Protagonistin, die seit Jahren ihre Großmutter Rebeca pflegt. Rebecas Verhalten gibt Karina jedoch immer mehr Rätsel auf, vor allem in Bezug auf den angeblichen Unfalltod ihrer Eltern. Getrieben von Zweifeln beginnt Karina, in der Vergangenheit zu graben – sowohl im metaphorischen als auch im wörtlichen Sinne. Ihre Obsession führt sie dazu, Silvio um Hilfe zu bitten, das Grab ihrer Eltern zu öffnen, um neue Hinweise zu finden. Dieser Moment markiert eine entscheidende Wendung in ihrer Entwicklung: Aus der rational denkenden Wissenschaftlerin wird eine von ihrer Suche nach der Wahrheit besessene Frau, die bereit ist, gesellschaftliche Normen zu überschreiten. Ihre Methoden werden zunehmend unkonventioneller, bis hin zu fragwürdigen Entscheidungen wie das Vortäuschen einer falschen Identität, um Informationen zu erhalten. Trotz ihrer Handlungen bleibt Karina eine Figur, mit der sich Leserinnen und Leser identifizieren können – ihr innerer Konflikt ist authentisch und nachvollziehbar. Silvio hingegen ist Karinas Gegenpol. Sein Leben scheint von einem Mangel an Richtung geprägt zu sein. Nach einem verheerenden Brand an seinem Arbeitsplatz, der nicht nur den Friedhof, sondern auch den benachbarten Zoo zerstört, gerät Silvios Leben aus den Fugen. Er beginnt, sich illegal mit dem Öffnen von Gräbern zu verdingen, ein grotesker Beruf, der ihn in Konflikt mit seiner eigenen Vergangenheit bringt. Silvios Beziehung zu seiner Tochter, die er jahrelang vernachlässigt hat, gewinnt im Verlauf der Handlung an Bedeutung. Seine Tochter, eine entschlossene Aktivistin, wird zu einem Symbol für die junge Generation, die gegen die drohenden Gefahren der Zukunft ankämpft. Silvio, dessen Leben bislang von Passivität geprägt war, findet durch diese Beziehung neue Impulse, sich mit größeren Fragen auseinanderzusetzen. Comensal verlegt die Handlung leicht in die Zukunft, um aktuelle gesellschaftliche Probleme in einem weiter fortgeschrittenen Kontext zu betrachten. Themen wie das Artensterben und Tierrechte, was unter anderem durch den Brand im Zoo metaphorisch dargestellt wird, und neue Entwicklungen in der Klontechnologie werden angerissen. Dabei bleibt der Roman jedoch nur unterschwellig dystopisch und verzichtet auf überzogene Zukunftsszenarien. Stattdessen setzt der Autor auf eine realistische Erzählweise, die den Fokus auf die zwischenmenschlichen Beziehungen und inneren Konflikte der Figuren legt. Besonders Silvios Erzählstrang rechtfertigt diese zeitliche Verlagerung, da er sich zunehmend in einer Welt wiederfindet, in der die Konsequenzen des menschlichen Handelns sichtbarer werden. Trotz dieser interessanten Ansätze bleibt der Roman in vielerlei Hinsicht oberflächlich. Die zentrale Thematik – Karinas Suche nach Ungereimtheiten in ihrer Familiengeschichte – bietet nur wenig Substanz für einen wirklich mitreißenden Plot. Die Handlung verläuft weitgehend geradlinig und birgt kaum Überraschungen. Der Versuch, Spannung durch Karinas obsessives Verhalten und ihre Ermittlungen zu erzeugen, scheitert daran, dass die aufgedeckte Wahrheit letztlich wenig Relevanz hat. Es fehlt an einem dichter gesponnenen Netz von Intrigen oder Enthüllungen, das den Leser bis zum Schluss fesselt. Was den Roman jedoch vor dem Mittelmaß rettet, sind die vielen kleinen Nebengeschichten