Cuando Cristina Rivera Garza publicó su magnífico libro Había mucha neblina o humo o no sé qué dejó en claro que Juan Rulfo, en sus trayectos por el interior de México, fue desedimentando las voces que el milagro mexicano de la revolución verde había ido enterrando a través de la erradicación de comunidades enteras, sepultadas bajo el peso categórico del progreso. Esa luminosidad crítica, que ya se insinuaba conceptualmente en Los muertos indóciles y se manifiesta, materialmente, en Autobiografía del algodón, logra, en Escrituras geológicas, una teorización sofisticada y precisa, aunque, más que nada, urgente.
Las escrituras geológicas son modelos de escarbar, hurgar en las capas de un pasado que se extiende y reemerge en el presente dado que nunca se ha ido. En sus capas y strata se adhieren historias de violencias coloniales y epistémicas junto a huesos y carne, junto a cultivos, laboriosidades y resistencias. Libro imprescindible –e impostergable– para revisar los tejidos materiales que han ido urdiendo las tramas históricas, tramas alojadas en los intersticios espaciales pero cuyas grietas se materializan a lo largo del tiempo en cuerpos y palabras que, por su sola existencia, impugnan su linealidad teleológica y, por lo tanto, su capacidad de construir sentidos.
Cristina Rivera Garza is the author of numerous works of fiction and non-fiction. Originally written in Spanish, these works have been translated into English, French, Italian, Portuguese, Korean, and more. Born in Mexico in 1964, she has lived in the United States since 1989. She is Distinguished Professor in Hispanic Studies and Director of Creative Writing at the University of Houston and was awarded the MacArthur “Genius” Grant in 2020.
No quiero ser de esas fans from hell que a todo le dan cinco estrellas, aunque tal vez lo sea, pero este compendio de sensibilidades e ideas (conversaciones geológicas en sí mismas) devuelven las ganas de todo: de escribir, de leer, de entender, de increpar al pasado.
Entré a este libro buscando cierta guía para orientar el marco teórico de la tesis y, en parte, me ha servido para eso. Cristina Rivera Garza propone las escrituras geológicas y las desedimentaciones como marco teórico-metodológico para leer las literaturas del Capitaloceno. De esa primera parte del libro me han gustado mucho los artículos sobre Elena Garro y Selva Almada. Pero luego todo da un vuelco y la teoría se vuelve ficción y crónica y ensayo y testimonio personal y colectivo. El ensayo sobre Gloria Anzaldúa es muy bueno y me va a dar mucho que pensar pero dejo aquí una cita del que da cierre al libro, donde Rivera Garza recupera la experiencia de escritura de su ópera prima, El invencible verano de Liliana: «Escribir un libro tal vez se reduzca a eso: deshabitar la página, desbrozar el territorio del lenguaje, quitar todo lo innecesario de ahí para que, ya sin estorbos, emerja la experiencia que queremos compartir con otros cuerpos en sus propios entornos. En todo caso sé que hay dentro de mí un sitio sin muebles donde nada se interpone ya entre mi hermana y yo. Este es nuestro verano, Liliana. El invierno ya pasó».