Leche condensada es una partida de Pokémon en la game boy. Aída tiene doce años y vive en el sur de Tenerife con su madre. Aída debe crecer. O contenerse para no crecer. O mantener con ella a Moco, su primo idéntico, su otro yo. O protegerse de él. O proteger, en cambio, a Yaiza, su mejor amiga. O engañarla usando un messenger falso. O beber hasta que las cosas dejen de ser lo que son. O hablar y hablar sobre las cosas y sobre cómo son. O callar.
Leche condensada trata sobre el fin de la infancia, sobre relaciones simbióticas y sobre querer ser expansiva y encontrarse con la contención del abuso. También sobre internet como refugio, sobre todo cuando vives en un pueblo y eres queer. Aida González Rossi nos arrastra por su primera novela con una prosa poética salvaje, sucia, rebozada en la oralidad y en la narrativa del videojuego, absolutamente única.
No puedo añadir mucha prosapoética a la reseña porque el libro se la jaló toda. Iba a escribir que todavía no sé si es maravilloso, terrorífico o ambas pero sí lo sé. Aída descubre que llorar es cosa enrevesada. Este libro también. Caótico y desconcertante en sus inicios, terrorífico en su desarrollo —lo que acontece para Aidita, lo que sucede con Aidita, lo que le hacen a Aidita, lo que Aidita crece y descubre forzosamente— tierno y esperanzador en su final.
Una de las editoriales a que siempre estoy atenta es Caballo de Troya, su premisa de búsqueda de nuevos talentos y nuevas voces, me atrae muchísimo. ‘Leche condensada’ es la primera novela de la canaria Aida González Rossi, que me da a mí que va a dar mucho que hablar.
Ambientada en Tenerife en algún punto de los 2000’s, nos presenta a Aida, de doce años, en un momento vital complicado. Sus padres acaban de separarse y ella se muda con su madre lejos de la que ha sido siempre su hogar. Además, la conexión con su primo con el que prácticamente se ha criado, se ha convertido en una relación de abusos. Pero ella no lo sabe. Y no sabéis como duele leerlo, ponerse en los ojos, en la cabeza, en el cuerpo de esa ya no niña.
Porque con doce años, una niña ya no eres. Tampoco del todo una adolescente… ese punto intermedio tan extraño se vuelve aún más convulso por lo que le toca vivir a Aida. Una novela de crecimiento a empujones, llena de dolor y de escenas en las que quieres cerrar los ojos, coger de la mano a Aida y sacarla de allí.
La historia tiene no obstante puntos brillantes como el reflejo de la amistad, no siempre perfecta pero siempre importante. Donde la protagonista la lía, ¿y quién no alguna vez? Y no sabe cómo arreglarlo.
El estilo de la autora es muy particular, no sabría como definirlo. Tiene mucho de oral, pero también de messenger y también mucho de lírico. Es soez y sórdido en extremo a ratos y a otros, preciosista. Es un poco una locura, y eso a mí, me encanta. Reconozco que me costó entrar un poco en la novela precisamente por cómo estaba escrita, pero me gusta tanto la experiencia de leer cosas distintas, que no lo cambio por nada.
Si también eres millenial, cuenta con que esta lectura desbloqueará muchos recuerdos. De alguna forma, remueve. Tuve que recordarme varias veces que Aida tiene doce años, en mi cabeza no podía evitar verla con 15 o 16… y cada vez que me daba cuenta que no, era una bofetada.
‘Leche condensada’ es costumbrismo, dolor, experiencias, corazones rotos, gritos, hormonas en ebullición, abusos, risas. Es también familia y amor. Una novela donde se habla de gordofobia y tiene representación queer.
Tengo que decir que me cuesta decir si me ha gustado o no, tiene muchos detalles que me han fascinado y el final, me emocionó muchísimo. Sin embargo, en el proceso de la lectura tuve altibajos pero, independientemente de todo, me alegro mucho de haberla leído. Y deja a Aida González Rossi en mi radar. Si os animáis a leerla, me encantará que me comentéis vuestras impresiones.
