American illustrator and comic book artist best known for his comics featured in Heavy Metal magazine. He won the 2009 Spectrum Grand Master Award. In 2012 he was elected to the The Will Eisner Award Hall of Fame.
One of Richard Corben's first books. Perhaps the first thing he published with Heavy Metal? It was drawn in 1971. It's pretty rough but it's interesting to see Corben develop as an artist throughout the book. Near the end the art looks more like the style he would go on to perfect. It starts with a completely different style with a much thinner, scratchier pen line.
I pulled this off the shelf because I've been thinking of Richard Corben. I never met him in my years of publishing, while I was a fan from a young age. This is not his best stuff, but still very good, with a mix of humor and horror and Corben's terrific art.
Un Corben de gama media nos ofrece una historia con altas dosis de parodia en Rowlf, q entretiene y fascina en alguna viñeta de esplendor musculoca. Este volumen también contiene algunas historias de terror disfrutables, sobretodo la última, una muy weird al estilo Corben. Un bien.
Es puro Corben de la vieja escuela, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva cuando el guion es una mera anécdota. El dibujo es una bestialidad visual que no puede compensar una historia que, francamente, es lo que es y no da para mucho más.
La trama es la definición de manual de la fantasía pulp más básica, directa y troglodita. Nos sitúa en un mundo de corte posapocalíptico donde una princesa es secuestrada por una horda de demonios mutantes. Para rescatarla, su leal perro, llamado Rowlf, sufre una transformación mágica que lo convierte en un licántropo humanoide hipermusculado dispuesto a rebanar cabezas y desmembrar enemigos hasta traer a su ama de vuelta a casa. No hay más cera que la que arde, es una excusa para dibujar.
Hemos venido a ver a Richard Corben hacer lo que mejor sabe, y en ese aspecto el cómic cumple. El apartado gráfico es apabullante, lleno de esas anatomías exageradas, sombras densas y volúmenes carnosos tan característicos suyos. Sin embargo, adolece de su clásico hieratismo; a pesar de la violencia y la acción constante, los personajes a veces parecen estatuas de cera posando rígidamente en medio de la carnicería. Es una historia sin más pretensiones que sirve única y exclusivamente de lienzo para que el dibujante se luzca y se luce.
Para incondicionales del cómic underground de los setenta, a los devoradores de espada y brujería casposa y a cualquier devoto completista de Corben. No es para quienes exijan guiones con un mínimo de profundidad narrativa, ni a los que se desesperan viendo un cómic donde los protagonistas tienen la misma agilidad y soltura de movimientos que un clic de Playmobil hasta arriba de esteroides.