La novela está contada desde la tercera persona, la narradora omnipresente. Pero es desde los recuerdos de Lina desde donde se narra En diciembre llegaban las brisas. A través de los ojos de Lina, el lector puede hacerse la imagen de la vida de las mujeres de clase alta Barranquilla, durante el siglo XX: de Dora, y de sus predecesoras; de Catalina y su madre, Divina Arriaga; Y de Beatriz Avendaño, así como la de la Nena, la madre de Beatriz.
Lina cuenta las muy diversas vidas de las mujeres del barrio El Prado, la de los niños bien y papás mal, del siglo XX. Primero presenta a Dora, luego a Catalina, y por último a Beatriz. Cada una de ellas tiene un carácter diferente, pero también muestra una forma diferente del maltrato y la opresión hacia las mujeres: Dora, quien pierde su voluntad a punta de calmantes y desprecios; Catalina, a quien hacen pagar “los pecados” de su madre Divina; Beatriz, quien se vuelve el centro de disputa de los Freisen.
Esta es la presentación más escueta que puedo hacer de los intrincados personajes de En diciembre llegaban las brisas, solo por mencionar a los centrales. Dejo por fuera todos que crean a Dora (como doña Eulalia y su abolengo, un montón de hombres blancos perezosos que pensaban que el trabajo era más deshonor que la miseria; o Juan Palos, el padre de Dora); Catalina (como Divina Arriga, cuya libertad y valentía escandalizó el estatus quo del barrio El Prado); y Beatriz (la locura de los Freisen, la familia de su esposo; o el hecho de que sus padres fueran primos).
El estilo de Marvel Moreno tiene algo que me atrapa. No sé si es su exquisito uso del lenguaje, la precisión al escoger las palabras para crear cada escena. No sé si sea su manera de narrar desde una feminidad crítica. No sé si es la fidelidad a sus ideas, que deja plasmada en cada línea.
Leer a Marvel Moreno me hizo recordar una idea que escuché hace un tiempo, en la presentación de un libro. En ella, a una de las escritoras le preguntaron qué era escribir _como mujer_. Ella respondió que no sabía qué hacía de una escritura una _de mujer_; ella no escribía con sus tetas (sic.). Marvel Moreno me da a mí herramientas para hablar acerca, no de una escritura _de mujer_, sino más bien qué es escribir _desde_ el lugar de una mujer. En Marvel Moreno puedo encontrar le escritura desde desde una feminidad crítica con el patriarcado, consciente de la opresión por razón del género. Y eso se muestra en cada personaje: la madre de Javier Freisen, considerada más como una matriz reproductora que como mujer; Catalina, en quien Álvaro Espinoza ve su entrada triunfal a la burguesía barranquillera y la coartada perfecta de su homosexualidad latente; las mujeres que Víctor usaba como cosas solo para asegurarse sus objetivos, o las esposas que los revolucionarios trataban solo como subordinadas y no como compañeras de lucha.
Marvel Moreno deja ver en cada letra su preocupación por entender cómo se ejercen esas relaciones de poder sobre las mujeres; pero también busca escudriñar, develar la estructura. De Marvel Moreno no obtenemos respuestas de reina de belleza, tampoco romantiza, mucho menos una justificación de la tradición cultural. No. Ella utiliza los argumentos y el análisis agudo, sin que por ello se renuncie al encanto de la literatura, a la creación de espacios, a la construcción de personajes, sin renunciar a ser una escritora de narrativa.
Estoy encantada con la lectura de la novela. Recomiendo sin vacilar la lectura de _En diciembre llegaban las brisas_. Debería también ser un clásico de la literatura colombiana. Bueno, para mí lo es.