Desde el año 2013 se ha abierto en nuestro país un nuevo ciclo inmobiliario. La Gran Recesión iniciada en 2008 llevó al desahucio de cientos de miles de personas, que fueron posteriormente empujadas a un mercado de alquiler con precios cada vez más inflados. Nos hemos convertido así en testigos de la emergencia de una nueva figura social de la crisis, la de los inquilinos precarios, y asociado a esta, de un nuevo problema: la generalización de los desahucios, ahora por impago del alquiler. Más allá del debate público acerca de la nueva ley de arrendamientos urbanos y de la aparición de nuevos actores como los fondos buitre o las SOCIMI, este libro pretende dibujar una completa cartografía del sistema de la propiedad inmobiliaria en España. En este mapa aparecen los fondos de inversión, la banca, las SOCIMI o la SAREB (el llamado banco malo). También se analiza la persistencia de los desahucios, la eterna carencia de vivienda pública y las nuevas estrategias inmobiliarias de las patronales del sector. Sin embargo, el análisis quedaría del todo incompleto caso de no ubicar en su centro a un actor pocas veces señalado: las extensas clases propietarias que dominan la sociedad española. Para Pablo Carmona, la democracia de propietarios no es así una simple oligarquía. No está únicamente compuesta por los actores financieros, los grandes propietarios y la vieja burguesía rentista. La democracia de propietarios está ante todo formada por amplias capas de población que tienen en sus activos inmobiliarios un medio fundamental de ahorro, inversión y obtención de rentas. Las preguntas que se plantean son de este modo: ¿qué influencia política tiene esta nueva clase rentista? ¿Qué papel deben jugar las políticas públicas de vivienda? Y, sobre todo, ¿cuál debe ser la posición de los movimientos de lucha por una vivienda digna en este complejo paisaje económico y político?
Pablo Carmona Pascual (1974) es miembro del proyecto político Traficantes de Sueños. Ha participado en diversas iniciativas de investigación militante como el Observatorio Metropolitano de Madrid. Y está activo en otros colectivos como el Centro Social La Villana de Vallekas y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. También fue concejal del Ayuntamiento en Madrid entre 2015 y 2019. Doctor en Historia, es autor de Transiciones. De la asamblea obrera a la era del pacto social (FAL, 2005); y coautor de Familia, raza y nación en tiempos de postfascismo (Traficantes de Sueños, 2020), Spanish Neocon. La revuelta neoconservadora en la derecha española (Traficantes de Sueños, 2012), Madrid ¿La suma de todos? Globalización, territorio y desigualdad (Traficantes de Sueños, 2007) y La Ciudad Oculta. El nacimiento de la ciudad burguesa (FCR, 2007).
La hipótesis de la democracia de propietarios, surgida no con ese nombre pero sí desde la tradición tatcheriana e implantada en España con el tardofranquismo, sostiene el reemplazo de la clase proletaria por la clase propietaria como un mecanismo de integración y pacificación de la primera dentro del Estado. Sociológicamente, entre otras muchas consecuencias, aparece lo que se puede conocer como el efecto clase media. Partiendo de este corolario, La democracia de propietarios hace de folioscopio de la génesis, desarrollo y actualidad de la problema de la vivienda en España. En el panorama actual sólo el 14,9% de los jóvenes están emancipados y la alternativa es gastar el 80% de nuestro salario en el alquiler. Cabe preguntarnos por qué esto es así. Bien: este libro nos proporciona un mapa para responder a esta cuestión y señala que no es un problema estrictamente generacional, que las raíces o causas del problema son estructurales, y que si no se toman cartas en el asunto los que perderán serán los de siempre (y somos muchos).
