"Porque, con una sencilla y certera bola de nieve, Libby había conseguido nada más y nada
menos que hacerse dueña de su corazón".
Una historia maravillosa que me ha hecho suspirar, porque MacBain se merecía encontrar el amor, y no podía haber dado con una pareja mejor. He vuelto a las montañas de Pain Creek, en Maine, convertidas en las Tierras Altas gracias a la presencia de los guerreros escoceses que viajaron en el tiempo desde el siglo XII al XXI por la magia de un viejo druida. Adaptarse o morir, ese parece ser el lema de estos hombres. Y de los diez que viajaron solo quedan cinco.
La historia vuelve a sumergirnos en el pequeño pueblo de montaña, pero, en esta ocasión, estamos en la época de Navidad. La nieve, los árboles de Navidad, el día de Acción de Gracias... todo evoca calor de hogar.
La trama es sencilla, y gira estrechamente en torno a la historia de amor de Michael y Libby, aunque el druida Daar vuelve a hacer de las suyas, y luego está Robbie, el precioso hijo de Michael, que jugará un papel importante. Es una historia planteada para caldear el corazón.
Michael es un guerrero escocés, y no lo olvida a pesar de que ya han pasado doce años desde que aterrizó en aquella nueva época, por eso educa a su hijo como lo hubiera hecho de estar en Escocia. Dos veces ha amado, y las dos veces se le ha partido el corazón tras la muerte de las dos mujeres. No quiere arriesgarse una vez más, pero Libby no le dejará opción, y Robbie tampoco. Como personaje, MacBain enamora, porque tiene la arrogancia de los escoceses medievales, pero también un instinto protector, una mentalidad abierta, y una sensibilidad exquisita que, aunada a la ternura, despierta sentimientos profundos, a pesar de que su hermetismo no permite que se le conozca bien.
Libby llega a Pine Creek huyendo de un don que se le ha concedido, pero que la asusta a muerte. En ese pequeño pueblo descubrirá que la magia existe, y descubrirá también qué es lo que necesita y lo que ha estado buscando durante mucho tiempo. Es una mujer moderna, feminista (es encantadora cuando planea invitar a salir a Michael, cenar en un restaurante, pagar la cuenta, regalarle flores y seducirlo), alegre y muy... bajita, un metro y cincuenta y siete, frente a los dos metros de Michael. Libby tendrá que convencer a MacBain de que no es frágil en absoluto. La química entre los dos es estupenda desde el primer encuentro, en el que ella lo derriba de un golpe...
La historia está llena de magia. Aquí volvemos a ver, como en la anterior novela, un espíritu encarnado en un animal que acude para proteger a los suyos y guiarlos. La narración es cuidada y expresiva, llena de momentos dulces, y el tiempo parece transcurrir igual que caen los copos de nieve, despacio, pero sin sentirlo, con suavidad, envolviéndote en la lectura.
Reconozco que Janet Chapman ha comenzado a ocupar un lugar entre mis autoras favoritas.