Dicen que hay pasiones que matan, y Santiago Rivas está dispuesto a correr el riesgo. Hace no mucho él era un tipo bastante normal, con distintas inquietudes, un buen trabajo, diversidad de amigos... hasta que un día el vino le jodió la vida y todo cambió para siempre. Hoy, nada le interesa si no tiene que ver con el vino, hasta el extremo de haberse convertido en uno de los mayores ‘influencers’ del sector (@colectivodecantado), con miles de seguidores en sus cuentas de Instagram y YouTube, además de un podcast de referencia. En este libro relata cómo sucedió dicha epifanía y ofrece las claves que todo ‘winelover’ debe controlar, desde los nombres más destacados del sector hasta los vinos que pueden volarte la cabeza. Más que una guía, una foto fija sobre el mundo del vino en España, incluyendo las redes sociales, el postureo, la prensa especializada, las tiendas, las bodegas, las puntuaciones de las guías... “Leer este volumen ha sido de lo más divertido, además de muy motivador, y os lo dice alguien que ha tenido como entrenador a Guardiola”, David Silva
Si a alguno de por aquí os gusta el mundo del vino, quizás conozcáis a Santi Rivas. Y entonces sabréis que es un tío un poco cansino, de esos que hablan todo el rato y dicen muchas cosas. Y cuando dices muchas cosas, corres el riesgo de decir muchas tonterías. Pero también es probable que digas alguna interesante. Pues así es este libro: el cansino de Santi Rivas diciendo muchas cosas, algunas tonterías y otras interesantes.
Un llibre divertit, àgil, instructiu i didàctic, escrit per algú que en sap i ho fa des de l'honestedat. Aire fresc, que s'agraeix. Tant de bo hi haja segona part.
Cuñado disfrazado de connoisseur que se cree relevante en un mundo donde el postureo es omnipresente. Libro muy flojo creado para presumir de lo caros que son los vinos que bebe.
Este libro marca un antes y un después en el mundo del wineloverismo. Puedes estar en desacuerdo con algunas de sus tesis, pero la forma de abordarlas hace que simpatices con su peculiar punto de vista. El soso y plano mundo de la literatura vínica necesitaba un Santi Rivas para remover los posos y darle vidilla.