En el conflicto de la vivienda se encuentran distintos actores. Tres agentes principales: la clase propietaria, la clase desposeída y un Estado, en el mejor de los casos, pasivo -cuando no, promotor del- ante el problema. La clase propietaria no es homogénea: contamos con fondos de inversión, grandes tenedores, además de sus filiales; pero también con un importante sector de propietarios particulares que son los que asumen la mayoría del mercado del alquiler. Esto es especialmente interesante cuando se une con la sociología del efecto clase media y a sus figuras asociadas, como recoge Emmanuel Rodríguez en un libro recomendadísimo ( El efecto clase media ) y que creo que no se puede entender éste sin él. Desde hace unas décadas, el CIS recoge (porcentaje arriba, porcentaje abajo) que el 80% de la población se autoidentifica como clase media (clase media-baja, media-media, media-alta). Esta sociedad se caracterizaría por la presencia de unas figuras específicas: el titulado como parte del desarrollo de la sociedad escolar; el garantizado y el sesgo de clase del Estado de bienestar; el padre o madre de familia... Y, en concreto, la figura del propietario como elemento de la formación del capitalismo popular en España. Este estrato social -el propietario-, como señala Carmona, "mantiene, reproduce o multiplica sus ingresos gracias al alquiler de sus inmuebles" y convierte la propiedad en el mecanismo de reproducción social de su "clase": su integración en el denominado Estado del bienestar.
La clase media (el efecto, la aspiración-a) se ha convertido en mi tema favorito de este año no sólo porque lo "ocupe" todo, sino por lo que lo recubre. Es curioso el discurso legitimador que trabajan, que lo rodea: que sus avances materiales se han realizado por su propio esfuerzo y el de sus padres, en todas las veces obviando los automatismos de la reproducción social. También llama la atención otra realidad, y es que es el target de cualquier partido político en nuestra democracia burguesa: la ciudadanía "media", la "normalizada", a la que van destinadas todas las políticas públicas del país (y su comunicación). De aquí se extrae la última consecuencia y es el carácter pasivo del que hablábamos del Estado ante el problema de la vivienda. Si las principales fuentes de mantenimiento del status social se ponen en peligro (y una de ellas consiste en la propiedad privada inmobiliaria), mayorías sociales se acogen a valores más conservadores y reaccionarios y se conforma un importante grupo de presión (nada organizado en los propietarios particulares, totalmente en los fondos de inversión) que influye en las decisiones políticas que se toman. Ya ni siquiera por lo que hagan ellos directamente, sino por las campañas mediáticas que ponen en marcha (es fácil que preguntemos a nuestros padres qué opinan de la okupación y digan que ahora les da miedo bajar por el pan porque se lo ha dicho Securitas Direct).
"Sorteado el pecado original de la vieja aristocracia —herederos de linajes centenarios— y de la burguesía —beneficiaria de la explotación humana—, la ética de las clases medias y la acumulación de sus propiedades se explica a sí misma a través de un espíritu emprendedor éticamente intachable. Las posiciones patrimoniales de las clases medias ostentarían así cierto valor ético, que a través de la herencia, la inversión o el endeudamiento se presentan como mecanismos legítimos de acceso patrimonial, siempre sostenido sobre su propio esfuerzo y sus merecidos ingresos salariales."
Nos encontramos con precios abusivos en la vivienda: bien de compra (a ver de dónde se saca el dinero para la entrada), bien de alquiler (decíamos el 80% de un sueldo joven medio), bien de la pérdida de poder hacer una de las dos cosas anteriores (desahucios, endeudamiento). La "solución" impuesta consiste en la construcción de vivienda barata del alquiler, el built-to-rent. Esto tiene mucho sentido con la hegemonía del efecto clase media: si todos son clase media, una pequeñísima minoría de personas serán las que no puedan acceder al mercado de la vivienda y ese problema se puede 'subsanar' con ayudas públicas dirigidas al pago del alquiler. No es sólo que se trate de legitimar el trasvase de fondos públicos a manos privadas, es que aplicado en otros contextos nos parecería una locura: no se nos ocurriría mandar a los niños a colegios de segunda ni les daríamos dinero para que se lo pudieran pagar, tampoco haríamos lo mismo con la sanidad. En materia de vivienda, estas políticas sientan precedentes muy peligrosos para el resto de los servicios públicos. No se trata de caridad, se trata de blindar con garantías servicios que son necesarios para el desarrollo de la sociedad. Pablo Carmona expone esta cuestión a la perfección.
