Juan Sebastián Lebonté es músico, no por vocación sino por prepotencia paterna. En una de sus giras por pequeños pueblos de Europa del Este, recibe la noticia de que su padre ha muerto y decide regresar a Buenos Aires.
Cuando llega el momento de hablar de la herencia, Juan se entera de que su padre, quien consiguió una muy buena posición económica durante los años setenta, solo le dejó un campito en el conurbano, por la zona de la estación de tren de Paso del Rey, que nadie en la familia recuerda. Hernán Ronsino, una de las voces más potentes de la literatura argentina contemporánea, construye una novela atrapante que indaga en el vínculo padre-hijo, en los secretos familiares y también en la posibilidad de encontrar una grieta que permita no repetir la misma historia, una suerte de fuga.
Hernán Ronsino es escritor, profesor y sociólogo. Nació en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, en 1975. Reside en Capital desde el año 1994. Publicó su primer libro de relatos “Te vomitaré de mi boca” que fue presentado en la 29° Feria Internacional del Libro. Disertó acerca de la creación literaria y de cómo las fantasías se plasman en una obra escrita. “Te vomitaré de mi boca” obtuvo la Mención Honorífica del Fondo Nacional de las Artes en el 2002. Sus cuentos fueron publicados en diarios, revistas y antologías. Y premiados en distintos concursos nacionales: entre los cuales se destaca el Concurso Haroldo Conti para Jóvenes Narradores 2001.
Quitamos los ridículos pajaritos de colores de su portada, tanto de la edición argentina como de la española, que parecen más propios de un autor intimista japonés. Quitamos ese título “Una música” un tanto cursi y etéreo (añado yo eso de etéreo para hacerlo todavía más cursi). Quitamos las entusiastas recomendaciones de la faja del libro, Babelia, C. Piñeiro, etc… y ¿que nos queda?: Nos queda una gran novela, una muy buena propuesta de Ronsino.
Siendo un autor absolutamente moderno y en ocasiones anteriores experimental, aquí no rechaza nada de toda esa esencia, pero se vuelve más sobrio y se trabaja mucho la novela. Me da la impresión de que podó y recortó buena parte de la novela tras escribirla a su interés.
Si hubiera que buscarle un mensaje al libro con una sola palabra, esa palabra para mí sería RUPTURA. Saber escapar de todo aquello que no nos aporta: relaciones, trabajo, entorno… salir de lo tóxico, creo que habla de una huida. No sabemos nunca donde está nuestro destino, además, puede encontrarse en el lugar más extraño o aparentemente más impropio.
Me encantan varias cosas:
1) Lo mejor de todo es el tono de la novela, muy uniforme, como muy suave en la forma. Aquí los pajaritos juegan su papel, al igual que la música de fondo…Se lee como sin querer, te dejas llevar por los derroteros que parece ir improvisando el autor, pero al tiempo muy contundente en el contenido de fondo.
2) Muy bueno también el estilo de Ronsino, con cuentagotas desde la primera persona en el presente (sobre todo) y jugando con la tercera persona en pasado, de forma constante: te cuenta un hecho presente y a continuación avanza XX días o semanas para rescatar parte de las consecuencias de esa narración; luego intercala un flash back del pasado; difícil de explicar esa técnica, pero el resultado es muy bueno.
3) La novela va dando saltos adelante en cada una de sus tres partes: parece que trata de la crisis de un tipo joven muy bien contada, y de buenas a primeras de ves metido en un trama con un poco de acción; parece que estás en una novela de acción como digo, y se sosiega el relato comienza a aparecer la información oculta en la novela y se atan los cabos sueltos.
Contrasta la apariencia de sencillez en la forma de narrarlo con la profundidad del contenido que cuenta. En una palabra, da la apariencia de obra menor, cuando realmente yo veo un librazo, trabajado en todos sus detalles y de una tremenda complejidad en su estructura y desarrollo. Un 4 muy alto.
Un relator de fútbol argentino, cuyo nombre no recuerdo, cada vez que un jugador hace algo extraordinario grita "¡Qué lindo es el fútbol!". Bueno, con este libro, cada tanto gritaba (hacia mis adentros, no estoy tan loco) "¡Qué linda es la literatura!". Señoras y señores, si alguna vez alguien me pregunta qué es escribir bien, le voy a prestar esta novela.
La verdad que contar la trama no sé si es tan importante. Digamos que cuenta el derrotero de un pianista de jazz, su relación con su padre a través de un disco y de un terreno heredado en las afueras de Buenos Aires.
