Paloma sufre de parestesia: paulatinamente deja de sentir. Primero los dedos, luego las palmas, luego el pecho. Anestesiada por un matrimonio aburrido, por una maternidad que no la hace feliz, por un trabajo que paga las cuentas, pero que la hastía. En un juego de espejos, Paloma es una nueva mujer de Lot que parece condenada a convertirse en estatua de sal, no por mirar hacia atrás, sino por mirar más adentro.
Desprovista de toda hipocresía, Parestesia es el retrato de una mujer actual, dispuesta a desafiar los roles establecidos por una sociedad patriarcal al tiempo que trata de no hundirse. Escrita con suma elegancia, esta novela es de una rudeza cruel, pero certera.
Con una prosa que roza el lirismo en cada una de sus frases, Lorena Spatakis está a la altura del erotismo de Anaïs Nin y del flujo de conciencia de Virginia Woolf. Sin duda, una voz mordaz y sin artificios que apunta maneras en la literatura latinoamericana.
Parestesia me pareció una muy buena propuesta narrativa y estética, jugada, desafiante, pese a lo cual no terminé de conectar del todo con el libro. Spatakis propone una protagonista repulsiva. Paloma es alguien con quien uno lógicamente no conecta, y que viene a ser el reflejo del conservadurismo de la sociedad uruguaya y de la alienación que representa aspirar a una vida dentro de la lógica capitalista posmoderna del confort, la comodidad, el éxito y bienestar económico, la aparente estabilidad que va en contra de lo que uno realmente siente y quiere, por figurar. Esta presentación me pareció muy interesante y jugada. Hay que saber leer el personaje y descifrar la ironía que la autora le imprimió entre líneas. Además de esta cuestión de crítica social y de una búsqueda explícita de generar incomodidad, Spatakis decidió incluir pasajes eróticos realmente muy bien logrados. Ante todo Paloma es una mujer insatisfecha, que engaña a su marido y encuentra en su amante el placer de sentirse una mujer dominada pero a la vez empoderada, capaz de hacer lo que quiere. Los momentos de tensión sexual son estremecedores, muy bien planteados insisto, y ocupan buena parte de las apenas menos de 90 páginas que componen la novela. El arco narrativo sin embargo, no me terminó de convencer. Sentí que la lectura fue de más a menos, el final es confuso, como difuminado. Tal vez sea una elección artística, lo cual aprecio, pero aun asi me dejó cierta sensación de vacío. No estoy seguro de que haya una resolución, por ejemplo, al brutal egoísmo de la protagonista, no hay un cierre claro a las problemáticas planteadas. Están puestas sobre la mesa, con sorna e ironía, pero Spatakis deja abiertas todas las posibilidades al lector. No está mal, pero siento que la novela se me fue de las manos en nada, como si el camino se acabara abruptamente. Pese a ello y a lo corto del libro, Parestesia es otra de las novedades de la narrativa nacional que demuestran el potencial que tienen nuestros autores (y especialmente autoras) en la actualidad.
Si existe una crítica que se suele usar una y otra vez en los círculos de lectura amateurs que detesto total y completamente, es esa idea de que los personajes tienen que caernos bien para engancharnos con una historia, quizás no todos, pero siempre alguno nos tiene que gustar, y honestamente, creo que esa es una forma de entender el arte y la realidad misma, tan hueca, tan obtusa y carente de sentido, tan irreal, que me genera una pulsión de violencia dentro mío que me cuesta controlar sin hacer algún comentario tajante al respecto. Puedo pasarme rato hablando del tema, pero ¿porque saco esto a colación mientras hablo de la reseña de este libro? Pues porque si hay algo que la protagonista de este libro no tiene, es capacidad empática. Es un ser despreciable, en el sentido de que todo ser al cual podemos acceder a sus pensamientos más profundos, y en estos podemos ver como todo lo que hace es en beneficio propio, con un egoísmo tan arraigado a su ser que se manifiesta de forma despreocupada, casual, en ese momento, es casi imposible empatizar con ese individuo, nos choca, es el comportamiento de lo que entendemos como un villano. Y esta novela sería imposible si no era de esta forma, si no se trataba de un personaje con estas cualidades, ya que toda la ambientación temática del libro es la perdida de la capacidad de sentir. La novela trata sobre una mujer, una odontóloga, que claramente no es feliz con su vida, casada y con dos hijos, con un marido al cual desprecia, pero que el libro nunca nos da un indicio de que este desprecio sea merecido, no estamos hablando de un tipo cruel, abusador, inútil… sino un tipo que se dedica a sus hijos, que no es conflictivo, que esta conforme con su vida, algo que desespera a Paloma, la protagonista. Ella tiene un amante, un artista, que da clases de pintura, donde ella lo conoció, y que es lo que la hace sentir viva, ese escape de su vida que encuentra aburrida y monótona, con un tipo que claramente no la ama, pero que disfruta de seducirla y de poseerla. Rápidamente nos enteramos de que Paloma tiene algún tipo de enfermedad que la hace perder de a poco la capacidad de sentir en las extremidades, y como esto se va propagando por su cuerpo. Hay una evidente relación temática entre esta perdida de la capacidad de sentir su cuerpo, y de la incapacidad de conectar de forma empática que tiene la protagonista con la gente que la rodea, y que a medida que se va incrementando, lo notamos más en sus monólogos internos. Por fuera de la trama y de como esta se conecta con el arco temático en el que esta se desarrolla, lo mas interesante de justamente la prosa, el como todo esto se nos va relatando, porque hay diálogos, pero son pocos, y la inmensa mayoría de lo que se transmite es a través de un flujo de conciencia de la protagonista, que Lorena Spatakis maneja de forma sumamente elegante, y a la vez cruda, con momentos de una fuerte carga erótica, pero no solo por lo que sucede, sino por como esto se maneja, como se nos transmite:
