Ufff, tengo que escribir algo sobre este libro, pero a esta hora de la madrugada (2:00) prefiero dar una versión corta y apropiada para sacarme lo más importante del pecho...
ESE FINAL... simplemente wow...
____________________________________________________________
Por fin me he dignado a editar la reseña de este libro. Era algo que tenía pendiente y que le prometí personalmente a Sofía Aguerre, su autora/persona maravillosa. Aquí les va la versión resumida y editada de lo que pueden encontrar en mi blog donde coloqué todos los links importantes para saber más sobre este libro.
Como habrán visto en el momento de terminar de leer (en una noche sin sueño, que me llevó a la desesperación al principio y luego a la lectura), lo único que pude hacer fue cerrarlo, aún con mi corazón palpitando fuerte con el gran final y describir mis sentimientos con una de las expresiones importadas más burdas de la existencia humana (y que sin embargo es tan necesaria): wow.
¿Qué me llevó a tener tan poca labia tras leer un libro tan bueno que le coloqué cinco estrellas de inmediato? Bueno, este es un libro distinto. Déjenme reescribir eso. Este es un libro raro. ¿Porque digo raro y no distinto? Porque raro tiene la implicancia que distinto carece de ser algo positivo, difícil de encontrar, especial.
Y este libro es especial sin dudas. Tiene la frescura de las letras modernas. La prosa de una joven que se convertirá en una gran escritora. Una historia difícil de encajonar. Y una protagonista humana...
Oh, sí, lo que más me sorprendió de Las lunas de marzo fue su humanidad.
Muchos abren los libros, especialmente los libros juveniles y muy especialmente los pensados como fantásticos, con la esperanza de tener una historia específica. Una trama que siga cierto orden, un protagonista que tenga cierto ímpetu, un misterio que se resuelva eventualmente (si no de forma fácil, al menos en algún momento, en alguna secuela).
Las lunas de marzo no tiene eso. Es fresco, es raro, es bueno. Posee una historia que se adentra lentamente en el lector, plantea una realidad y te hace vivirla. No se trata de una acción perpetua y veloz, sino más bien de una composición. La autora nos compone un universo, un momento histórico, una pérdida dolorosa, un estado de ánimo. La protagonista es humana, no es una heroína, es una humana, una persona como tú y como yo.
Muchas personas se quejan a veces de la falta de movimiento de algunos protagonistas (a decir verdad esa misma gente suele quejarse del exceso de movimiento también, pero igual intentaré razonarlo para ellos), pero seamos honestos con nosotros mismos... hay menos probabilidades de que seamos los que corramos a la batalla para luchar contra nuestro enemigo a que seamos los que nos escondemos en nuestra casa o huimos al bosque en busca de refugio y protección.
Mina es de esas personas, de las normales, que tras la muerte de su madre sufre una depresión importante, entendible por el horror de la pérdida y por lo que eso significa para su familia, especialmente para ella, siendo la hija mayor. Pertenece a una familia burguesa en una sociedad antigua, con reglas sociales que pueden parecernos injustas y hasta absurdas, pero que están bien planteadas en la obra y siguen correctamente la época a la que se ajustan.
Mina no es Harry, no va en busca de Voldemort, no quiere enfrentarse a la realidad. Es humana, es joven y tiene un misterio oscuro entre manos que no puede revelarle a nadie, que no comprende enteramente y que poco a poco se está cobrando las vidas que la rodean. Tiene a un extraño en su casa a quien odia, de quien sabe que es un peligro, que está pegado a su hermana y que no deja de intentar seducirla y, para peor, causa una atracción en ella que bien comprende que es incorrecta, pero que no entiende por qué siente ni cómo evitarla. Mina es humana, está dolida, está confundida, está en problemas, tiene una gran responsabilidad para con su familia, sus amigos y la sociedad y, además, sabe que hay algo sobrenatural e incomprensible que puede cobrarse la vida de su padre y su hermana (lo único que le queda en el mundo). La gente se aparta de ella, ella misma no se comprende y el extraño que vive bajo su mismo techo no hace las cosas más fáciles.
La mayor parte del libro es esa composición. La de una humana común y corriente que, ante circunstancias extraordinarias y sufriendo una terrible depresión, intenta luchar contra sus instintos de conservación más fuertes para intentar salvar a su familia de un algo que no conoce y que desafía sus conocimientos sobre la vida.
Para cuando la comprensión llega, el tiempo ya casi se ha acabado. La mente de Mina palpita a la velocidad de un dragón encabritado, tiene demasiados obstáculos en forma de personas a quienes ama y un objetivo que no está segura cómo cumplir.
Pero Mina, la humana; Mina, la que no desea enfrentar la realidad; Mina, la que no tenía fuerzas; esa Mina, se convierte al fin en una heroína. Hace lo que muy pocos se habrían arriesgado a hacer, por la más noble de las causas y pierde mucho al hacerlo.
Mina, la humana, la que hace a Las lunas de marzo una obra tan rara, tan fresca, tan irregular en el mundo de la fantasía juvenil, al final de los finales es tan héroe como cualquier otro. Su historia simplemente no está contada de la misma forma que otras... ¡y menos mal!
En la variedad está el gusto, dicen, y tienen razón. Este libro es para mí una obra de arte moderna con el gusto de los clásicos, lleva la paz y el paso de las letras antiguas, pero la frescura y la viveza de las letras modernas. Es distinta, es rara y vale la pena leerla.
Pero eso sí... hay que saber hacerlo. No se puede entender a Mina tan rápido y se requiere de una empatía especial para comprender su dolor. No todos son capaces de verlo, por suerte para mí, yo sí pude.
Agradezco a Sofía por esta obra y por su forma de ser, y a Escarlata Ediciones por traer al mundo una obra tan distinta, que otras editoriales podrían no haberse animado a publicar.
Ahora sí, creo que le he hecho justicia a la obra y a su autora. Espero que haya alguien que me lea y se anime a leerla también. Esta vez con los ojos más abiertos y la mente colocada en donde debe ser al leer un libro... en el corazón.