Por un momento me sentí como leyendo las Mil y una noches, con muchas microhistorias secundarias contadas en un par de páginas, anexas y relacionadas con la historia principal. Otra cosa que me gustó es cómo cuenta también la historia de este país, pero de una manera lateral, sin subrayados.
No voy a decir que es uno de esos libros que te cambian la vida (¿Por qué le exigimos a los libros que nos cambien la vida y no hacemos lo mismo con las otras artes?) pero sí se lo recomendaría a todos a los que disfruten de la expresión literaria. Es lo primero que leo de Ronsino, ahora quiero leer todo lo que escribió y lo que escribirá.
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Bukku Octubre: Honestamente, nunca me enganché. Tarde semanas en leer este libro a pesar de que es corto. No se si es la narrativa o la historia o que, pero no hubo feeling. Un "no sos vos, soy yo" literario
3,5⭐ La primera vez que leo a este escritor argentino y me encantó su forma de escribir: marqué muchas frases, metáforas, comparaciones e imágenes que me cautivaron. La historia me enganchó en un principio, me sorprendió por dónde se fue la trama. Me quedé con ganas de más respuestas, pero entiendo que por ahí ese no era el punto del libro. También me quedé con la sensación de que no lo entendí del todo. Pero los personajes exquisitos. Una gran lectura de subte.
La historia de una obsesión paterna que determina la trayectoria vital de un hijo que se dedica a la música porque no le quedó otra. Un viaje al interior de uno mismo para remover lo que no entendías y poder avanzar sobre sus cenizas. Muchos personajes sobrevolando la narración no se sabe muy bien para qué, además de para darle marco al protagonista. Bonitos cantos de pájaros, y ya.
Ronsino es bastante singular: crea y transmite imágenes mientras juega con los sentidos. El olor del río, las fugas del piano, la vista nublada. También suele anticipar en cada subcapítulo de la novela lo que sucederá unas páginas después, como dando pistas. Más al estilo de un cuentista.
Todo en "una música" es como una metáfora sobre las repeticiones en la historia, atravesadas a su vez por la complejidad y obligaciones de los vínculos familiares.
Hasta ahí todo bien.
Pero a mi criterio este libro tiene dos problemas relacionados con el ritmo de la trama: se pierde luego de las primeras páginas en un sinfín de sub tramas irrelevantes de personajes secundarios difíciles de seguir. Y, por otro lado, el devenir del personaje del pianista no es verosímil. ¿Cómo es que alguien tan encumbrado y con ese nivel intelectual pasa así nomás a vivir en un campito y trabajar de carpintero? ¿Se puede llegar a ser un pianista internacional sin un ápice de deseo? Si bien todo funciona con la metáfora, hay algo que no me pareció bien construido.
“Basta con mirar cómo las nubes todo el tiempo se reinventan para entender que eso que llaman progreso, esa línea inevitable por la que hay que transitar, cumpliendo a cada paso metas, objetivos, esa línea que nos conduce hacia un destino grandioso no existe (55)”.
Hay mandatos que son explícitos: Vas a ser esto / vas a quedarte aquí/ te vas a hacer cargo de esto. Hay otros, más complicados de identificar y por eso de revelarse, que son sutiles, cariñosos, casi indetectables. Pero ahí están, presentes, firmes, determinando mucho de nuestras vidas, moldeándolas. Son la vara con la que nos medimos, el espejo en el que nos miramos cada mañana. Ronsino habla de esos mandatos y de lo profundo que pueden calar. De lo inexplicables que se vuelven las vidas vividas de esa manera; inexplicables y porosas, como un queso gruyer. Son huecos: decisiones, acciones de une que son difíciles de entender y menos explicar, rebotando entre la búsqueda de aceptación y la rebeldía constante; entre la necesidad de encontrar y el oculto deseo de que nada sea. “Siempre me atrajeron las tramas menores, los sonidos ocultos. Esos que, aunque parezcan invisibles, componen un molde, una huella que permite las tensiones (102)”. Es tremenda la cantidad de pensamientos y caminos que te hace recorrer este libro.
Sí, hay muchas reflexiones, pero enmarcadas en una historia, la de Juan Sebastián Lebonté, que es músico, no por vocación sino por prepotencia paterna. Y que dice cosas como esta: “Cuando llegaba, después de un concierto, al hotel, en cualquier ciudad el carraspeo de las cañerías contra la pared en la que dormía, la ventana de par en par dejando entrar los sonidos leves de la noche, todo eso, me despertaba un vacío que operaba con la delicadeza y la precisión de un cirujano. ¿Para qué toco? ¿Por qué? (41)”. Ronsino construye una historia llena de idas y vueltas, que te hace seguirlo por caminos inimaginables. Así, sin que lo veas venir, saca finalmente los papelitos de colores y dice: ¡tarán!
