Realizó sus estudios en el liceo San Agustín y luego cursó estudios incompletos de derecho e inglés. Tempranamente comenzó a escribir como redactor y periodista de importantes diarios capitalinos, como "La Hora", "Vistazo" y "Extra", y se mantiene así durante largo tiempo; lo que le lleva a conocer la vida, adquirir un estilo auténtico y desarrollar su espíritu crítico.
Qué prosa increíble y potente, y desgarradora y emocionante, y monumental y totalitaria. Es un bello ejercicio literario y un desafío, un problema; también es un ahogo y un desgaste, un auxilio; es ilegible y enigmático en un texto transparente, legible y sencillo, una paradoja.
Descubre como aprender a leer, cuando no existe un punto seguido. El relato de un carpintero santiaguino sobre un andamio, alcohólico, católico y entusiasta de Pedro Aguirre Cerda. Para leerlo hay que estar concentrado, y así no perder el hilo del relato.
No es ninguna sorpresa para quien conozca la obra de Droguett su prosa encabritada y desbordante; su estilo vertiginoso basado en una corriente de consciencia llevada hasta el límite. Droguett debe ser el autor más original de Chile, un verdadero desafío de leer, y cuyos libros no parecen tener en cuenta el número total de páginas, pues pueden tener 300 o 100 y aun así durar lo que tengan que durar, lo que se mantenga el ejercicio de asumir su voz narrativa como propia.
Me pasan muchas cosas con sus textos: son desafiantes, pero una vez que se apoderan de la consciencia del lector es imposible soltarlos. Sus personajes se van volviendo cada vez más reales y ciertos, especialmente los pobres, los miserables y los obreros, como en esta novela que hace existir de nuevo el viejo barrio Franklin, con sus iglesias y sus prostíbulos, y sobre todo sus pobres.
Su literatura es altamente política, militante, pero tan cierta que bien podría haber sido escrita en el presente y no en 1967, en parte porque los problemas de esa época no han desaparecido, en parte porque Droguett logra retratar aspectos de la condición humana que son universales, como en este relato sobre un obrero alcohólico que alucina sobre su andamio, y que le promete a san Judas Tadeo dejar de tomar para poder encausar su vida.
La corriente de consciencia funciona perfecto para un relato de estas características, pero si algo puedo recomendar es leer estos textos en voz alta, pues adquieren un ritmo y una vida propia que de otra manera podría pasar desapercibida en párrafos que pueden extenderse por varias páginas. En definitiva, un retrato social intenso en la forma extrema de una obra maestra.