und skurrilen Details. Silvios grotesker Beruf als Grabschänder ist eine originelle Idee, die sowohl morbide Faszination als auch tragische Tiefe birgt. Auch seine ambivalente Beziehung zur Nähe des Todes und seine wachsende Verbindung zu seiner Tochter verleihen seiner Figur Komplexität. Diese Elemente sind es, die den Leser dazu bringen, am Ball zu bleiben, selbst wenn die Hauptgeschichte zu schwächeln beginnt. Ein weiterer Pluspunkt ist die Erzählstruktur: Der ständige Perspektivwechsel zwischen Karina und Silvio sorgt für ein abwechslungsreiches Tempo und erlaubt es dem Leser, beide Figuren und ihre Weltsichten besser kennenzulernen. Dieser Wechsel verhindert, dass die Geschichte trotz ihrer inhaltlichen Schwächen langweilig wird. Allerdings wird auch hier das Potenzial nicht voll ausgeschöpft. Die Verbindung zwischen den beiden Erzählsträngen bleibt lose und wirkt oftmals konstruiert, anstatt organisch zu wachsen. Der Brand im Zoo, der symbolisch für den Verlust von Artenvielfalt steht, und die Erwähnung von Aktivismus und Klimafragen verleihen dem Roman zwar eine gewisse Aktualität, doch gelingt es Comensal nicht, diesen Themen neue Perspektiven abzugewinnen. Die dystopischen Ansätze bleiben oberflächlich und dienen mehr als Hintergrundrauschen denn als zentrale Konflikte. Auch die wissenschaftlichen Aspekte von Karinas Arbeit hätten deutlich mehr Gewicht erhalten können, um die gesellschaftliche Brisanz der Geschichte zu erhöhen. Unterm Strich ist „Diese brennende Leere“ ein akzeptabler Unterhaltungsroman, der mit einigen interessanten Ideen und Figuren punkten kann, jedoch nicht das Potenzial seiner Prämisse ausschöpft. Jorge Comensal gelingt es zwar, einzelne Momente und Nebengeschichten in Szene zu setzen, doch bleibt die Hauptgeschichte zu blass und die thematische Tiefe zu gering, um nachhaltig Eindruck zu hinterlassen. Wer eine kurzweilige Lektüre sucht, die einen Hauch von Dystopie und Familiengeheimnissen vereint, wird hier fündig. Ein herausragendes Zeugnis mexikanischer Gegenwartsliteratur ist der Roman jedoch nicht.
Siento que caí en una trampa con este libro. La prosa es tan buena que todo el tiempo el autor me tuvo atrapada en una historia que al final (para mi) no tuvo pies ni cabeza. Este libro lo elegí con altas expectativas porque me dejé llevar por su título y su sinopsis pero no resultó ser lo que yo esperaba. Le puse 3 estrellas y no 2 porque Jorge Comensal hizo un exquisito trabajo de redacción y descripción. La trama tenía potencial, pero conforme iba avanzando me iba decepcionando más. En fin, así pasa a veces, no todos los libros te dejan “wow” pero si rescato por mucho su escritura, hay potencial Jorge.
Una primer novela interesante que combina la ciencia ficcion y nociones de divulacion de la ciencia. Sin embargo los personajes principales no sonndesarrollado del todo y sus interacciones si bien justificadas me parece quedan incompletas.
Dificil hacer una descripción tan general de esta lectura, ya que tiene tantos elementos por narrar que es imposible dejar algo fuera. Cada uno complementa la novela como un rompecabezas, que se entiende a la perfección cuando cada pieza está en orden. En este caso, ha sido uno de los rompecabezas que mas he disfrutado armar y del que más nostalgia he sentido al terminar.