Nunca se trató de un problema de escasez de oferta. No es que no haya viviendas, es que están en otras manos y nunca se ha hecho un esfuerzo en crear un parque público de vivienda. En el libro también se profundiza en esta cuestión, así como en el impacto de las políticas públicas planteadas como los Planes Vive: ineficaces en la satisfacción de las necesidades de la sociedad, se trata de construir viviendas en alquiler con plazos de protección muy cortos (10-15 años) que en medio plazo engrosarían el mercado especulativo. Ganan los de siempre. El diagnóstico final es que el problema del acceso a la vivienda permanecerá porque no se establecen políticas públicas que atajen el problema estructural de la vivienda mientras que aumentarán los beneficios de los actores privados producto de la colaboración público-privada.
Muchos son los retos y propuestas que se extraen de este libro. En primer lugar, la modificación (y por qué no, ruptura) de las reglas del juego de la propiedad privada. Después, las políticas de alquiler público de renta cero; la creación de un parque público de vivienda antes que políticas públicas. Y antes que todo ello, la articulación de un movimiento de vivienda que no suponga tener un papel de mero demandante ante el Estado, de víctimas, sino de establecer y construir un poder político propio, autónomo y de autoorganización en contra de leyes de pobres o leyes caritativas, que son las que vemos en el mejor de los casos en la actualidad.
"A modo de conclusión, la vieja sociedad de propietarios, diseñada por el franquismo como mecanismo de integración y pacificación, ha dado paso a un nuevo paradigma marcado por las crisis hipotecarias y el impago de alquileres. La construcción de una sociedad que se integra en muchos de sus estratos gracias a la propiedad de vivienda, el mantenimiento de sus valores y que participa a pleno rendimiento del mercado inmobiliario, abren nuevos horizontes de crisis. La democracia de propietarios ya no se ciñe en exclusiva a la imagen de un Estado que usa la propiedad inmobiliaria como mecanismo de integración. Más allá, las clases propietarias se han convertido en un actor que defiende sus propias posiciones frente a los impagos y la precariedad; frente a quienes están hipotecados y en la cuerda floja o simplemente tienen que vivir de alquiler dedicando al mismo más del 50 % de sus ingresos mensuales. Sin duda, bancos y fondos de inversión van a jugar un papel relevante dentro de esta crisis, pero el cuadro no quedaría completo si no entendemos la posición conservadora y de parte que juegan —y van a jugar— las clases medias en las nuevas crisis inmobiliarias. Nos atrevemos a decir que, a poco que la propiedad inmobiliaria se ponga en cuestión con programas y luchas por la redistribución de la riqueza, buena parte de las futuras olas conservadoras tendrán en la defensa de la propiedad uno de sus frentes más intensos".
Me gustó mucho. Muy buena introducción al contexto del problema de la vivienda en España. A veces se pudo hacer un poco difícil de digerir por el extenso trabajo de documentación de cifras y datos, pero eso quizás lo hace todavía más importante.
"A la contra de esta hipótesis, los datos demuestran que la mayoría del mercado del alquiler residencial ha permanecido en manos de propietarios particulares. Por esta razón, las clases medias propietarias — a pesar de no actuar de manera coordinada — ostentan un estatus intocable en la economía política de nuestra democracia. Un estatus además invisible por naturalizado, que tiende a pesare desapercibido a los ojos de la mayoría de análisis sobre el ámbito inmobiliario"
Librito que ha dado para comentar bastante con Ignacio cosas sobre el sindi y sobre vivienda en general. Bastante recomendable para entender el papel del rentista medio, de los fondos de inversion y del Estado como defensor y protector de sus intereses.
Diría que es un texto indispensable para cualquier persona que quiera entender mejor qué ha pasado y está pasando con el conflicto de la vivienda en España. Pablo hace un recorrido muy detallado y siempre referenciado de este problema, dejando una obra sobre la que volver para repensar cuando lo necesite.
No he parado de subrayar. Lleno de datos (quizás de demasiados). Me ha dado a conocer la realidad del rentismo popular (en manos de la clase media y no de los fondos) y el derecho a especular que parece que es un pilar fundamental de nuestra democracia y sociedad.