Cuando terminé de ver la serie de Sherlock BBC con Benedict Cumberbatch, tuve una época de obsesión masiva para con el querido detective, en la que me vi las pelis de Robert Downey Jr y me compré varias obras de Sir Arthur, entre ellas El Valle del Miedo, Los Sabuesos de Baskerville y esta colección de Aventuras y Memorias. Claro, a la Xime del pasado no le importaba que en realidad no le gustaba leer cuentos o antologías, ella solo quería ser fangirl. Así que unos seis años después agarré esta colección y dije: mah, sí, vamos a leer.
Y empecé muy contenta porque cada cuento era como un pequeño episodio divertido. Me gustaba intentar adelantarme al final y descubrir no al culpable, sino la manera en que lo hizo. Mi problema, sin embargo, llegó muy rápido: en la parte de Aventuras, los cuentos siguen una fórmula muy bien marcada, que tras cuatro o cinco relatos medio que ya te cansa. A pesar de ello, son muy disfrutables si se leen con el debido espacio de tiempo de por medio así una no se abruma.
Pero cuando pasé a las Memorias noté una diferencia. Sherlock deja de ser quien resuelve las cosas y pasa a simplemente contar "cosas que pasaron", como una serie de eventos. Más de un cuento no tiene misterio, no hay crimen. Más de un cuento no es Watson quien narra, sino que Sherlock mismo, gracias a la herramienta de historia marco/enmarcada. Algún que otro episodio es más memorable que otro porque recuerda a Aventuras y tiene un crimen a resolver, pero el resto deja bastante que desear si uno va buscando cuentos de misterio. El problema es ese: que la parte de Memorias no son misterios, son las memorias de Sherlock. Como un diario si se quiere.
Nada me preparó, de todas formas, para la decepción que sería El Problema Final. Moriarty siempre me generó una especie de fascinación, mucho más después de su performance en la serie de BBC; siempre mostrado como el némesis de Sherlock, la única persona que podía equipararlo en razonamiento y lógica. Una le tiene respeto a semejante personaje. Pero a poco de leer el último cuento me di cuenta de que es más lo que se ha formado alrededor de Moriarty, toda esa mitología fantástica que lo rodea, que el personaje escrito en sí. Moriarty no deslumbra. Es todo contar y nada de mostrar. El último cuento no tiene misterio para nada: es solo Sherlock contándole a Watson que estuvo meses tratando de encerrar a Moriarty y luego... viajan... a montañas... por razones... Y luego ocurre lo que sabemos: Sherlock muere tras dejarle una muy conmovedora carta a Watson. And that's that.
Sin duda para cuando Sir Arthur tacleó las memorias se notaba que ya no tenía ganas de escribir más. Sherlock está fuera de personaje, tiene momentos que no se condicen con lo que sabíamos de él y la falta de preparación y dedicación para los misterios es palmaria a leguas de distancia. El Problema Final es un parche que tendría que haber puesto fin a su personaje mucho antes, pero la eutanasia llegó medio tarde y en un desaprovechado intento por darle un cierre a tan icónica figura.
Lamentablemente sabemos que este cierre fue temporal; no sé cuáles son los motivos que llevaron a Sir Arthur a revivir a Sherlock más adelante, pero si sigue esta temática, no es algo que yo tenga ganas de explorar.
A pesar de ello, la pluma del autor es fantástica, llevadera y precisa: no ahonda en pomposidades, como una esperaría de obras de este talante, ni tampoco pierde la gracilidad y la elegancia. Lo único que me genera algo de, eh, escozor sería, es la obsesión que tenía este hombre con la palabra ejaculate. Yo sé que los británicos tienen sus mañas pero por favor, Sir Arthur, usá otra acotación para tus personajes. Todo el cuerpo anglosajón te lo va a agradecer.
Las cuatro estrellas son porque me devolvió el gusto por algo que tenía olvidado: este personaje. Me lo leí muy rápido y para mí fue todo un logro porque hacía más de un año que no lograba leer nada que tuviera más de 300 páginas. Le debo a Sherlock el devolverme la pasión por la lectura. Eso sí: necesito un recreo del detective. Por un largo rato.