Córdoba, 1009. El pueblo de la que entonces era la capital del mundo se levantó en armas contra la tiranía de los hijos de Almanzor, respaldada por mercenarios e integristas. Dicha rebelión no fue fruto de un malestar súbito, sino el corolario de un movimiento planificado y gestado en la clandestinidad por una suerte de asamblea o consejo. Aquella revolución vertebraría en el plano político la sociedad, dando lugar a la creación de un ejército propio e integrándose en el gobierno naciente. Pero el afán de los partidarios de la dictadura por recobrar el poder y la resistencia del pueblo de Córdoba a perderlo desembocaron en una guerra civil larga y cruenta, que malograría la grandiosidad de Medina Azahira, de Medina Azahara y del mismo califato omeya, con la proclamación de la república en 1031. Nada en el futuro volvería a ser como antes.
Antonio Manuel, autor de obras tan celebradas como "La huella morisca", se adentra aquí en un momento trascendental de nuestra historia, para poner luz, color y sonidos a la oscuridad y secretismo que la envolvían. El resultado es una novela tan necesaria como memorable.
"Una novela, escrita en femenino plural, que rompe con los tópicos decimonónicos del harem y vierte luz sobre la herencia milenaria de las mujeres de Al Ándalus, propiciando el reencuentro con la memoria popular y sentimental andalusí, para identificarnos como custodias de un legado que prevalece más allá de los siglos y sus silencios". MATILDE CABELLO
"La luz que fuimos, oscurecida durante un milenio, se abre paso hoy de la mano de un autor que ama profundamente aquella luminaria que nadie podrá apagar". HASHIM CABRERA
Acostumbrado a leer novelas históricas, esta novela sorprende por su punto de vista, estilo de escritura y desarrollo de la trama. Envuelta en el contexto histórico de la revolución de Córdoba del 1009, la novela se centra en el pueblo y, sobre todo, las mujeres de Córdoba y Al-Andalus desde un punto de vista muy emocional, incluso esotérico. Lo mejor: la pasión con la que todas las líneas están escritas. Lo peor: el ritmo de la novela, hace fácil perderse y olvidar el hilo conductor. Al igual que el glosario de términos incluido, un dramatis personae sería muy útil (como en casi todas las novelas históricas).
Pues no conocía a este autor. Pero una vez conocido y disfrutado habrá que seguirlo.
Escritura intimista, con una cuidada ambientación y una delicada prosa llena de términos andalusies y palabras castellanas de origen árabe, que demuestran erudición, sin abusar y sin afectar para nada al interés por lo que se está narrando.
El autor nos lleva a la conocida como "fitna" de Al-Ándalus, la terrible guerra civil que sacudió al reino musulmán peninsular y que desembocó en su desmembramiento y el posterior nacimiento de los llamados reinos de Taifas, que tan bien vinieron a los débiles reinos cristianos del norte, para tomar aire y comenzar a empujar hacia el sur.
La fitna, comprende oficialmente desde el 1009, hasta el 1031dc. Este libro nos narra sus inicios, el terrible caldo de cultivo que llevó al levantamiento del pueblo cordobés contra los amiries, los descendientes de Almanzor y sus partidarios.
Nos narra cómo, Almanzor, fue haciéndose con cada vez más cuota de poder en Al-Ándalus, arrinconando al débil Hixen II o Hisham, el califa legítimo Omeya. Cómo, basándose en un potente ejercito mercenario bereber y eslavo y en su brillante capacidad para ir eliminado todos y cada uno de los focos de poder civil y militar en el reino, fue afianzando una dictadura militar cada vez más ambiciosa y más osada, cuyo objetivo final no era otro que hacerse con el poder total y desplazar a los Omeyas en el puesto de Califa.
Almanzor no se atrevió, no podía, no tenía derecho, no corría sangre del profeta por sus venas. Por la de los Omeyas si, por muy venales que fueran y por muy degenerados que estuvieran. Y el pueblo de Córdoba no lo iba a consentir.
