Un ensayo narrativo sobre la escritura de dos libros unidos por el azar y una reflexión sobre lo auténtico y lo original en la literatura contemporánea.
«Lo primero, tal vez, una pregunta: ¿será posible que mi primera novela sea el plagio de un cuento cuya existencia yo desconocía? La pregunta se agota nada más formularla, pero sigue quedando la desazón, una mezcla de instinto defensivo, supongo, y de estupor neoautorial. Sin embargo, me consuela y me intriga este impulso narrativo. Tengo la certeza de que quiere decir algo. No sé todavía qué. Solo me atrevo a afirmar que necesitaría un número indeterminado de páginas para hacerlo. Ya las veo apuntar un posible comienzo: su origen en otras páginas, mi primera novela, cuando esta todavía no sospechaba que en su envés, como una marca de agua, llevaría impreso este otro relato. Uno de plagios, desazón y fe vacilante en la escritura.» —Javier Jiménez Belmonte
Si los escritores tuvieran una segunda oportunidad para contar una historia que ya escribieron, ¿cómo lo harían? Si fueran en busca de originalidad, ¿a dónde tendrían que ir? ¿Existen tales posibilidades? ¿Puede un libro esconder a otro sin saberlo? Jiménez Belmonte comienza a escribir la historia de un plagio involuntario para darse cuenta de que está diciendo en este libro, quizá, lo que en realidad quería decir en aquel.
Un terror muy natural para cualquier persona dedicada a la escritura pero a grandes rasgos es quizá una de las entradas más débiles de la colección, se pierde entre su narración y la narración del libro que intenta escribir, se me difuminó todo por momentos
Una anécdota muy personal que carece del enganche necesario para ser un libro que aporte algo a la literatura o al campo editorial.
Quizás empleando una figura que el mismo Belmonte empleó para referirse al "Libro vacío" de Josefina Vicens, habría que decir que este libro tiene máscara (hipótesis con la que discrepo), que es deshonesto, y en esa deshonestidad es deliberadamente cursi e intenta suscitar asombro artificial por cosas baladíes y no solo el natural asombro sobre el hallazgo de haber escrito una novela muy parecida al texto de un autor brasileño, del que por cierto, no se aportan mayores señas, fecha de nacimiento, bibliografía, trayectoria, que resultarían cuando menos interesantes. No tuvo esa cortesía de ofrecer una indagatoria policiaca que todo lector busca en un caso como este. Todo lector es un detective. Ante este libro, un detective insatisfecho. En cambio tenemos páginas y páginas de reflexiones de pandemia, lo cual hace, además de envejecer al texto vertiginosamente, que sea uno más del montón.
Es engañoso el planteamiento del libro. La premisa es muy interesante, pero en realidad se trata de un libro trata de otras cosas, que son igualmente valiosas –la añoranza del regreso, el cariño por la madre, por la pareja– pero no adosadas a lo que se prometió a los lectores. El verdadero libro que los lectores vinieron a buscar comienza en la página 92 y termina en la 108. Brevísimo.
Algunos de los momentos más emocionantes son cuando cita a Octavio Paz o Alan Pauls.
“Un ensayo narrativo sobre la escritura de dos libros unidos por el azar y una reflexión sobre lo auténtico y lo original en la literatura contemporánea. “
Interesante ensayo que a la vez gira y sucede alrededor de la época de la pandemia. Da un giro diferente a lo que pensaba que sería, disfruté la reflexión principal y el resultado de la lectura.
El siguiente fragmento me llevó a esos años, fue un regresar y un suspiro al recuerdo.
“ …Por zoom, por FaceTime, por WhatsApp, en reuniones de a cuatro en la terraza de un amigo, en un parque, detrás de una mascarilla: un relato coral, el del estado de excepción que nos regalaba a nosotros, los privilegiados, la oportunidad de hacernos cocineros, mixologos, escritores, maestros, de yoga, filósofos, paisajistas, expertos, en rompecabezas, comentaristas, críticos de Estado, de cine, de salud pública, de moda…, de reconciliarnos con la naturaleza y el silencio, de poner en la misma ecuación pijama y toque de queda…”
oshhhh, no sé qué decir compré el libro en la fil de guadalajara porque la editorial es bellísima y uno de los socios (me parece) me vendió el libro con mucho entusiasmo pero me lo contó todo y si bien la anécdota del autor es muy buena, no sé si da para tanto el inicio y el final son excelentes el resto, divagaciones, interesantes algunas, otras menos, las podría llamar reflexiones pero no quiero de alguna manera yo buscaba más anécdota, menos rollo me gusta el final en el que dice que quizá el otro libro salió por este, algo así él es inteligente y es elocuente me gustó haberlo leído
'Esas tardes con mi madre me hacen pensar ahora en Proust, en cierto pasaje en el que explica que lo que alguna vez, de pequeños, creímos interrupciones a nuestras lecturas-la merienda, ese rayo de sol que se refleja en una página y nos deslumbra, una abeja que desvía nuestra tensión de la historia-funciona, paradójicamente, como una especie de archivos sensorial de los ratos de placer lector, como auténticos marcadores olvidados en la memoria y cuyo rescate tiene la capacidad de devolver a dichas lecturas su verdadera dimensión'.
Lo comencé entusiasmada, lo seguí con cierto interés y lo terminé un poco cansada. La anécdota está bien, la forma de narrar me gusta, pero se me hizo muy repetitivo, y eso que apenas tiene 90 páginas de tamaño pequeño.
Este debe ser el terror de cualquier escritor o artista. Hacer algo y encontrar que otro - en otra parte del mundo, completamente desconocido - ya hizo algo muy similar.