En la primera lectura, lo abandoné en la página 80. La reseña de ese momento, fue "Prefiero ir a la playa a mirar como llueve". Volví a leerla, esta vez hasta el final. La reseña de ahora sería: prefiero casi cualquier cosa antes que esta novela. Pero voy a ampliar. Hay una sola cuestión que destaco. Es la cadencia del lenguaje durante la narración y el momento de vaivén entre Öostende y Ostende. Todo lo demás, falla. Falla el efecto de lo real. Todas las referencias son inverosímiles para alguien que conoce la zona de Paso del Rey. El río Reconquista es característico por su olor a sangre, ya que está rodeado de mataderos y frigoríficos. No hay barcos ni botes. Si hay mucha pobreza, mugre, la resaca del consumo, la basura, casas de madera de pallets, villas, marginalidad. Pero no es campo. El campo es otra cosa. Y río arriba, un dique que junta el caudal de los arroyos contaminados por los químicos de la agricultura y la Staco. Falla la pata política. ¿Siempre hay que meter algo de la dictadura o el peronismo? Falla la voz de los morenenses de Paso. El lenguaje erudito de los del campito no se parece en nada a como hablan lo de la ribera. El lenguaje coloquial de Lebonté suena desafinado. Falla. A unos pocos kilómetros está Kadima, un centro de rehabilitación de adicciones. Hay otros, varios por la zona. ¿Por qué no aparecen? Ni haciendo un esfuerzo inconmensurable entré en el pacto de ficción. Justamente, porque ese pacto está sustentado en un efecto de lo real (ver Barthes) que falla. Por ejemplo, por la distancia entre el puente Falbo y la vía es imposible escuchar el tren eléctrico. No pasan cargueros. Ni tiene luces. Hay gente que disfrutó el libro. Me alegro por ellos. De corazón, prefiero casi cualquier cosa antes que esta novela.
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Comencé a leer «Una música» de Hernán Ronsino pura y exclusivamente porque me lo pidieron para una materia de la facultad. Apenas lo arranqué, pensé que era un libro que prometía. Ronsino tiene un excelente manejo de la palabra y te transporta a cada escena con una facilidad impresionante. Su calidad literaria no es cuestionable. Lo que es cuestionable es todo lo demás.
La historia no terminó de convencerme. Hay algo en esta idea de un rico haciéndose pasar por pobre para resolver sus problemas existenciales que no me cierra. En Goodreads leí que alguien ponía que el libro se podía resumir en un «Buscate un problema real» y siento que es bastante cierto.
A ver, a Juan, el protagonista, se le muere el padre, con quien no parece tener una relación tan cercana. Sí, tienen en común la música, pero parece más una imposición, un peso, que un verdadero vínculo entre los dos. Nunca se termina de explicar qu�� tanto lo afecta a Juan la muerte de su padre. No lo suficiente como para justificar que deje todo y se vaya a vivir a un campito con gente que no conoce en un estilo de vida completamente diferente al suyo.
Ni siquiera el giro argumental que Ronsino da al final, que conecta al padre de Juan con un músico cuya historia parece guiar toda la novela termina de resultar satisfactorio…
No es un libro para mí, es todo lo que puedo decir: 3/5 estrellas.
Con la prosa característica que siempre me gusta, roncino desarrolla una historia clásica de impostor, de intruso, que me hizo acordar, más en sensaciones que en trama, a El Entenado. No es el que más me gusta de Roncino, pero es de esos libros que me hacen sentir que va a ser muy difícil que alguna vez me decepcione.
Me enganche muchísimo con la primer frase pero poco a poco esa emoción se fue apagando, retome a la mitad del libro, pero no me convenció la historia, algo muy personal.
Bueno. Creo que refleja una vida en la periferia de forma muy similar a como las películas chilenas la retratan: con silencio, con no comentar las cosas importantes o decisivas. También creo que estoy en una edad (o momento) en que tiendo a pensar que muchas de las búsquedas o derivas de los personajes son angustias que se prolongan desde la crisis del cuarto de vida (las que ya estamos en la hora de sanar a tiempo?).
3 1/2 estrellas, la verdad. Me gustaría destacar la manera de escribir de Ronsino en esta novela. Es una escritura interesante. Logra mezclar argentinismos con algunas palabras un tanto arcaicas, cultas, y les imprime frescura y fuerza con el habla de sus personajes, y con algunas descripciones, y construye frases cortas, poéticas muchas veces, bastante bien logradas. Un buen estilo. También a destacar la historia, cómo no, interesante, y bien contada, muy ágil. El tema de la música y los músicos; las aves; la relación del hijo con el padre; la crisis y el desarrollo del personaje protagonista. Es una excelente y hermosa novela.