Esta novela duele. Duele en el ser niña, duele en el ser millennial, duele en el crecer con internet y duele en el intentar comprender qué pasa cuando no te sientes vista. La autora logra, con una prosa particular (?) y un ritmo caótico, contar cómo son esos años pre adolescentes en los que se empieza a ver (que no descubrir) el lugar de enunciación propio.
Leer este libro es como sacarte un punto negro: a veces resulta sencillo y satisfactorio pero otras la piel no está de tu parte y el proceso acaba siendo engorroso y guarro y duele y sangra y y y pero aun así sigues haciéndolo porque tienes la inevitable edad de los puntos negros, o la tuviste hace tiempo y ahora toca recordarla.
No lo he disfrutado. Y es raro porque siento que me gusta su aproximación al lenguaje, y la manera en la que trata el abuso, y su reflejo del despertar de la adolescencia y de la sexualidad, y su comprensión de la amistad nueva. Y sin embargo… se me ha hecho bola. Me he tenido que obligar a acabar las ultimas treinta páginas. No me gusta esa sensación. Qué rabia.
Una horterada. La prosa es tosca y la presencia de la suciedad es tan insistente como insulsa. Novela hueca, si nada interesante que decir y sin una prosa poética que compense la lectura. Lo unico por lo que parece tener valor es por representar una infancia de millennial tardío y que la gente lo lea y diga: "jaja, yo literal. Yo también jugaba al pokemon con diez años".
al principio no entendía nada y no porque no entendiese el dialecto canario si no porque no acababa de entender la voz de la narradora de la historia. pero, en el momento en el que te das cuenta q estas viviendo la historia desde la cabeza de Aida, q esas frases inacabadas y esos saltos son razonamientos que hace el personaje dentro de su cabeza todo empieza a tener sentido. Me parece dificilísimo escribir como lo hace Aida y creo que eso es lo que más me ha atrapado. Me han gustado mucho lo nombres de los capítulos, y eso que no he visto Pokemon en mi vida. Pero sobretodo me quedo con que pese a que el libro cuenta cosas muy crudas te hace feliz ver como esa niña se va convirtiendo en adolescente mientras descubre que sus vías de escape son el juego, escribir y sus amigas ❤️🩹
3-3’5??? muy difícil ponerle valoración numérica a este libro que me ha hecho sentir tanto y con el que tengo tantas opiniones contradictorias
el estilo narrativo es confuso, abusa de guarrerías tanto conceptuales como gramaticales, y a veces es súper frustrante, pero creo que funciona bien con lo que quiere contar.
la temática me ha tenido el corazón agarrado, no esperaba que fuese tan traumático y no sé si lo recomendaría por eso. al final sufres mucho y aunque tiene partes más bonitas (me quedo sobre todo con los videojuegos como escape y las dinámicas de amistad que relata, incluyendo el crush en una amiga sin entender bien qué está pasando), ojalá poder quedarme solo con eso ❤️🩹
he acabado y me he visto desbordada de una nostalgia intensísima ... tuve una infancia/adolescencia en el mismo pueblo de Tenerife sur que la narradora y esto ha sido un enfrentarme de vuelta a mi cuerpo de niña y a cada una de sus tristezas incomprensibles
Lo siento pero no me ha gustado nada, ha sido horrible de leer. Ya no sólo es que todo lo que pasa en el libro es malo si no que, la forma en la que está escrito (faltaban muchísimos signos de puntuación) hacía que no me enterase ni de la mitad en cada página.
