Mitos como los de los legendarios Tuan McCarrell, Cuchulainn, Finn McCumhall y, algunos siglos más tarde, la saga del Rey Arturo y sus Caballeros de la Tabla redonda, nos hablan de los celtas como un pueblo en que los mitos y la magia se entremezclaban inexorablemente con su pasión primordial: la guerra. Inmersos en un entorno evidentemente shamanico, en que los dioses luchaban a la par de los hombres, los pueblos celtas convivían, guiados por los druidas, con duendes, hadas, elfos, leprechauns y animales míticos que formaban parte de su vida cotidiana. Festividades mágicas, como la de Lughnassadh y samhain (que luego diera origen al Halloween sajón), ponían en contacto a los hombres con los espíritus de sus ancestros y les permitían alternar con sus héroes y sus dioses. Es de desear que este intento de poner a nuestros lectores en contacto con las tradiciones de un pueblo quimérico, como lo es el celta, los induzca a profundizar un poco más en el mundo del mito y de la magia, donde, sin duda, encontraran la respuesta a muchos interrogantes y, lo que es más importante, quizás despierte otros que aún no han sido siquiera planteados.
Nacido hacia fines de 1940, de ascendencia doblemente celta (irlandesa por la rama paterna y celtíbera por la rama materna), Roberto Rosaspini Reynolds inició sus experiencias literarias como traductor, tarea que le permitió finalmente dedicarse a la investigación de un tema que lo cautivó desde muy pequeño: el universo de lo irreal y lo fantástico.