Los relatos de Stefan Zweig tienen algo de adictivo que me cuesta definir. Su prosa es ágil, define la psicología de los personajes con total claridad, y describe detalles que crean la atmósfera adecuada a cada situación. Las historias parecen sencillas, a veces con comienzos raros (alguien diría que incluso poco creíbles) pero después uno entiende que esos arranques no son más que una excusa para hablar de lo que hay detrás de las decisiones, las actitudes y el sufrimiento de los personajes. Y debe ser en eso en lo que brilla Zweig: en contar de manera clara y precisa, a la vez que amena, las luces y las sombras del ser humano. Las dos novelas cortas reunidas en este volumen tienen una estructura similar: una mujer relata a un hombre su vida y se descarga así del peso de un secreto arrastrado durante años. En "Carta de una desconocida" lo hace por escrito y cuenta la historia de una mujer enamorada desde los trece años de un hombre. Lo que parece de entrada un amor adolescente y platónico, se convierte en obsesión y desemboca en una serie de avatares que condicionan la vida entera de la mujer. En "Veinticuatro horas en la vida de una mujer", ésta cuenta un episodio de su vida que duró veinticuatro horas exactas. En ambos casos topamos con la contraposición entre un deseo idealizado y una realidad indiferente y cruel. Nos habla de la inseguridad, de la pasión, de la necesidad de reconocimiento, de la voluntad de ayudar, de recibir agradecimiento, del ideal romántico... Es fácil sentirse identificado con sentimientos tan comunes. Y Zweig lo hace de forma tan amena que quizás sea ese su secreto.