Además siento que había frases que estaban mal escritas, el orden de las palabras muchas veces era rarísimo. Conclusión, no es para mí y se me ha hecho eterno 🤡
Desde el principio no conecté con la forma de escritura de esta escritora y me planteé dejarla de leer muchas veces, hasta que llegué a la mitad y me dije; solo te queda la otra mitad, terminatelo. Me arrepiento de no haberlo dejado de leer (aunque me quedaron las últimas páginas). No es un libro para mi, aunque puede que para otras personas si.
veo la intención y me han gustado algunos guiños al imaginario de la infancia que tenemos las nacidas en torno al año de la autora, pero no ha sido mi libro :(
los símbolos de toda una generación, las bratz, el animal crossing, rebelde, los alpino, lizzie mcguire, los pokemon, el verdad/ atrevimiento y los danonino encierran una historia de ternura, amistad, dolor y profunda esperanza
escrito en una prosa bastante concreta que no se si ha hecho que me gustase mas o quizá menos
“El llanto es una cosa enrevesada, fría, empegostona, blanda, jedionda y putrefacta, pero ayuda a dormir.”
Es un libro tan tierno, sobre ser un niño y tomar malas decisiones, sobre que sean un mundo aunque sean una tontería muy grande, sobre jugar a Pokémon y al Animal Crossing. Y sí, utilizo el masculino porque este libro es de Aida pero también me he visto yo en esa niña que la lía por un amor inocente o por una amistad. Y esas cosas que ni siquiera sabe bien.
Llevo un rato pensando qué decir (y luego otro rato reescribiendo esta reseña porque la aplicación decidió reiniciarse a medio escribirla) y creo que, al final, eso también es importante en un libro: que nos impida saber con claridad qué sensación nos deja.
Lo que sé es que la historia me enganchó, que conecté y me identifiqué con los personajes, y que es una historia dolorosa, incómoda a veces, que encuentra esperanza en la amistad (y en la sororidad inherente a la amistad entre chicas) y que es poco original. Pero poco original porque estas cosas suceden y nos suceden.
También sé que las constantes referencias al imaginario colectivo millennial es lo que me ha enganchado, porque los millennials somos una generación traumatizada y nostálgica y nos encanta (y lo necesitamos) ser parte de algo que es solo nuestro. Si no fuera por eso, esta novela no me habría generado dudas, probablemente la habría apreciado, pero seguro que no me habría gustado, porque no he terminado de encajar con el estilo de la autora.
A veces la oralidad era confusa, me atrevo a decir que sin sentido, me sacaba de la historia y me habría gustado que se profundizase más en los personajes y menos en darle formas alternativas al texto. Creo que se abusa del salirse de las normas y se acaba perdiendo esencia, a mí me gusta que se juegue con la escritura, pero sin dejar de lado lo que se está contando.
«El llanto es una cosa enrevesada, piensa. Muestra a cada uno tal y como es, arrancándole las decoraciones».
«Leche condensada» es la pérdida de la infancia y de la inocencia. Es el paso a una adolescencia que no siempre resulta amable ni sana. Es darse cuenta de que la vida rara vez es como queremos.
Aida González Rossi, a quien descubro con este libro gracias a su editora, Sabina Urraca, ofrece un relato muy crudo. El libro es incómodo, desolador, triste. Está lleno de escenas que inquietan, que hacen sentir mal aunque se maquillen con el deje canario y desenfadado de la protagonista. Aunque existan Pokémon, el Kingdom Hearts, el Messenger, Chatroulette, «Lizzie McGuire» o «Barbie: la princesa y la costurera».
Sin embargo, este mismo escenario catastrófico es lo que hace que el libro sea tan bueno. Porque relata con una sinceridad y claridad apabullantes. Porque no le importa ser desagradable si la trama lo requiere. Porque muestra la realidad de decenas, cientos, miles de niñas y niños, adultas y adultos. Una realidad a la que cuesta mirar de frente sin apartar la vista.
«Mirando en el baúl de los recuerdos, cualquier tiempo pasado nos parece mejor». No siempre es así.
