No podía esperar menos del libro que marca la continuación de El corredor de fondo: la más apasionante y conmovedora historia de amor gay, que se ha escrito nunca, (según el New York Times).
Tras la conmoción por el trágico final de su primera parte, la autora retoma la historia, 20 años después, con La Carrera de Harlan: una en donde su protagonista sigue añorando y extrañando a su gran amor y en donde a través de esta travesía maravillosa, Billy sigue vivo, en los lectores quienes como yo, vivimos ese amor único e incomparable de El corredor de fondo, que llegó para quedarse y penetrar nuestros corazones como nunca antes.
La carrera de Harlan, representa un camino de sanación, aceptación y de la incesante lucha por honrar la memoria de Billy, tras el macabro hallazgo de aquella trágica carrera en donde la muerte de Billy se llevo consigo, una parte de nuestros corazones, que claman justicia por el deceso de un grande, quien será único e irremplazable en la vida de Harlan Brown.
En esta segunda parte de la trilogía, conocí las luchas, obstáculos y sed de justicia de un hombre enamorado, para quien la vida no es ni será jamás igual. Podía sentir la ausencia, la pena, la angustia y el vacío de Harlan, por el inolvidable recuerdo de Billy.
Sin embargo, la novela me regaló una gran lección, tras ver cómo a pesar de que Billy será irremplazable, otros amores pueden llegar a conquistar profundamente y cómo la puerta del amor, no se puede, ni debe cerrarse jamás, pase lo que pase y se sufra lo que se sufra, porque siempre habrá alguien más que llegue a apaciguar el dolor y a hacer de la carga del duelo, una más ligera y más fácil de sobre-llevar.
Me pareció hermoso y conmovedor la compenetración existente entre Vince y Chino, porque eran luz y esperanza después de tanta pena y lúgubre ausencia en la que Harlan se sumió.
Resulta inspiradora, la lucha incansable por la dignificación de los derechos gay y cómo esa lucha de los años 80 manifestada en el libro, sirve y servirá de ejemplo para las generaciones del hoy, que asumirán con fe, valentía y decisión, su gran verdad, aún a pesar del prejuicio, señalamientos y carencias, que harán que el verdadero amor, respeto y aceptación, brillen con luz propia, trascienden y perduren, no importando los obstáculos que se interpongan y que se tengan que superar, a lo largo del camino.
No pude evitar derramar algunas lágrimas, después de que a pesar de todos los riesgos y teorías en las que durante la carrera tributo a Billy, el asesino intentó, también llevar a Harlan a la muerte, esta logró el mejor homenaje póstumo a un gran amor, producto de un sentimiento puro y sincero que nació de dos atletas, que no pidieron enamorarse, pero que el destino y el universo confabularon, para que el amor fuese el gran vencedor, (aún a pesar del deceso de una de las partes).
Gracias, Patricia Nell Warren, lo hiciste otra vez y aunque El corredor de fondo, siempre será superior, esta segunda parte, me deja en un torbellino de grandes emociones, reflexiones, aprendizajes y a la espera de poder disfrutar de El hijo de Billy: obra con la que estoy seguro, la trilogía cierra con creces y con una merecedora ovación de pie; como la que te mereces, hasta el cielo, 🙏🙏🙏.