Los secretos más oscuros de Colonia Dignidad, develados por uno de los periodistas que más ha investigado el tema.
Colonia Dignidad fue, antes que nada, una secta religiosa creada por dos predicadores callejeros expulsados de la Iglesia Bautista alemana y que, como toda secta peligrosa, fue formada para satisfacer básicamente los impulsos sexuales de su líder, la pederastia, en ese caso.
La de Paul Schaefer fue una secta de manual. No solo manipuló místicamente a sus seguidores y les despojó de su dinero, sus pensiones e incluso sus hijos. Y cuando la creencia en las supuestas cualidades mesiánicas de su líder ya no fueron suficientes, no trepidó en drogarlos, golpearlos, torturarlos y asesinarlos para evitar que huyeran.
Esta secta corrompió casi todo el entramado judicial y policial de la zona donde se alojaba, con un solo lograr que las autoridades no investigaran las denuncias por adopciones ilegales, violaciones y otros delitos aberrantes cometidos en contra de niños indefensos y de sus padres.
Existen múltiples testimonios que dejan muy en claro que, debido a la forma en que Schäfer predicaba "la palabra de dios" y sus técnicas de dominación física, Colonia Dignidad, está al nivel de las principales sectas de la historia mundial, como Jonestown, Heaven's Gate, la secta Aum o los Davidianos de Waco.
Es periodista. Ha trabajado en diversos medios, y ha sido premiado por su tarea. También se ha dedicado a la docencia universitaria. Antes de la novela Los pasos perdidos de Shakespeare publicó varias obras de investigación periodística: Los enigmas del caso Matute Johns (2001), De Sarajevo a Nueva York. Breve historia del terrorismo (2001) y El último secreto de Colonia. Dignidad, la desaparición de Boris Weisfeiler (2002). Se confiesa admirador incondicional de Arthur Conan Doyle, Jules Verne, William Shakespeare (fuera quien fuese) y Umberto Eco. De nacionalidad italiana y chilena, reside en Concepción, donde trabaja como asesor de comunicación.
Carlos Basso debe ser uno de los investigadores que más sabe de Colonia Dignidad en Chile. Este libro es una demostración de aquello. En sus casi 300 páginas te adentra en el terrorífico mundo de la secta liderada por Schäfer y lo que me parece también importante, te explica las bases teóricas en las que se sustenta la filosofía de este supuesto "Mesías". Además de explicar una parte de la historia que al menos yo no manejaba tanto que es la fabricación y contrabando de armamento de guerra. A ratos puede ser un poco denso y no cuenta la historia de forma lineal pero cada dato es preciso y bien explicado. Recomendable definitivamente.
Que increíble el trabajo de investigación sobre la existencia y el funcionamiento de Colonia Dignidad. La documentación es abundante, y por lo mismo a ratos, abrumadora. Como siempre, la realidad supera a la ficción.
Muy buen trabajo documental de parte del autor, la narración es sencilla y el libro en su totalidad resulta muy ameno para ser un libro de no ficción que a veces suelen ser un poco densos. Lo que no me gustó es que este libro no tiene casi nada de contexto sobre la Colonia Dignidad y sus capítulos no van en "hilo", es decir, los hechos no están en forma cronológica y se salta de un tema a otro lo que podría confundir un poco al lector. Podría resultar muy interesante para quién maneje un poco el tema. Sin embargo, yo, que conocía esta secta solo a grandes rasgos, me resultó un poco difícil seguir el hilo. Definitivamente es interesante ver como la realidad se vuelve más terrorífica que la ficción, pero personalmente necesito complementar este libro con algunos otros de los que nombra el autor en sus referencias o ver la serie para empaparme mejor de esta historia.
Me gustó mucho. Superó mis expectativas ampliamente. Es una narración no lineal, cada unidad es una pequeña historia dentro de un gran (y terrible) tema central que está MUY relacionado con una época importante y que tristemente marca a un país. Da cuenta de sucesos que ocurrían de manera subterránea en una sociedad con fuentes de información limitadas. Es mi primer libro de Carlos Basso; me cautivó.