Este libro va sobre dejar la niñez y necesitar recuperar una inocencia que quizá nunca fue tan pura, va de usar los videojuegos e internet como una herramienta de control mientras todo se desmorona, habla de los atracones para castigar un cuerpo que no deseas. Habla de mucho dolor y de la necesidad de poder compartirlo. Hay mucha poesía y tristeza en este libro, y ataques de Pokemons
Por una parte, Leche condensada me recuerda inevitablemente a Panza de burro, no solo porque se sitúe en Canarias, sino por su narrativa peculiar y vocabulario coloquial. Más allá de eso, lo que me atrapa de esta corta novela es cómo condensa los códigos de comunicación de la generación millenial, conectando especialmente conmigo como lector que escuchaba Paramore, descubría su sexualidad compartiendo la Loka con amigos, viviendo la fiebre Crepúsculo, saliendo de clase para hablar con la misma gente por el Messenger, crearse un Fotolog, ver anime y aprender vocablos como kawaii, o ser testigo de la estética emo, lo que son solo algunos ejemplos de los códigos comunes de los jóvenes (especialmente, los frikis) de los 2000s. Son abundantes también las menciones a videojuegos como Kingdom Hearts, Pokémon, o Spyro que marcaron una época. Para mi es desternillante y me da calorcito en el corazón a partes iguales leer pasajes que mezclan la jugabilidad del Animal crossing con las vivencias y sentimientos de la protagonista, apelando a mi niño interior pero empatizando con una sensibilidad muy adulta. En esto, Aida González Rossi crea magia.
Leche condensada también es una historia de auto-descubrimiento, de violencia, de crecimiento, y de empoderamiento. Es una historia de sentimientos, de subjetividades de una adolescente que se enfrenta, como todes, a situaciones para las que no estaba preparada.
Ya se sabía que Aida es la mejor escritora del mundo. Pero ella por si acaso se mandó este librazo. Por si había alguna duda.
Pura poesía que empaqueta una historia bastante dura, if you ask me, de una forma súper inocente y con la que todas nos sentiremos reflejadas porque crecer en los 2000 y hacer amigas fue algo súper fuerte que nos pasó, y Aida lo sabe.
tenía las expectativas muy altas y eso ha hecho que me decepcione un poco…my fault. me quedo con que la vida es ahora y me pregunto por qué las cosas no pueden durar lo que dura quererlas.
madre mía... estoy sin palabras qué preciosidad de libro a pesar de su dureza. gracias aida por haber escrito esto y gracias Aída por existir literariamente. me ha roto el corazón y también me lo ha abrazado muy delicadamente. creo que ha conseguido hablar de la violencia sexual sin morbo ni espectacularización sino con mucho mimo hacia la protagonista, con mucha dignidad incluso en todo el autodesprecio que aparece y con una mirada muy bonita hacia la complejidad de la preadolescente. la vemos en sus alegrías, sus miedos, sus inseguridades, su entorno, sus obsesiones frikis, sus poses, su devoción por las amigas... Aída es real y es muy familiar para mí. además siempre me gustan los libros que comparten referencias infantiles o de adolescencia conmigo. en este caso están súper bien traídas. maravilloso también tener un personaje friki de provincia desde el que revisitarse.
Le doy 4 estrellitas porque hay que apoyar a las autoras de mi tierra 💜
La historia es muy dura, y el desarrollo de la adolescencia de la protagonista duele. Se deja entrever en una narrativa complicada, llena de referencias contemporáneas que le dan un toque leve de humor a una obra llena de tristeza y rabia.
Pero a veces tiene una sintaxis demasiado enrevesada, para mí gusto. Aplica excesivo canarismo, demasiado desorden e impulsividad. Siento que es un estilo literario que se repite bastante entre algunos autores canarios que he leído, y a veces parece un ritmo algo forzado.
Igualmente, me ha gustado, y creo que es una obra que puede sorprender a quien quiera experimentar por primera vez esta corriente literaria canaria tan característica.
Lectura complicada, compleja pero a la vez familiar y cercana... Me revuelve y me reconforta a partes iguales. Una lectura especial que he tenido que espaciar porque era demasiado a veces... Especial, sin duda