«Dice así: «Cuando tenía veinte años y me volví loco, tenía piedras en los bolsillos». Bien podría ser un testimonio o una declaración de principios. Y algo de eso hay. Diario inconsciente es un punteo acerca de esa primera internación, en esa juventud blanca y remota. Es la historia de ese chico que todavía no escribía, o que podía a duras penas. Ese chico que recolectaba piedras en el bolsillo y, años después, estaba lleno de frases hermosas. Parece que Santiago Loza escribiera todo el tiempo. Que las frases le brotaran. Parece que la escritura fuera un estado permanente, una forma que alguien encontró de estar a salvo. «Se vive con temor a volver a ese estado, se descree de la propia cordura, nunca se deja de estar un poco loco». Con esa fuerza escapatoria está escrito este diario, con la convicción de que las herramientas infalibles están en decirse a sí mismo a través de la palabra escrita. Porque «Tarde o temprano la vida termina por imponerse», y se parece mucho a la lucidez de haber podido contarlo todo».
De un tirón con un tazón de café con leche y dos medialunas en un Le Blé de Chacarita a unas cuadras de donde fui a retirarlo. Me fui confundido y conmovido. Preocupado, entendido, esperanzado.
Pasa como un suspiro una experiencia de vida que habrá sido bastante más traumática de lo que se cuenta en este diario desordenado, más de ideas y reflexiones que del registro del paso de los días dentro de una clínica de salud mental.
Sin dudas, Santiago Loza escribe bárbaro. Ya lo vimos en sus películas y obras de teatro.
Celebro esta colección de Neutrinos montada sobre la omnipresente literatura del yo. Todo lo que leí hasta ahora es buenísimo.
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Introducirse en la memoria-reconstrucción íntima de alguien es siempre un privilegio. Compartir estas experiencias nos acerca más a la humanidad, nos obliga a cuestionar la normalidad. Y eso siempre lo celebro.
Al principio no estaba convencido, pero a medida que fui avanzando sentí que sus palabras cobraban una profundidad tremenda. Con tan poco transmitía muchas sensaciones. Este año también leí Nadadores lentos y hay algo que se repite en su escritura, hay algo traslúcido, honesto, que roza el patetismo y no finge nada.
“Se suele escribir para encontrar un sentido. No podía escribir porque no había sentido posible. Tampoco deseo. Miento, solo quería irme. Salir y tener una vida normal. Error, la normalidad no existe.”
me encantan los relatos que tratan la locura, este libro fue cortito pero intenso, fascinante. otro hermoso diario de una maravillosa y excepcional editorial con un sello particular.
Lo leí en una sentada. Una escena que lo hace inolvidable: cuando Loza ve la alegría de sus amigos en esos rostros iluminados por el retrocedimiento de la locura.
Me gustó bastante, che. Es un libro super corto que podes leer en una tarde o un par de horas. Al principio no le tenía fe y me preguntaba "¿Que mandaba 'Pez Banana'? 🤌🏼" Pero bueno, no volveré a dudar. Me gustó sumergirme en los días de la mente turbulenta del autor.
Las primeras 60 páginas tienen un tono meramente descriptivo, tipo noticia periodística. Eso me desconectó del relato, pero en la página 70 algo cambia y el autor se sumerge realmente en algo más profundo sobre lo que significa estar internado y perder la cordura
«Cuando las señales de una enfermedad están a la vista, pueden generar piedad o respeto; las señales de la mente producen incomodidad, temor de contagio, parálisis, nadie sabe cómo comportarse frente a lo invisible»
Amé Diario inconsciente, sus idas y vueltas temporales, sus dolores, su rearmarse desde la rotura. Su seguir adelante sin olvidarse lo que fue y sintió en algún momento.
“Se vive y se narra. Se vive para contar, poner un orden a los acontecimientos. La crisis viene a desordenar o a decretar que no hav orden posible y todo intento es vano.”
«describir lo que no se puede nombrar, o aproximarse como quien se asoma a un paisaje abismal»
Me fascina con la crudeza con la que Loza es capaz de relatar su relación con la enfermedad mental. Con tal sencillez que cada entrada de diario es una punzada.
"Durante años dejé de escribir. No tenía nada para decir, casi no hablaba. Escribir es un diálogo, un cause, un desahogo. La crisis había arrasado las palabras, quedaron secuelas, escombros", escribe Santiago Loza en una parte de su "Diario inconsciente", editado en 2022 por Bosque Energético. Reconstruye ahí su doble internación a los veinte años, luego de unos episodios psiquiátricos: lo hace a través de la escritura, creando una sucesión de pensamientos sobre la locura y pequeñas escenas de lo ocurrido —algunas crudas, otras más simpáticas—, en un orden aleatorio, como son los recuerdos o los sueños. En su conmovedor relato se vislumbra su voz poética, esa que caracteriza al dramaturgo y director, y emociona. "Tarde o temprano la vida termina por imponerse", reflexiona. Y en ese viaje a lo más profundo de su historia crea, a su manera, una ficción desgarradora.