Los personajes, los escenarios, las situaciones, la esencia de cada una de las anteriores combinadas. Es una novela que se hace en la Ciudad de México y le da voz a uno de los rincones más olvidados y solitarios de nuestra urbe, que son los cementerios. Paradójicamente, hace lo mismo con uno de los sitios más escandalosos y visitados anualmente, como lo son los zoológicos, y asimismo lo hace con el lugar más frío e incomprensible dentro de nosotros: la mente, prisionera de nuestros pensamientos y miedos.
Es el año 2030. La Ciudad de México sigue en estrés hídrico y experimenta la mayor sequía en su historia. Al sur de esta reside Karina, de 25 años. Es una apasionada por la física cuántica. Hizo un grado en física en la Facultad de Ciencias y siguió con un doctorado en física de altas energías en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, en el cual se encuentra trabajando. Desde pequeña encontró en el extraño comportamiento de la naturaleza una motivación por comprender cada vez más el mundo que la rodea y al mismo tiempo escapar de una realidad que amenaza en consumirla por completo. Ella sabe que dentro de un agujero negro la densidad es tan grande que nada puede escapar de este, ni siquiera la luz. Pero también sabe que la incertidumbre en la muerte de sus padres cuando ella tenía tan solo 7 años terminará por absorberla en cualquier momento.
Debido a esta constante inquietud, emprende después de tanto una labor detectivesca con tal de desenmarañar el misterio, a la par que trabaja en una teoría cuántica de la gravedad que no contradiga lo dicho por Hubble de que el universo se encuentra en constante expansión. Sin embargo, no será tarea fácil, ya que sumado a todo lo anterior tiene que cuidar de su abuela Rebeca de 90 años, con la cuál vive en la unidades habitaciones El Altillo, cerca de Ciudad Universitaria. Doña Rebe, como le dicen de cariño, encuentra en el alcohol una dosis de alivio para los achaques de la edad y las penas del alma que la consterna con el pasar de sus últimos días. Ella cuidó de Karina desde el momento en que sus padres murieron, sacrificando lo más mínimo para que su nieta lograra ir a la universidad y se convirtiese en científica.
A la par de la historia de Karina, está Silverio, un sepulturero del Panteón Dolores que casi pierde la vida en el macro incendio que consumió el Bosque de Chapultepec a inicios de año, incluyendo la zona del zoológico. Silverio es un asiduo internauta de la Wikipedia y está lleno de datos interesantes sobre los residentes del Panteón, pasando por los héroes nacionales en la Rotonda de las Personas Ilustres hasta la cripta más olvidada que resguarda a un personaje peculiar. Además, su curiosidad lo ha llevado a navegar por videos sobre la reproducción en animales marinos, las nuevas tendencias en los jóvenes, las bizarras corrientes del pensamiento como lo son el animalismo, el veganismo, el slow living, el satanismo y hasta llegar a los sitios web donde el acceso al autoplacer está a un click de distancia.
Algo a resaltar es la forma en como el autor narra en primera persona tanto la vida de Silverio como la de Karina. De hecho, al inicio parece que son personajes sin ninguna interacción de por medio, mas que ambos viven en la misma ciudad. Sin embargo, con el pasar de los capítulos, uno va llegando al punto donde ambos personajes se encuentran y parte de la trama comienza a cobrar sentido. Esto es algo que también se puede encontrar en su primera novela Las mutaciones, donde la narración de la vida en primera persona de personajes diferentes se llegan a relacionar en el transcurso de la historia.
También, parte de la historia es una especie de oda a los animales del zoológico. A la par que Karina va recorriendo cada una de las secciones, divididas por climas, salen a flote datos curiosos sobre las especies que ahí residen. También algunas referencias como la veneración de la cultura china hacía algunos animales, el significado que tuvieron en el pasado en la mitología, algunos animales célebres de la cultura pop y en el arte, entre otras curiosidades. Al mismo tiempo, nos impregnamos del gran respeto y cariño que el autor siente por la naturaleza. <3
Como mencioné al inicio, la novela es digna de multiples ensayos para alcanzar a expresar todas sus variantes, pero si algo no puede escaparse en cualquier reseña es *el humor del autor*. Es un libro llevadero, no abrumante ni pesado. Divertido. Pero no por ello sin la calidad literaria de una gran novela.
