"Graziella" parece más un recorrido por la juventud del futuro presidente de la República francesa, Aphonse de Lamartine, más que una historia de amor romántica al uso, quizá siendo ese uno de los motivos que han provocado una ligera desilusión en mi al terminar de leerla, principalmente porque me ha emocionado mucho el final de una historia de amor que considero que, ni siquiera, había empezado formalmente. Es decir, que Lamartine tenía las herramientas suficientes como para hacer una historia de amor que emocionase al lector pero que, al final, ha terminado siendo una obra de autodescubrimiento y exploración juvenil (ojo, que eso me ha gustado mucho) con un final que, a mi parecer, resulta precipitado y rápido.
A modo bibliográfico pero sin aclarar, hasta el final, que el protagonista que narra en primera persona esta novela no es otro que el autor, Alphone de Lamartine, vamos a seguir el viaje a Italia de un joven de la clase alta francesa, casi aristocrática, que ha vivido, debido a las constantes revueltas políticas y civiles que se vivieron en Francia en su infancia y en la futura revuelta política de 1848, en la que le pillaría siendo un político en pleno derecho e incluso futuro presidente de la república francesa, Lamartine ha vivido una infancia apartado junto a sus hermanas y su madre en las montañas de Milly, al sur de Borgoña, dedicado a la contemplación de la naturaleza.
La novela comienza cuando el protagonista, debido a que había quedado al cuidado de una parienta, debe viajar a la Toscana con 18 años. Una vez llega a Italia, momento en el cual la milicia francesa ocupaba las tierras italianas e incluso eran considerados los franceses en Italia como ciudadanos del más alto renombre, Lamartine queda enamorado de la ciudad de Roma, motivo por el cual desoye los consejos de sus familiares y decide emprender un viaje personal y solitario de contemplación de los viejos clásicos, permitiéndole comprender y aceptar para sí una identidad política liberal, humanista y republicana, debido a los malos episodios vividos con una monarquía golpista y tirana en su Francia natal, encontrando en Roma y en Italia un lienzo en blanco en donde sus pensamientos puedan ir cogiendo forma. Así, Lamartine narra su camino a la madurez intelectual entre las históricas calles de Roma, conviviendo con la familia de un pintor con pensamientos semejantes a los suyos. Sin embargo, Lamartine decide continuar con su viaje hacia Nápoles, en donde encontrará a un viejo amigo suyo de la infancia, quien comparte pensamientos y formas de actuar como él, quien le acompañará en esta travesía de descubrir el mundo, así mismo y su identidad personal. En medio de este camino, ambos jóvenes franceses encuentran la belleza en el oficio del marinero, conociendo a un marinero, Andrea, quien junto a su nieto, Beppino, se enfrentaban al mar cada día, quienes se ofrecieron a enseñarles su bello oficio.
Es aquí cuando los dos extranjeros comienzan a frecuentar la compañía del abuelo y del nieto y a aprender a navegar en las aguas napolitanas, hasta que una noche, una tormenta provoca el naufragio del barco en el que se encontraban, quedando a la deriva y casi muriendo en el acto. Sin embargo, logran llegar a Prócida, una bella isla napolitana en donde Andrea tenía una casa y en donde vivía su familia hasta el cambio de estación. Allí fueron recibidos por la anciana esposa, por su nieta mayor, llamada Graziella y sus otros dos hermanos pequeños, quienes la querían como una madre. Pese a la desgracia, Lamartine y su amigo trataron de ayudar en lo máximo posible a la pobre familia, quienes al final terminaron acogiéndolos como sus propios hijos. Les ayudaron a volver a todos a Nápoles y quedó establecida entre ellos una relación casi de familia, que hacía muy feliz a ambos jóvenes.
Sin embargo, cuando el amigo de Lamartine es requerido en Francia, él quedará solo en Nápoles, y tras haber estado tanto tiempo acompañado de tan buena compañía, termina cayendo en una depresión de la que enferma gravemente, contando entonces con la ayuda de Graziella. Es en este punto donde ambos jóvenes, mutuamente interesados en el otro, comenzarán a convivir y enamorarse, puesto que Lamartine termina siendo acogido como huésped de pleno derecho. Disfrutando de nuevo de conocerse así mismo, de disfrutar de la vida del marinero y de Graziella, Lamartine vivirá una existencia plena hasta que llega la tragedia: quieren casar a la hermosa Graziella con su primo Cecco.
En este punto, Lamartine, de forma absolutamente egoísta, resuelve confesarle a Graziella sus sentimientos, sabiendo que jamás podrá tener nada con ella dada sus diferencias sociales, pero Graziella, perdidamente enamorada de él, huye de su hogar con tal de no casarse con su primo. Sin embargo, la situación queda resuelta, manteniendo una extraña paz en la que ambos se han confesado sus sentimientos pero ninguno de los dos es capaz de hacer algo por manifestarlos. Esto se mantiene así hasta que, como era obvio, Lamartine debe regresar a Francia, dejando a Graziella que, sin saber por qué o en qué circunstancias, termina muriendo al poco tiempo.