Me da miedo decir que una obra no me enganchó, por si alguien solo por mi subjetiva opinión decide no adentrarse en su lectura, estoy tan horrorizada de ver reseñas negativa y respuestas como, «gracias por tu sincera opinión», ¿cómo? Una opinión negativa de una lectura es tan sincera, o no, como una positiva y detrás pueden existir razones o intereses más que turbios o de marketing o de venganza.
La empecé, la dejé, la retomé y volví a dejar, fragmentos que me enganchaban y otros me alejaban, personajes que aparecen, la historia que salta del pasado al presente, y no termino de centrarme. Voy con la típica frase de toda ruptura donde quieres quedar superguay, no es la lectura, soy yo que no estaba centrada.
He tenido, voy a decirlo “mala suerte”, de coger lecturas donde no termino de coger el fin del autor, y estarme preguntado todo el rato, ¿qué quiere decirme? Me gustaría saber si el padre del protagonista era un visionario del futuro feliz de su hijo o un manipulador asombroso, pero llegué hasta la página 70 y me planté.
Su libro anterior Glaxo me había encantado. Cuando arranque esta novela parecía que venía encaminado a otro excito placentero pero mientras avanza, para mí pierde la fuerza y la dinámica. Me costó terminarlo.
Empecé muy enganchada, intrigada por la historia. Pero repentinamente cambió todo, escenario, personajes, historia y no terminó de gustarme. Me costó terminarlo. No me cerró.
Una obra rica en figuras retóricas, recursos estilísticos, etc… Pero me parecieron horribles algunas escenas, desagradables, sin ningún sentido. Demasiados personajes que no tienen nada que ver con la trama, cuya mención te distrae y hace más difícil entender la historia. Hay muchos vaivenes y micro historias que distraen e incomodan, porque uno está empezando a entender y ya aparece una historia que hay que tratar de entender y lo único que hace es enroscarte más. Muy pesada la novela, tardé mucho en leerla, la empecé tres veces y nunca me enganchó, hasta que logré terminarla. Sentía que a medida que avanzaba me iba decepcionando cada vez más. Lo único que me motivó a seguirla leyendo hasta el final fue que al día siguiente me tomaban la obra en la facultad sino hubiera sido imposible darle mi atención a una trama que realmente no es para mí.
Qué sentís cuando estás en un sitio que no es el tuyo? Una situación que no fue elegida por vos, que quizás te fue impuesta? Incomodidad, verdad? Bueno, esto es lo que la pasa al protagonista de esta novela. Es pianista profesional, pero no por elección, sino por imposición de su padre, quién fue armando un mundo paralelo a su alrededor que lo depositó en giras internacionales hasta que ... bueno, busquen libro y lean!
DNF. Me uní a un club de lectura y este mes me tocó este libro. Sí, a ver. Hernan escribe bonito, pero siento que desvaría muchisimo y aburre. MUCHO. No sé si alguna vez lo terminaré.
Ahora, pregunta a los diseñadores de la tapa: pajaritos más ch*tos no había? Ese libro es una victima de su propia estetica. Si no lo compras porque te lo sugieren, lo ves en la repisa de la librería y pasas de largo.
Lo agarré por recomendación y me dejó totalmente sorprendida y fanatizada.
Una narrativa argentina fascinante, llena de sentidos entrelazados para develar. Una historia diferente y (por momentos) difusa sobre una herencia bifurcada de un padre a su hijo.
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Apenas lo terminé me fui a comprar sus otros libros, o sea.
(4.0) Tal como dicen varias reseñas, quizás resulta un poco lento el principio, pero me parece que es justificado y hasta necesario. Lentamente, Ronsino nos va sumergiendo en una historia que, si bien se detiene en aspectos y detalles casi banales del día a día del protagonista, nunca deja de atraparte.
La lectura fluye, las palabras se acomodan, las largas tardes del verano en el campo te ponen en cierto trance. De repente cambia, todo cambia. Mejora. Personajes muy bien definidos, por los que a su debido momento se colará la política, el pasado, los 60/70. Y la música bien presente: pianos, calandrias y Hudson, el mítico disco de jazz grabado por Bill Turner. Libro ingenioso y noble.
Este libro es un constante: conseguite un problema real! o ¿cual es tu maldito problema? Realmente no puedo congeniar con este tipo de historia sobre un hombre con privilegios que sufre, me resultan muy aburridas.