2 historias desarrolladas en la capital de México en un futuro cercano. Un padre que intenta ganar el cariño de su hija y un Dra en física que vive con su abuela alcohólica e intenta descubrir un gran secreto familiar. En un escenario que satiriza nuestra sociedad mexicana. La historia comienza con un incendio en el panteón, bosque y zoológico de Chapultepec. En consecuencia se empiezan a desenmarañar secretos y movimientos sociales. La novela es una sátira de la cotidianidad y lo insólito que pasa ser algo común en la CDMX y sus alrededores, cuyos habitantes viven en el dramatismo y la comicidad. La novela narra el día día de Karina una Dra en física que entre el estrés de ser investigadora, tiene que lidiar con su abuela alcohólica y que ademas le toca indagar sobre la historia de sus padres y un posible asesinato. A la par Silverio el guardia del panteón Dolores después de sobrevivir se esfuerza por simpatizar con su hija, una adolescente activista. La situación en que están ambos personajes se mezcla con el panorama y las situaciones insólitas de la Ciudad de México y el entorno social. Si bien la novela tiene buenas reseñas, no ha funcionado para mí. Si es verdad que el estiló de escritura es entendible pero no simple, busca la metáfora constantemente. Pero en primer lugar que sea una novela futurista en el 2030 pero retomando la cultura popular del 2019, me parece hay situaciones que para el 2023 que leí están ya caducas y sinceramente no veo el propósito de que corra en el 2030 la novela. También es una novela que divaga mucho en otros temas que están relacionado con los personajes pero desvía del eje de la historia. A pesar de que hay buenos momentos que me atraparon y otros que me causaron gracia. Está forma de narrar me hacia desconectarme de la novela. En otro tema, tal vez es un punto más personal por mi formación de Biólogo, me parece errónea las ideas que se transmiten del zoológico de Chapultepec, si bien la narración no da opinión del autor sobre el tema, solo se pone la postura que sataniza a este lugar sin poner en la historia la contraparte, esto puede desinformar al lector. Por último lo que más molesto me dejó, tarde meses en terminar la novela ( tengo bloqueo de lector), es que la novela al final no llega a ninguna parte con los personajes, si pasan por varias situaciones pero el final se siente muy inconcluso como si hubiera abandonado la novela. En conclusión si es una novela que tiene los elementos para satarizar lo que es vivir en la ciudad de México es lo más rescatable. Pero la historia de los personajes se me hace muy mal lograda.
Una grata sorpresa este libro. Una vez que inicias, no puedes parar hasta terminarlo. La historia de Karina te engancha y te mantiene atento hasta que descubres la verdad sobre la muerte de sus padres. Mi libro terminó lleno de señaladores en frases que nos aportan una visión del mundo actual y que, desde un humor ácido, Jorge Comensal logra que nosotros, sus lectores, disfrutemos de esta historia. La construcción de personajes es estupenda. Karina piensa como una verdadera física ya que trata de que su vida académica embone con su vida cotidiana. Las referencias a conceptos matemáticos y físicos están bien justificadas y en ningún momento Jorge abusa de estos recursos, al contrario, le dan naturalidad al texto. Silverio es el vigilante del Panteón Dolores y tiene una hija llamada Daenerys (en honor a la madre de dragones de Game of thrones) quien es el primer personaje vegano que encuentro en un libro y que nos invita a reflexionar si es el camino adecuado sobreexplotar a diestra y siniestra a los animales con el fin de obtener recursos de uso humano o si la mejor opción es cambiar el enfoque y encontrar alternativas sustentables que sean más amigables con el medio ambiente. Quizá este personaje logró llamar mi atención por una relación personal que tengo con el tema, pero lo que sí creo es que como humanidad estamos al borde del abismo y debemos hacer un ejercicio de empatía.
