Monseñor Tihamér Tóth, autor de Los Diez Mandamientos, como buen analista de la vida espiritual de los seres humanos se cuestiona si el Modernismo, con su gran desarrollo científico y tecnológico, y con todas esas oportunidades de cruzar fronteras mediante el conocimiento de otros idiomas, ha resuelto las necesidades básicas del ser humano, ya que continúa observando en los transeúntes: dolor, pobreza, sufrimiento, tristeza, insatisfacción personal, etc.
Y justo Tihamér Tóth, como alternativa para llevar una vida humana digna, propone que los cimientos deben sustentar la piedra fundamental de todo pueblo, que es la moral pura. Y de aquí se desprende la importancia del estudio que realiza el autor acerca del Decálogo, pues sostiene que éste dispone de la fuerza otorgada por la divina voluntad, tema que tiene vigencia constante en toda la historia humana.
Debemos cumplir cada Mandamiento, señala el autor, no sólo porque su infracción es un pecado contra Dios, sino también contra la naturaleza humana, contra una vida terrena feliz, contra la sociedad...
Recordemos que el Señor escribió el Decálogo originalmente en las tablas de piedra del Sinaí; "en cambio, miles de años antes, cuando creó al hombre, las grabó en lo vivo del corazón humano, en lo más hondo de su naturaleza y, por ello, aunque pasen miles de años, su vigencia desafiará inconmovible a todos los tiempos," argumenta Tóth.
Cumplir el Decálogo es trascendental para el hombre, no para Dios, y es por eso que se analiza extensamente por separado cada mandamiento, mostrando a la oración como la máxima a seguir por el hombre desde su cotidianidad, y todo con el único objetivo de equilibrar la vida terrena y ser feliz.