“Con Felipe compartimos ese no sé que nostálgico de las personas que tienden al drama, Me gusta Felipe. Me gusta sentirlo en mi boca. Lo quiero y lo deseo para mí. Me gusta sentirlo en mi boca así de duro mientras lo acaricio, suave, lento, presionando y friccionando, cuando de la nada, vuelve el entumecimiento. Primero es un hormigueo, después verdaderas cosquillas, empieza en el anular y en cuestión de segundos se contagia al resto de mis dedos, que cerrados en racimo por debajo de mi boca van desapareciendo uno a uno. Estoy llenando de vida a un hombre con mi mano muerta”
Hay una cierta ambigüedad en el final, que me gusta ya que se abre a interpretaciones, pero a su vez no es un final del todo oscuro, como puede ser que la novela nos de a entender a medida que avanzamos. Disfruto de leer estas exploraciones en el lado oscuro de la psique humana, mas cuando son experiencias de vida por las que uno no va ni, ni puede pasar, pero que se trasmiten con un candor, con una honestidad, que las hace sentirse propias, o que hace que sea fácil extrapolarlas a cosas que uno mismo haya vivido, o sentido en algún momento. Y eso para mi es lo que hace que una novela sea buena, o no, el que la idea que se transmite sea algo que uno pueda sentir como propio por la claridad con las que se narran, y no necesariamente el que lo que se cuenta o quienes vivan eso que se cuenta sean queribles o no.
Esta novela nos narra una parte de la vida de su protagonista, Paloma, quien sufre de parestesia (sensación de adormecimiento en distintas partes del cuerpo) y de una vida aburrida junto a su esposo y sus dos hijos.
La historia ronda en cómo va aumentando esa sensación de adormecimiento; como comienza por los dedos y se le propaga por todo el cuerpo. Al principio nuestra protagonista puede controlarlo, pero luego vemos como ese adormecimiento pasa a controlarla a ella, y siento que esto es un poco el sentimiento que tiene con su propia vida. Al comienzo siente que puede controlar la vida habitual de una mujer casada con dos hijos pero al final ese estilo de vida la termina consumiendo porque no se siente viva. Para buscar sentirse viva opta por algunas decisiones que van por fuera de la norma.
En lo personal, disfruté de la lectura, es una narración en primera persona desde la perspectiva de Paloma, por lo que vemos su día a día y los sentimientos y pensamientos que pasan por su cabeza. Esto hace que conozcamos su sentir, vemos sus opiniones y algunos pensamientos intrusivos a la hora de comunicarse o tratar con otras personas, lo que nos muestra a una persona más real, con sus opiniones no tan éticas, pero nos deja varias dudas con respecto a los demás personajes; sabemos qué sucede por la cabeza de Paloma pero no lo que vive su esposo, esto logra que algunos cabos queden sueltos y no logres entender al cien porciento algunas decisiones de nuestra protagonista. Siento que no pude conectar con el personaje a lo largo del libro, en algunas situaciones o problemas logré entenderla y empatizar con ella, pero fueron mínimas esas ocasiones.
El final del libro es abierto, te deja pensando y sacando tus propias conclusiones, lo que está bueno porque si lo conversas con alguien más, podes ver qué entendió la otra persona y te deja un umbral abierto para distintas opiniones. Siento que fue un buen final para este libro. Es un buen inicio al ser la primera novela de la autora, su manera de narrar distintas sensaciones y situaciones, además de las construcciones del personaje principal que es muy distinto a varios personajes que he leído, me gustó mucho. La lectura es corta y ligera, por más que me faltó conocer la perspectiva de otros personajes, entiendo que ese no era el fin de la historia.
Lo recomiendo para aquellas personas que se encuentran en busca de una lectura rápida y quieren conocer personajes más reales, que se asemejen un poco más a la realidad de este mundo por más que discrepo en algunas situaciones que decide experimentar Paloma.
Me gustan los personajes que generan rechazo por su mala leche... que alguien protagonista sea así, es algo que me engancha en la historia. Si hubiese sido no más el típico relato de una mujer insatisfecha con la vida, el marido y la maternidad, le hubiese faltado fuerza.
El final abierto y confuso pone en duda la mala calaña de la protagonista y aunque no es d mi entero agrado, valoro el contraste y las posibilidades de reivindicación que abre.
Es una novela d lectura muy ágil y con un estilo narrativo directo y en lenguaje escueto y fuerte que atrapa.