Otro personaje que tiene su propia voz y un estilo muy peculiar es la abuela de Karina, Rebeca quien junto con la vecina Maru seguramente te recordarán a tu abuelita o a tu mamá. En todas las familias hay secretos que deberíamos revelar en algún momento pues son parte de nuestra historia personal.
Karina es física y al volver un día a su casa encuentra a su abuela ebria y cuando despierta Rebeca, confunde a su nieta con un fantasma del pasado y sin querer le revela un secreto del pasado sobre la muerte de sus padres hace 18 años. La pobre queda perturbada y descubre que su abuela está así por el incendio del bosque de Chapultepec que han arrasado el Panteón Dolores donde están enterrados sus padres.
Con el incendio mueren muchos animales del zoológico que estaba allí y se desata un movimiento animalista enorme. Ella, con ña ayuda de Silverio, el temerario e inteligente vigilante del panteon intentarán resolver el misterio de qué ocurrió en el pasado y en el presente.
El libro juega todo el rato a dos tiempos y viajamos al pasado para volver al presente y así ir entendiendo toda la trama. Es una novela y aunque podría ser un libro con un misterio es más un libro de crítica y reflexión hacia el planeta y todo lo que le estamos provocando para que se caliente y empeore y como lo estamos destruyendo y el temible futuro que nos espera.
Reflexiona pero también tiene puntos de humor para mejorar un tema duro como es la destrucción del mundo y que hace ameno este libro. Me ha gustado el misterio y la investigación que lleva la protagonista con el vigilante y todos los secretos que van apareciendo familiares y bueno realmente mi personaje favorito es sin duda la abuela, que pone ña guinda a este libro tan interesante.
Me causa tristeza que un libro que está escrito con una prosa magnífica, con un par personajes interesantes y profundos (una ñoña que pudo ejercer sus capacidades al límite y otro ñoño con curiosidad insaciable que por su situación económica le quedó solo estar en wikipedia toda la vida viendo qué personajes ilustres hay o cómo cogen los animales ) y que construye un peso existencial justificado en un mundo no tan lejano (2030 ya con el calentamiento global un poco más feroz) haya sido tan flojito en su segunda mitad y que su conclusión se siente como una traición al lector que se esfuerza en encontrarle brillo a los argumentos que el autor propuso mas nunca desarrolló plenamente. En las primeras 100-150 páginas uno se maravilla entre tanto dato y forma de ver las cosas de las dos líneas narrativas que van y vuelven del pasado. Pero, no sé si fue por insensibilidad o por siempre querer alardear, se llega a un punto en que la fórmula de la novela se desgasta a tal grado que solo quieres que se acabe. Pasar del amor al odio nunca me había pasado tan fuertemente como con este libro. Es un autor joven, multidisciplinario y con un dominio del lenguaje bastante apantallante; algún día con algún libro nuevo de él le daré su chance. No obstante, este fue un rotundo fracaso: no fue ni profundo, ni existencial, ni reflexivo respecto al futuro y sus problemas, y todos sus datos se quedan ahí volando, en la memoria frágil del momento en que se acaba un libro más.
Este es un libro que si no me hubiese caído en las manos no le hubiese dado una oportunidad. A primera vista, ni su portada ni su título es favorecedor y no inspira para leerlo, pero he tenido la ocasión de disfrutarlo y realmente me ha cautivado. Si bien es cierto, el libro me ha gustado más por como está escrito, como el autor hace que todo fluya y como nos lo cuenta todo, que por su contenido en sí, pero esa parte también es cautivadora e inspiradora. El autor tiene un gran manejo del tiempo y del lenguaje, a pesar de su estilo desenfadado, por lo que ha sido un gran descubrimiento y una buena apuesta leerlo a ciegas y sin expectativas. En cuanto a su contenido, cada personaje tiene su luz propia y un estilo por particular. Cada uno de ellos consigue llegar al lector y poder escarbar en su interior. Tanto Karina como Silverio nos ofrecen mucho, están muy bien construidos y hace que la trama enganche porque puedes sentirlos y vivirlo con ellos. La historia nos presenta un Méjico del futuro hablando de temas importantes de la mano de una científica que quiere cambiar las cosas, evolucionar. Todos los puntos tratados están tratados correctamente y con delicadeza, por lo que eso también hace que el lector quiera saber más. Realmente ha sido una lectura gratificante y sorprendente y con ganas de indagar más sobre este autor.
