La calidad de los cuentos del segundo volumen de Puñalada es más homogéneo. No hay diferencias abismales como sucedió en la primera, que tenía un par de relatos que estaban lejos del lote (por malos). En esa línea, me parece arbitrario decir quién es mejor y quién es peor. Se trata, más bien, de predilecciones estéticas y temáticas. Es un asunto, en últimas, de la resonancia que cada relato hace en el alma del lector/a.
Mi cuento favorito es Arrancamuertos por la maestría con la que gambetea los hechos y se introduce en un universo fantasmagórico. Gracias a mi predilección por el desplome, me encantan los cuentos El lento e imperceptible retiro de las aguas, Memoria del cuerpo, Aire salino y La siesta de los obreros. También me gustó cómo se construyen las relaciones o romances en Necesidades satisfechas, Trocito de pescado y No ocurre nada.