Es este final de la novela lo que no me ha terminado de convencer, dado que hasta más o menos la mitad podría entender que esta historia fuera un viaje de auto conocimiento del autor, con verdaderos pasajes que son muy interesantes, dado que narra de una forma muy hermosa lo que le supone para él entender la libertad, aprender sobre historia o viajar por los distintos parajes de Italia. Pero creo que el tratamiento que hace el autor con Graziella no es justo, dado que ella es un personaje lleno de inocencia, de belleza y de vida, que sin embargo, se torna en una mujer vanidosa, egoísta y temerosa de un hombre que no es capaz de mostrarle el mismo amor que ella demuestra. Graziella pasa de ser una niña despreocupada y buena a ser una mujer recelosa y embustera, pero todo en un paso de un par de hojas, en donde el autor no hace otra cosa que justificar su comportamiento. No creo que haya aquí ninguna clase de historia de amor, más allá de la juventud de Graziella y de su inocencia al enamorarse de un extranjero, cosa entendible, pero que creo que Lamartine no gestionó correctamente. Él era mayor que ella, él estaba en una posición de poder superior a la de ella y fue él quien consintió todo esto. Si de verdad Lamartine hubiese amado a Graziella como decía amarla, primero, hubiese conservado con ella una amistad, dado que era lo máximo que podía ofrecerle, después, le hubiese instado a considerar el casarse con su primo, pese a dolerle, dado que era una opción muy ventajosa para él, y por último, no la hubiese mentido al marcharse. Además, estando en París, se avergonzaba de ella, no quería saber de Graziella pese a que "su corazón llorase por ella", era un falso y un egocéntrico que se olvidó rápidamente de toda la libertad de pensamiento y espíritu que había aprendido en Italia para volver a la falsedad y la etiqueta de Francia.
Creo que Alphonse de Lamartine es el principal problema de esta novela. Su personaje es como si estuviese por encima de todo, con un aura de superioridad moral y opulencia que, en ocasiones, te hace pensar como lector hasta qué punto lo que está contando es cierto, dado que investigando sobre su biografía he visto que fue conocido como escritor por narrar la historia de la batalla de Gironds (o algo así) habiéndose inventado buena parte. Mucho de esto me hace pensar en que la Graziella que Lamartine dibuja es la Graziella que él, egoístamente, quería que fuese, y que quizá la verdadera Graziella sí que se casó con su primo Cecco, quizá este primo no era tan poco agraciado y quizá quien se volvió loco de los celos fue el propio Lamartine. Quizá, Graziella solo pudo quererle como un amigo, un hermano, motivo por el cuál él no volvió incluso aunque ella le escribiese diciendo que se moría.
El protagonista narrador tan pedante unido a que, en sí, no es una historia de amor, hace que me haya desilusionado bastante con esta novela. Sí que me ha gustado, y la verdad me ha emocionado bastante, pues he empatizado mucho con Graziella y me duele mucho todo lo que esa pobre muchacha ha sufrido hasta su muerte. Sin embargo, esta historia me ha parecido algo simple, fácil de contar y que deja muchos frentes abiertos que me gustaría poder resolver. ¿Cómo es que Graziella cambia tan rápidamente su carácter y personalidad? Algo que podría ser entendible dada su juventud. ¿Por qué Lamartine cambia también en París? También justificable por la frialdad y falsedad de la alta sociedad parisina. ¿Cómo es posible que en una página el autor explique todo un final cuando ha estado capítulos enteros para hablar de un libro? No sé, tengo la sensación de que esta historia se me ha quedado corta, y lo que podría ser algo bueno se torna en algo malo al aumentar, a cada rato que pasa, la sensación de odio que me genera Alphonse de Lamartine y la idea de que este hombre algo oscuro ha ocultado aquí, principalmente mi teoría es esa: Graziella no le llegó a amar nunca y él ha querido aprovecharse de su anonimato para idear la historia a su gusto.
En definitiva, me ha gustado, pero me ha decepcionado para lo que yo pensaba que iba a ser. Esta colección de clásicos de novelas románticas tiene increíbles historias de amor (Marianela, La dama de las camelias o Tristán e Isolda), siendo las dos primeras mencionadas dos de mis novelas favoritas. Y comparando con "La dama de las camelias", de mi adorado Alejandro Dumas, también francés y de la época, sinceramente, solo puedo decir una cosa: Alphonse de Lamartine, no tienes ni absoluta idea de lo que es sufrir de verdad por amor, porque recordando a Armando Duval y a Margarita me emociono. !Eso sí es una verdadera historia de amor que salva las diferencias sociales y que tiene un final absolutamente brutal y desgarrador! Un personaje masculino que no tiene miedo a amar y un personaje femenino que se mantiene firme a quien es hasta el final. Y qué decir del principio... aun se me ponen los pelos de punta.
Quizá, la conclusión a la que llego es que debo releerme "La dama de las camelias"