Lo escogí porque aquí en goodreads leí un montón de buenas reseñas hacia él, por lo que me generé unas expectativas... y me defraudó. Es el primer libro que leo del autor y aunque adelanto que no me gustó, creo que tiene una prosa limpia y ayuda mucho a ponerse en el contexto de la historia.
La narrativa en si está ambientada en un futuro muy inmediato, tanto que nos situamos en el año 2030. Empieza en medio del caos con una situación tan realista que angustia, pero esa angustia se va desvaneciendo con capítulos que bajo mi punto de vista son de relleno y sin sustancia ni relativos en realidad a la historia en si.
Hay todo lo relacionado con el drama de la vida real: relaciones, adicciones, crisis, ética, familias destrozadas y un caso sin resolver el cual supuestamente es el epicentro de la historia y sin embargo no me generó interés. Decir de paso, que va hacia atrás y hacia adelante en el tiempo y es algo que odio cuando leo, no me gusta que me despisten de esa manera porque pierdo por completo el hilo.
Algo que si que me gustó es que los capítulos son cortos, ya que ahora en verano se agradece que sea así... pero por lo demás, sintiéndolo mucho, dudo que vuelva a leer algo del autor.
Simplemente se oxidó la vida con la premura de la sed. Sólo eso>. Karina tiene veinticinco años, es fisica y trabaja en una teoria cuántica de la gravedad. La noche del 15 de septiembre de 2030 encuentra a su abuela inconsciente en el piso de su departamento, inexplicablemente ebria. Al volver en sí, Rebeca confunde a su nieta con un fantasma del pasado y le revela, a medias, un secreto perturbador sobre la muerte de sus padres, ocurrida dieciocho años atrás. Cuando un incendio arrasa con el panteón en el que se encuentran enterrados sus padres y casi todos los animales del zoologico, Karina no puede hacer mas que tomarselo como una señal para tomarse las palabras de su abuela en serio. Una novela llena de misterio, con saltos en el tiempo que te mantienen pegado al libro. Si te gustan las novelas de misterio e intriga, este libro es sin duda un acierto.
Situada en el año 2030, esta novela distópica de corte ecologista tiene dos cuestiones que la vuelven sumamente interesante: la resignificación de la Ciudad de México en sus habitantes y lugares (especialmente el zoológico de Chapultepec y el Panteón de Dolores) y el protagonismo cada vez más necesario de los animales como verdaderos actores narrativos. Aunque al inicio no lo parezca, la novela se va deslizando hacia el género policial y de misterio con una trama emocionante e inquietante, todo ello sin perder el sello tan característico del autor: el humor tragicómico acaso aprendido del mejor Ibargüengoitia. Muy recomendable.
En un lugar remoto del espacio, el universo empieza todavia
Con esta frase, casi cierra el libro. Es un texto corto que se disfruta palabra a palabra y que es difícil de soltar.
A veces parece estar hablando del Mexico de hoy; a veces, del de siempre. Quizá por eso se centra en el panteón, por ese eterno retorno de una realidad calurosa, casi infernal, pero a la que nos hemos acostumbrado y hemos hecho nuestra.
El libro de Comenzal es un must para quien ama las novelas policíacas, la historia de este país, la ciudad de México y su enigmático Chapultepec.