La tensión llegó a su cénit cuando Almanzor muere y sus hijos le suceden. Primero Abd al-Malik, y luego el llamado Sanchuelo. Este último decide dar el paso y tomar el título de Califa, destronando a Hixem, pero no matándolo, no dejaba de ser un símbolo.
Ante esto el pueblo estalló, arrasó la ciudad gemela de Medina Azahara, llamada Medina Alzahira, construida por Almanzor como símbolo de su poder y que arrasaron hasta sus cimientos, de tal modo que hoy en día no se sabe donde estaba situada constituyendo uno de los enigmas arqueológicos más interesantes de la Córdoba islámica.
El autor nos narra una visión muy interesante de la historia y de la revuelta, poniendo a las mujeres en el centro de los acontecimientos. De hecho las narradoras son ellas, las mujeres, las mujeres del pueblo, las esclavas, las concubinas.
Es bien sabido que las mujeres tenían mucho poder en los harenes de las cortes musulmanas, sobre todo cuando uno de sus hijos alcanzaba el poder. Es bien conocida la madre de Hixem, Subh, la Aurora de las crónicas, sin cuyo apoyo Almanzor no habría sido nadie. Durante 20 años gobernaron casi a duo Al-Ándalus, hasta que cumplida la mayoría de edad de Hixem y ante las pretensiones de la madre de que su hijo cogiera las riendas del poder (él no quería), fue apartada sin contemplaciones.
Los hijos de Almanzor también tenían madres ambiciosas, todas esclavas cristianas por cierto y las crónicas cuentan que eran el poder en la sombra tras sus hijos, estando en el centro de todos los complots y maquinaciones. ¿Fueron ellas las causantes de su ascenso al poder y de su posterior ruina debido a su ambición desmedida? Pues parece que así fue, o puede ser la visión de los cronistas, masculinos claro, que escribieron la historia.
Todo está aquí, la mano femenina detrás de la historia. Las de las mujeres humildes amas de casas, las de las poderosas madres de reyes, visires y califas. Las esclavas, las prostitutas, las viudas ricas, las líderes religiosas. Quisieron cambiar el mundo, su mundo. Detentaron influencia y poder, poder económico, poder sexual, el poder de la ascendencia sobre sus hijos., el poder del amor. Pudieron, lo intentaron, el mundo tembló, el reino se desgarró y ellas han seguido ahí, nuestras madres, las de todos nosotros.
Interesante visión, para acercarnos a unos acontecimientos tan trascendentes para nuestra Historia medieval. Igual pudo pasar así, posiblemente no, pero el viaje ha merecido la pena.
Es sin duda una novela histórica tanto peculiar, no solo porque se cuenta la historia desde la perspectiva de unas "nosotras" pero tambien por su enfoque y un delicado balance entre el realismo historico moderno y la exageración hiperrealista que se impusó hace algunos años.Tengo que reconocer que había comenzado este libro con expectativa bastante alta y también haberme llevado algunos disgustos en la primera parte, sin embargo en la segunda parte la historia iba ganando tanto en narracion como ingenuidad.Reconozco el gran trabajo de investigacion por parte del autor asi como el mérito de escribir sobre un hecho realmente poco conocido.
Amé este libro porque trata sobre Córdoba en su época de esplendor durante el califato y te cuenta cómo entró en declive y, finalmente, cayó. Me encanta que esté narrado en primera persona del plural, desde la perspectiva de las mujeres cordobesas y cómo se retrata a la protagonista.
El final es tan sencillo como profundo y desgarrador, me ha encantado.
Aunque la historia es muy interesante y la narración muy bien ambientada, el lenguaje recargado de Antonio Manuel se me ha hecho bola y, por momentos, me ha hecho perder el hilo entre los personajes.
Este libro lo escuché mediante audiolibro y fue toda una experiencia. la voz femenina ayuda a entrar en la historia que tiene como protagonistas principales a las mujeres que vivieron en la Córdoba omeya en un episodio de su historia fascinante. La novela está muy bien ambientada y la trama tiene en vilo al lector hasta el final.